Hoy vamos a explorar un aspecto de nuestra vida cristiana que con frecuencia desatendemos. En realidad no es un sujeto nuevo, ya que vengo indirectamente hablándoles de esto por más o menos tres semanas. ¿Qué exploraremos hoy? Hoy vamos a explorar nuestra vida de oración, y lo haremos meditando en un personaje bíblico que seguramente muchos de ustedes, sino todos, nunca han escuchado mencionar.

Como he dicho en otras ocasiones, todo ser humano tiende a ser impaciente. Vivimos en un mundo instantáneo, y nosotros queremos que nuestras oraciones sean contestadas de la misma forma. Pero el problema que existe es que aunque Dios en ocasiones contesta nuestra oración de inmediato, esto no es siempre la norma. Pero a pesar de que quizás Dios no nos conteste inmediatamente, esto no quiere decir, y nunca debe sugerir, que dejemos de orar. La oración de un siervo fiel siempre será escuchada y atendida por Dios. Pero como les dije, nuestra vida de oración es algo que con frecuencia es desatendido por la mayoría de los creyentes. Así que en el día de hoy vamos a examinar esa porción de nuestra vida que quizás hemos desatendido por completo, o que no le estamos prestando la atención merecida. Examinemos ahora un acontecimiento histórico que nos revelara las bendiciones que Dios desata cuando nos dirigimos a Él en una oración de todo corazón. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

1 Crónicas 4:9-10- Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. 10E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: !!Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Ahora bien, el nombre Jabes aparece solamente cuatro[1] veces en toda la Biblia. Así que, ¿quién fue Jabes? Los escritores judíos afirman que Jabes fue un eminente doctor en la ley, cuya fama atrajo a tantos escribas a su alrededor que un pueblo llevaba su nombre[2]. Esto es algo que podemos encontrar reflejado en 1 Crónicas 2:55 cuando leemos: “…Y las familias de los escribas que moraban en Jabes fueron los tirateos, los simeateos y los sucateos, los cuales son los ceneos que vinieron de Hamat padre de la casa de Recab…” Como nosotros sabemos, en los tiempos bíblicos los nombres tenían un gran significado. Por ejemplo; Abraham significa “Padre de una multitud”; Jacobo significa “suplantador” (Ocupar con malas artes el lugar de otro, defraudándole el derecho, empleo o favor que disfrutaba[3]); Ismael significa “Dios escucha”; y aquí tenemos a Jabes, que significa “aflicción; dolor”[4].

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Así que aunque no existe mucho detalle acerca de la vida de este hombre, del significado de su nombre podemos deducir que algo inusual sucedió durante su parto; quizás el parto fue más doloroso de lo normal, o quizás hubo algún tipo de complicación. Y esto es algo que queda bien reflejado en el primer versículo cuando leemos: “…Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor…” Como les dije, no tenemos detalles exactos; sin embargo, si sabemos que fue una persona bien respetada. Esto es algo que podemos confiadamente asumir al leer: “…Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos…” Pero quizás lo más inusual de todo en las escrituras que estamos examinando hoy, es que estas escrituras son la descripción de los descendientes de Judá. Sin embargo,  aquí vemos que el autor momentáneamente detiene la genealogía para destacar a Jabes.  ¿Por qué sucedió esto? Continuemos ahora con nuestro estudio para descubrir la razón.

Lo primero que encontramos aquí es: “…E invocó Jabes al Dios de Israel…” ¿Por qué invoco Jabes al Dios de Israel? La razón fue porque Jabes seguramente pensaba que no tenía un buen futuro. Jabes seguramente sentía que él no podría equivaler a nada debido a su nombre, que como les dije hace un breve instante significa aflicción, dolor. Pero no obstante esto, Jabes determino cambiar su futuro, y lo hizo acudiendo al único que podía concederle lo que él deseaba. Dile a la persona que tienes a tu lado: Jabes acudió a Dios. Hermanos, en ocasiones todos nosotros hemos sentido que estamos en camino a un futuro incierto; que estamos en un camino de sufrimiento o dolor. Las circunstancias de la vida, y los problemas que nos rodean nos hacen pensar que nunca equivaliéremos a nada, pero la gran realidad es que eso no es cierto.

Toda persona puede cambiar su futuro, pero esto es algo que solo podemos lograr cuando acudimos a Dios, y depositamos toda nuestra fe en Él. Esto es algo que queda bien reflejado en Isaías 51:3 cuando leemos: “…Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dioscambiará tu desierto en paraíso. ¿Cómo podemos lograr esto? Lograremos esto a través de la oración. Fijémonos ahora bien en la oración de Jabes, y vamos a dividirla en secciones para que entiendan bien lo que les digo.

Jabes acudió a Dios y dijo: “…!!Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio!..” Con esto aquí vemos que Jabes desafío el futuro que le esperaba a causa de su nombre, y se convirtió en un hombre que creyó fervientemente en el poder de Dios. Me atrevo a decir que muy pocos de nosotros, si acaso alguno, podemos absolutamente confiar en el poder de Dios, y esto es debido a que como les dije al inicio, nosotros formamos parte de la sociedad instantánea.

Permítanme explicarles este punto de otra manera para que me entiendan bien. ¿Cuántos se han desvelado una o dos noches, o quizás lleven tiempo sin poder dormir o descansar debido a preocupaciones?  Estamos hablando de preocupaciones que en el gran esquema de la vida tienen muy poco, si acaso algún significado permanente. Pero que no obstante eso, son cosas que con frecuencia nos atormentan y desvelan. ¿Cuántos dice amen? En el caso de Jabes su nombre lo destinaba a un futuro de dolor y aflicción, pero él sabía que su futuro no dependía de un nombre, sino que dependía del poder de Dios. Y esto es algo que todos nosotros tenemos que aprender a hacer. Jabes le dijo a Dios: “…si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio…” Aquí vemos que lo primero que él hace es pedir la bendición de Dios. ¿Saben por qué Jabes pidió esto primero que todo? La razón fue porque en su corazón él creía y confiaba en lo que encontramos en Proverbios 10:22 cuando leemos: “…La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella…” Dile a la persona que tienes a tu lado: la bendición de Dios elimina el sufrimiento.

Debido a su nombre Jabes seguramente había sufrido; debido a su nombre su futuro no sería el mejor; pero Jabes confió en su corazón que la bendición de Dios cambiaria todo. Lo segundo que hace es que Jabes dijo: “…y ensancharas mi territorio…” Con esto aquí vemos que Jabes buscaba aumentar o adquirir más influencia, tierra, posesiones. Y quiero decirles que no existe nada malo en pedirle a Dios que nos prospere, pero la realidad es que ensanchar un territorio es mucho más que todo eso. Digo esto porque ensanchar nuestro territorio no es simple y exclusivamente pedirle a Dios que nos bendiga con riquezas o posesiones. Y es por eso que el Señor en Mateo 6:19-20nos dice: “…No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan…” ¿Qué territorio debemos y tenemos que pedirle a Dios que nos aumente? El territorio del creyente es la fe, la santidad, y la confianza absoluta en Dios. Y es esto que debemos y tenemos que pedirle a Dios que ensanche en nosotros. Pedirle a Dios que aumente nuestra fe; pedirle a Dios que ensanche nuestra santidad, “…porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo…” (1 Pedro 1:16); tenemos que pedirle a Dios que ensanche nuestra completa y absoluta confianza en Él.

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Continuando leemos: “…y si tu mano estuviera conmigo…” Esta porción de la oración nos revela que Jabes reconoció lo que muchos no han logrado entender. Esta porción de la oración nos revela que la presencia de Dios en nuestra vida, es lo que hace la diferencia. Para todo creyente la presencia de Dios en su vida tiene que ser por encima de todo. El mundo, y muchos tratan de llenar ese vacío que sienten en su vida con las drogas, el alcohol, satisfacciones personales, y demás; pero la realidad es que ese vacío solo puede ser llenado con la presencia de Dios. Y es por eso que en numerosas ocasiones les he dicho, y les continuare diciendo, que si no tenemos la presencia de Dios en nuestra vida, entonces no tenemos nada.

Recordemos que la presencia de Dios en su vida fue lo que le permitió a Josué obtener la victoria sobre Jericó, y sobre sus enemigos. Esto es algo que queda bien resumido en Josué 1:5 cuando leemos: “…Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé…”