Si se acuerdan, la semana pasada estudiamos acerca de los cinco pilares de nuestra fe, y las cuatro columnas que tenemos que edificar que sostienen y distribuyen el peso completo de nuestro diario vivir. Estas cuatro columnas son: oración, la Palabra de Dios, doctrina, y predicación. Y como les dije, no podemos desatender o concéntranos en solamente una, ya que esto nos conducirá al fracaso espiritual.

¿Por qué mencionar estas cosas? Las menciono porque la gran realidad es que existen muchos creyentes que sufren del fracaso espiritual. En otras palabras, se han quedado estancados en su crecimiento.

Una gran realidad acerca del crecimiento espiritual es que existen diferentes niveles. Digo esto porque el crecimiento espiritual es igual que el crecimiento de todo ser humano. Nacemos, pasamos a la infancia, luego a la niñez, luego a la adolescencia, y finalmente a adultos. Pero el problema esta en que cuando se habla del crecimiento espiritual, no todos llegan a la adultez. En otras palabras, no todos logran madurar, y se quedan estancados en la infancia y la niñez (crédulos: que creen cualquier cosa fácilmente). O si no en la adolescencia que puede ser fácilmente descrito como un periodo de tiempo de rebeldía, y desorientación.

En otras palabras, ese periodo de tiempo que todos atravesamos donde pensábamos que lo sabíamos todo, y que no teníamos que hacerle caso a nada. Pero la realidad es que para poder tener una verdadera relación con Dios, necesitamos madurar. Así que este será el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Hoy vamos a explorar el crecimiento espiritual y lo que debemos superar para llegar a tener una relación más íntima con nuestro Padre. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Éxodo 24:1-2Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tu, y Aaron, Nadab, y Abiu, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinareis desde lejos. 2 Pero Moisés solo se acercara a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. En este punto de la historia Dios había liberado al pueblo de Israel después de aproximadamente 430 años de esclavitud a Egipto[1]. Esto es algo que queda bien reflejado en Éxodo 13:14 cuando leemos: “…Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre….” Dios utilizo a Moisés para liberarles, y ellos todos vieron grandes señales del Dios vivo. Ellos fueron testigos de las diez plagas en Egipto[2], vieron la presencia de Dios que les guiaba[3], y cruzaron el mar rojo sin tener que usar una nave o mojarse[4].  ¿Por qué estaba haciendo Dios estas cosas? Lo estaba haciendo porque Él les estaba guiando a Su promesa; Dios les estaba guiando a la Tierra Prometida, Dios les estaba guiando a su presencia.

Esto es algo que queda bien reflejado en Éxodo 25:8 cuando Dios le habla a Moisés y le dice: “…Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos…” ¿Por qué les he hecho este repaso? Les hice este repaso para que todos estemos muy consientes de que a pesar de que ellos habían presenciado y vivido estas cosas, llego el momento cuando este pueblo no logro experimentar la presencia de Dios a un nivel personal. ¿Por qué sucedió esto? Sucedió porque el crecimiento espiritual de muchos se estanco. Continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que encontramos aquí es que Dios llamo a Moisés y a un grupo selecto de personas a que subieran al monte para entrar en comunión con Él, pero también encontramos que no todos tendrían la misma experiencia. Digo esto porque como podemos ver, todos entrarían en comunión con Dios, pero solo Moisés tendría la experiencia suprema de acercarse a Dios. Todos alcanzarían la presencia de Dios, pero solo hasta cierto nivel. Fíjense bien lo que encontramos en Éxodos 24:9-11 cuando leemos: “…Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10 y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. 11Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron…”

En los versículos que acabamos de leer encontramos algo bien interesante, digo esto porque aquí encontramos que se nos dice que todos vieron al Dios de Israel, y esto es algo que muchos usan para confundir, y tratar de desacreditar la Palabra de Dios. Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como algunos dicen que la Palabra de Dios se contradice, y para aquellos que se han quedado estancados espiritualmente en la infancia, niñez, y/o adolescencia esta aparente contradicción les desvía de los caminos de Dios. Pero, ¿existe alguna contradicción en la Palabra de Dios?

Detengámonos aquí por un breve instante para examinar este punto. La palabra “vieron” usada aquí viene de la palabra hebrea “ra’ah” que aunque parte de su definición incluye ver, mirar, inspeccionar; la segunda parte de su definición es: percibir, considerar[5]. Ahora bien, según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra percibir se define de esta forma: “1. Recibir una cosa y encargarse de ella. 2. Recibir por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas. 3. Comprender o conocer una cosa.” Así que basado en esta definición no es difícil concluir que ellos no llegaron a ver la imagen completa de Dios. La realidad es que la Palabra de Dios es bien clara en cuanto a este asunto, y en ella encontramos que ningún hombre ha visto la imagen de Dios[6].

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¿Qué fue lo que ellos vieron? Lo que ellos vieron fue el lugar donde se paraba el Dios de Israel, pero no alcanzaron ver una imagen que pudieran dibujar o hacer una escultura de ella. Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué sucedió esto? ¿Por qué Dios no permitió Dios que todos le vieran? Existen dos razones; la primera razón es para que ellos no fueran tentados a caer en la idolatría, y la segunda fue porque no todos se encontraban en el mismo nivel espiritual de Moisés. ¿Por qué digo esto?

Digo que no todos estaban en el mismo nivel espiritual de Moisés porque durante el éxodo, es decir, durante el tiempo que les tomo llegar a este punto en la historia que estamos estudiando hoy, el único que nunca dudo de Dios fue Moisés, sin embargo el pueblo que Dios libero en más de una ocasión protesto y desconfió de que Dios estaba en control de todo lo que sucedía.    Esto es algo que queda bien documentado a través del libro de Éxodo en la Biblia, pero creo que queda bien resumido en Éxodo 16:2 cuando leemos: “…Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto…” Lo más triste de todo esto es que todo esto sucedió a pesar de que ellos habían tenido el privilegio de ver el poder de Dios en acción.

Lo que sucede es que el crecimiento espiritual de muchos es fácilmente interrumpido. En otras palabras, existen muchos obstáculos que se interponen entre nosotros y Dios. En este mundo existen muchas cosas que buscan apartarnos de la santa y divina presencia de Dios. Pero no obstante toda la oposición, no podemos ignorar que al igual que Dios escogió a Moisés y a estas personas a que subieran ante su presencia para entrar en comunión con Él, Dios ha escogido a todo creyente a una igual comunión. Fíjense bien como esto es algo que queda claramente expresado en 1 Corintios 1:9 cuando leemos: “…Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor…”  Así que Dios nos llamo, Dios nos escogió y Dios nos bendice con Su Santo Espíritu. Pero para poder llegar a obtener la experiencia suprema que tuvo Moisés, tenemos que estar dispuestos a caminar hacia Él en todo momento.