Si se acuerdan, la semana pasada les traje un mensaje bastante fuerte. Fuerte en el sentido de que el mensaje nos hizo profundamente reflexionar en nuestro compromiso con Dios y Su obra aquí en la tierra. Si se acuerdan, los puntos principales del mensaje fueron que tenemos que esforzarnos, recuperar fuerzas, y obrar para Dios.

Durante el mensaje de la semana pasada también les dije que existían numerosas cosas que pueden interrumpir nuestra relación con Dios, en otras palabras, existen muchas cosas que pueden detenernos de esforzarnos en la santidad, recuperar nuevas fuerzas para perseverar, y de continuamente obrar para Dios, pero no necesariamente con palabras memorizadas, sino con nuestro testimonio.

Como he dicho en numerosas ocasiones, y seguiré repitiendo en el futuro, nuestro testimonio, es decir nuestro comportamiento habla mucho más alto, y más fuerte que cualquier cosa que podamos decir. Así que el tema de hoy será más o menos una continuación del tema de la semana pasada. Hoy vamos a examinar el por qué no siempre podemos esforzarnos, cobrar fuerzas, y obrar para Dios; y lo que debemos y tenemos que siempre mantener en mente para evitar ser detenidos por nuestro enemigo. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Isaías 53:6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Isaías vivió durante el tiempo que el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos. Israel era el reino del norte y Judá era el reino del sur[1].

Lo que estaba sucediendo en ese entonces es que Israel había pecado grandemente contra Dios, y Judá  iba en la misma dirección. Dile a la persona que tienes a tu lado: el pecado es contagioso. Judá estaba plagado de enfermedades morales y espirituales, y el pueblo había desatendido a Dios por completo y se postraban ante el ritualismo y el egoísmo. Y debido a la depravación moral, corrupción política, injusticia social, y especialmente la idolatría espiritual que existía, este pueblo sufriría el juicio de Dios.

Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del profeta según encontramos en Isaías 1:2-4 cuando leemos: “…Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. 3El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. 4!!Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás…”

Así que debido a que ellos no estaban dispuestos a escuchar las advertencias de Dios, y a cambiar totalmente, Isaías les profetizo que Dios les entregaría en las manos de Babilonia. Fíjense bien como esto es algo que queda bien declarado en Isaías 39:5-7 cuando leemos: “…Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: 6He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová. 7De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia…” Seguramente algunos se deben estar preguntando, ¿por qué es necesario saber estas cosas?

Es necesario que sepamos estos breves detalles porque en ellos encontramos claramente ilustrado que lo que hagamos hoy, de una manera u otra afectara nuestro futuro. En otras palabras conscientemente ignorar lo que Dios nos revela a través de Su palabra, y escoger el pecado por encima de Dios, tarde o temprano producirá que experimentemos la ira y juicio de Dios.  Así que manteniendo estos pequeños detalles en mente, exploremos ahora nuestro estudio de hoy, y preguntémonos: ¿qué nos detiene de andar en, o nos desvía de los caminos del Dios?

La respuesta a nuestra pregunta es fácilmente encontrada en la primera sección del versículo que estamos explorando hoy cuando leemos: “…Todos nosotros nos descarriamos como ovejas…”Y quiero que nos fijemos bien que aquí se nos dice: “TODOS”. Dile a la persona que tienes a tu lado: no existe excepción. Lo que sucede es que todos por una razón u otra nos desviamos de los caminos del Señor. Aquí vemos como Isaías comparaba al pueblo de ese entonces como ovejas perdidas.

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La Biblia con frecuencia se refiere a los creyentes como ovejas, y a nuestro Señor Jesucristo como nuestro pastor. Por ejemplo: en Salmos 100:3 encontramos que el salmista dice: “…Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado…” Y en Juan 10:14-15el Señor nos dice: “…Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas…” Y quiero que prestemos atención aquí cuando el Señor nos dice: “…y las mías me conocen…” ¿Por qué deseo que prestemos atención a este detalle? La razón es porque las ovejas poseen la característica de aprender a reconocer la voz de su pastor. Y cuando una manada de ovejas se mantiene atenta a la voz de su pastor, entonces no carecen de nada, y no están en peligro. Pero, ¿Qué otras características tienen las ovejas?

Las ovejas son animales tímidos e inofensivos. Las ovejas no son animales feroces o agresivos. Las ovejas no son animales veloces, ni poseen gran agilidad. Las ovejas son indefensas, su única defensa es huir. ¿Por qué les he mencionado las características de este animalito? Se las he mencionado porque quiero que todos tengamos muy en mente que las ovejas sin su pastor, son presa fácil para animales predadores como son los lobos, leones, osos, y demás.  Así que cuando la oveja se aísla del rebaño, y no tiene a su pastor cerca, en otras palabras a la persona que protege, guía y apacienta el rebaño, entonces corre el riesgo de morir en manos de un animal predador.

Y es exactamente por esa razón que la Palabra de Dios nos advierte lo siguiente: “…Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” (1 Pedro 5:8). Y esto mismo fue lo que le sucedió al pueblo de ese entonces; ellos se descarriaron; ellos se apartaron de la presencia de Dios. Y desdichadamente, esto es algo que continua sucediendo con frecuencia en el pueblo de hoy. ¿Por qué sucede esto?

La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en la segunda porción de este versículo cuando leemos: “…cada cual se apartó por su camino…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: “…cada cual se apartó por su camino…” ¿Qué significa esto? Una gran realidad acerca del ser humano es que todos tenemos diferentes opiniones; todos pensamos de manera muy diferente. Todos tenemos nuestra propia opinión de lo que es bueno, y lo que es malo. Todos tenemos nuestra propia opinión de lo que es correcto, y de lo que es incorrecto. Todos tenemos nuestra propia opinión de cómo debemos actuar, y que no debemos hacer.

Todos tenemos diferentes opiniones, ¿verdad? Y esto es exactamente lo que le sucedió al pueblo de ese entonces, y lo que continúa sucediendo en el pueblo de hoy. En otras palabras, las opiniones y las reglas establecidas por el hombre superaron la Palabra de Dios, y esto fue lo que condujo a ese pueblo, y continuando conduciendo a un buen numero de creyentes a la corrupción moral, y la muerte espiritual. ¿Por qué digo esto?

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