Como todos sabemos, hoy es el primer día del año. Hoy marca el comienzo de algo nuevo, hoy marca el inicio de nuevas bendiciones y nuevas esperanzas. Hoy es el día en que muchos empiezan a tratar de lograr sus resoluciones, y/o determinaciones de Año Nuevo.  Por ejemplo, muchos han tomado la resolución que este será el año cuando reducirán su peso. Muchos han hecho la resolución que este es el año que va a gastar menos. Muchos han hecho la resolución que este es el año en que vencerán un vicio (fumar, juego, etc. etc.).

La lista de resoluciones y/o determinaciones de Año Nuevo puede ser extensa, y tomar determinaciones que positivamente afectarán nuestra vida y la vida de aquellos que nos aman y rodean es algo excelente. Sin embargo, como cristianos, nuestra primera resolución debe siempre ser: “hacer la voluntad de Dios siempre”. Nuestra resolución debe ser: “permanecer atentos a la voz de Dios, y más importante de todo, estar preparados para actuar en Él en todo momento”, ya que esto producirá nuevas y ricas bendiciones en nuestra vida. Pasemos ahora a la palabra de Dios, y veamos un ejemplo de las bendiciones que existen cuando actuamos según la voluntad de Dios.

Génesis 12:1-4Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, tendremos que realizar un breve repaso de historia. Ahora debemos preguntamos: ¿quién era Abram antes de llegar a este punto en la historia? Abram era un hombre común y corriente como cualquier otro. Se crió en Ur, que fue la ciudad más importante de los caldeos, pero también era muy idólatra[1]. La ciudad tenía gran comercio con otras ciudades, y también tenía una biblioteca bastante amplia; fue aquí donde Abraham recibió su educación. Entonces, la familia decidió trasladarse a Canaán; sin embargo, cuando llegaron a Harán decidieron detener su viaje y vivir allí.

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Durante su estancia en esta tierra, Taré (padre de Abram) murió, y Abram recibió su herencia, como era la costumbre de esa época[2]. Todo esto es algo que está bien resumido en Génesis 11:31-32 cuando leemos: “…Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. 32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán…” ¿Por qué necesitamos conocer estos detalles?

Necesitamos saber estos breves detalles acerca de la vida de Abram, porque en ellos encontramos la condición en la que él se encontraba. Debemos tener en cuenta que en este momento en la historia, Abram estaba bien cómodo. En otras palabras, podemos asumir con confianza que Abram no tenía muchas necesidades físicas o materiales. Pero un gran cambio estaba muy cerca, Dios tenía un propósito con su vida. ¿Qué le llamó Dios a hacer? Dios le llamó a abandonar comodidad y la seguridad que gozaba. Manteniendo estos breves detalle en mente, continuemos ahora con nuestro estudio.

En los versículos que estamos usando en el día de hoy leemos: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré…” Déjame decirles que cumplir lo que Dios le dijo no pudo haber sido fácil para Abram. Digo esto porque cuando Dios llamó a Abram, él no era un jovencito; Abram tenía setenta y cinco años de edad, y el viaje a Canaán no sería nada fácil. Es importante notar la edad de Abram porque esto nos demuestra dos cosas. Número uno; nos demuestra que Dios nos puede llamar en cualquier momento. Número dos; nos demuestra que Dios nos llama a salir de nuestra zona de comodidad. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque Dios podría haber llamado a este hombre cuando era mucho más joven, sin embargo, este no fue el caso.

Dios esperó setenta y cinco años para llamar a Abram. En otras palabras, Dios llamó a Abram, después de que él estaba muy acostumbrado a lo que tenía; Abram estaba acostumbrado a la comodidad y a las bendiciones que él disfrutaba. Así que podemos decir con certeza que cuando Abram más cómodo se encontraba en su vejez, Dios lo llamó a dejar todo y a enfrentar un reto difícil. Dile a la persona sentada a tu lado, Dios lo llamó a empezar de nuevo. La pregunta que debemos hacernos es, ¿espera Dios lo mismo de nosotros? La respuesta es ¡SÍ!

Lo que Dios le pidió a Abraham sin duda tuvo que haberle dejado un poco confundido. Después de todo, Dios le estaba pidiendo que dejara atrás las bendiciones que Él le había dado. Pero no obstante esto, Abram confiaba en que Dios tenía algo mejor para él. Abram no tenía miedo de hacer la voluntad de Dios porque su fe no vaciló. Con esto en mente, preguntémonos una vez más, ¿nos ha llamado Dios a salir de nuestra zona de confort? La respuesta a esta pregunta es ¡SÍ!

El problema que existe es que no todos están dispuestos a abandonar su zona de confort. Hay muchos en el cuerpo de Cristo, que no están dispuestos a moverse de donde están. En otras palabras, no están dispuestos a seguir creciendo espiritualmente, y la razón principal de esto es el miedo. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque el crecimiento espiritual produce responsabilidades, y esto es algo que muy pocos están dispuestos a aceptar. Es por eso que al llegar a nuestra zona de confort, es decir, saber que somos salvos, caemos en complacencia en nuestra fe, y nos sentimos cómodos con sólo asistir a la iglesia una o dos veces por semana. Ahora, yo no quiero que nadie vaya a mal interpretar

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No estoy diciendo o insinuando que hay algo malo en asistir a la iglesia con regularidad; lo que estoy diciendo es que esto no debería ser suficiente. Digo que esto no debería ser suficiente porque cuando nos acomodamos de tal forma en las sillas y bancas de la iglesia, a menudo nos quedamos dormidos, y por lo tanto dejamos de reconocer las oportunidades que Dios nos da para exaltar Su reino. En otras palabras, no recibimos todas las bendiciones que Dios tiene para nosotros.

En los versículos que estamos estudiando hoy leemos: “…Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra…” ¿Qué encontramos en esta pequeña sección? Lo que encontramos es que Dios le prometió a Abram que él sería el comienzo de las bendiciones de Dios para todas las personas en el mundo. Abram recibió la oportunidad de ser la diferencia en este mundo lleno de maldad. Abram recibió la oportunidad de obrar en el reino de Dios aquí en la tierra. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿ha pedido Dios lo mismo de nosotros? ¿Nos ha dado Dios la oportunidad de ser la diferencia en el mundo? La respuesta es: ¡SÍ!

Digo que Dios nos ha dado la misma oportunidad que le dio a Abram, porque todo cristiano está muy consciente de que estamos llamados a obrar para el reino de Dios. Esto es algo que nuestro Señor y Salvador nos dice muy claramente en Mateo 28:19 cuando leemos: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” Tenemos mucho que aprender de la vida de Abram.

Hermanos, Abram pasó de ser un simple hombre, para ser reconocido como el padre de la fe, y yo les digo hoy que Dios está buscando hombres y mujeres de fe. Dios está buscando hombres y mujeres dispuestos a enfrentar la batalla sin miedo. Hombres y mujeres dispuestos a hacer grandes cosas para Su reino. Dios está en busca de hombres y mujeres dispuestos a dar lo mejor de ellos, hombres y mujeres dispuestos a abandonar su zona de comodidad y confiar en Su palabra

No tenemos que ser perfectos, no necesitamos ser sabios, todo lo que tenemos que hacer es estar dispuestos a confiar en Su palabra, y permitir que el Espíritu Santo nos guíe. Dile a la persona sentada a tu lado, Dios nos guía a las bendiciones. Pero para poder ser guiados necesitamos tener una fe inquebrantable. Todos vamos a enfrentar situaciones difíciles, todos se enfrentarán a situaciones en las que no pueden entender el propósito de Dios en todo, sin embargo, debemos reconocer que Dios tiene un propósito en todas las cosas; esto es algo que encontramos bien reflejado en Salmos 138:8 cuando leemos: “…Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos…”

Dios espera que nosotros conquistemos nuestros temores y que venzamos nuestro desánimo, para que podamos ver la manifestación de Su gloria, poder y gracia en nuestra vida, y en la vida de quienes nos rodean. Pero si no estamos dispuestos a movernos al lugar que Él nos guía, si no estamos dispuestos a abandonar nuestra zona de comodidad, conquistar nuestros temores, entonces no sabremos reconocer las oportunidades que Dios nos da para cumplir su propósito.

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Si no estamos dispuestos a movernos al lugar que Él nos guía, entonces dejaremos de reconocer que el Señor puede glorificarse en cualquier momento. Dejaremos de reconocer que Dios se glorifica incluso en nuestras debilidades. Eso es algo que queda mejor expresado por el apóstol Pablo en 2 Corintios 12:9-10 cuando leemos: “…Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte…”