La semana pasada les hable acerca del crecimiento espiritual, y les expuse los niveles que existen en cuanto a nuestro crecimiento. Y si se acuerdan, la semana antes pasada les hable acerca de los pilares de la fe, y de las cuatro columnas espirituales que tenemos que edificar en nuestra vida. Si no se han dado cuenta, el tema principal de estas dos predicas han sido que reflexionemos en nuestra condición espiritual, y existe una gran razón por ello.

La razón es que en este mismo momento existe una guerra desastrosa que es responsable de matar, o herir seriamente a miles de personas en este mundo. Existe una guerra que está siendo peleada en el ámbito espiritual, y queramos reconocerlo o no, todo ser humano forma parte de ella. Esto incluye tanto al creyente como al no creyente. Pero lo que sucede es que muchos rehúsan reconocer, o aceptar que esta guerra existe debido a que no es algo que se reporta por los medios de comunicación. Pero, ¿es verdad que no es reportada por los medios de comunicación? La realidad es que las noticias acerca de esta guerra son transmitidas a través de todos los medios de comunicaciones que existen, pero lo que sucede es que las personas no las reconocen.

En esta guerra participan dos ejércitos, el ejército de Dios y el ejército de Satanás. En otras palabras, una guerra entre el bien y el mal. Y lo único que tenemos que hacer para reconocer las noticias acerca de esta guerra es abrir nuestros ojos a los eventos que se reportan a diario. El crimen ha aumentado, la violencia ha aumentado, la perversidad sexual ha aumentado, las drogas no hay quien las detenga, los divorcios han aumentado, etc. etc.

Y si no estamos conscientes de esta guerra devastadora, entonces le será bien fácil al enemigo hacernos caer heridos o muertos en el campo de batalla. Es por eso que en el día de hoy deseo que estudiemos acerca de esta guerra. Hoy vamos a descubrir cómo podemos pelear y salir victoriosos de las batallas que enfrentamos. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Efesios 6:10-18 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Lo primero que observamos en estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy es un poderoso consejo de cómo podemos ser victoriosos en nuestra batalla diaria, y una gran advertencia acerca de contra quien peleamos. Fíjense bien como dice aquí cuando leemos: “…Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…”

Estoy seguro que muchos han leído esto en más de una ocasión, también estoy seguro que una gran mayoría ha llegado a la conclusión de que esto no tiene nada que ver con ellos. Digo esto porque existen muchos que piensan que esto solo se aplica a los líderes, pero si piensas así te equivocas. Si estos pensamientos, o pensamientos similares han pasado por tu mente, y tú los has entretenido y piensas de esa forma, entonces siento informarte que has caído herido en el campo de batalla. Digo esto porque como les dije al inicio, no existe excepción de persona; todo ser humano, creyente o no creyente, participa de esta guerra

Lo único que separa al creyente del resto del mundo es que el creyente pelea para el ejército de Dios. La realidad es que toda persona que no sirve a Dios fielmente, automáticamente esta bajo el dominio del reino de Satanás[1]. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque si tuviéramos que definir brevemente el significado de la guerra espiritual, la mayoría de nosotros sino todos diríamos que la guerra espiritual es la batalla por nuestra mente. ¿Por qué esta batalla por nuestra mente? La batalla es porque nuestro enemigo sabe muy bien que si él puede controlar lo que pensamos y creemos, entonces podrá controlar como vivimos y como actuamos.

La palabra aquí nos dice que nosotros no peleamos contra “…sangre y carne…” Esto nos deja saber claramente que la guerra en que nos encontramos no es contra personas, gobiernos, instituciones religiosas o políticas. No es contra cosas que podemos ver y tocar. Si este fuera el caso, entonces la guerra no fuera tan difícil. Digo que la guerra es difícil porque una gran realidad acerca del ser humano es que la mayoría de nosotros somos personas clasificadas como personas visuales. En otras palabras, somos como Tomás, tenemos que ver para creer[2]. La mayoría de las personas si no lo pueden ver, pues simplemente no existe. Pero si encuentras que esa manera de pensar te describe a ti, entonces la advertencia de Pablo no te sirve. No te sirve porque no puedes ver los principados que te rodean. No puedes ver los demonios a tu alrededor y por eso no puedes creer. Pero pensemos brevemente en algunas cosas que nos rodean que no podemos ver, pero que no dudamos que existen y en ocasiones hasta dependemos de ellas.

¿Cuántos aquí tienen un teléfono celular? ¿Cuántos aquí tienen una computadora que se conecta al Internet sin alambre? ¿Cuántos tienen un televisor o radio? ¿Por qué pregunto estas cosas? Las pregunto porque en este mundo moderno existe una gran variedad de cosas que nos rodean que no podemos ver. En el mundo moderno existen muchas cosas que no son discernibles a nuestros sentidos, sin embargo, nos encontramos completamente rodeados por ellos. Por si no lo sabían, la tecnología que les mencione emiten señales invisibles, y estas señales no se detienen en ningún momento. En este mismo momento todos aquí estamos rodeados y nuestro cuerpo esta siendo  bombardeado por señales invisibles; cosas que no podemos tocar o ver, pero que impactan nuestra manera de vivir de una forma u otra.

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Los poderes de las tinieblas operan de la misma manera. Fíjense lo que nos dice aquí el apóstol Pablo para que entiendan bien lo que les digo; aquí dice: “…contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Los demonios de Satanás están constantemente a nuestro alrededor bombardeándonos con pensamientos y sentimientos con el propósito de apartarnos de la presencia de Dios. No les podemos ver, y no podemos detectarles con nuestros sentidos, pero no obstante esto, ellos existen y nos rodean. Es por eso que nunca podemos olvidar que nuestro enemigo es muy astuto en sus tácticas, y no existe medio, sentimiento, o pensamiento que no use para tratar de apartarnos de la presencia de Dios. Pero una gran realidad es que nosotros no estamos desamparados y a la merced del diablo. Jesús vino a destruir y destruyo completamente las obras del diablo, y como les he dicho en otras ocasiones, el diablo no tiene autoridad en nuestra vida.

La única autoridad que nuestro enemigo puede tener en la vida de una persona es la autoridad que se le entrega. Fíjense como esto queda bien reflejado en 1 Juan 3:8 cuando leemos: “…El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo…” Cristo destruyo las obras del diablo para que nosotros quedáramos libres de la esclavitud. Dile a la persona que tienes a tu lado: Cristo destruyo las obras del diablo. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que el diablo no puede obligarnos a hacer algo; somos tentados, pero la decisión final es nuestra, y solamente nuestra[3]. Pero aunque el diablo no nos puede obligar, esto no significa que se dará por vencido y que dejara de tratar de influenciarnos. ¿Qué podemos hacer para evitar ser influenciados? Para evitar ser influenciados tenemos que vestirnos correctamente. Dile a la persona que tienes a tu lado, vístete bien.

¿De qué vestimenta les hablo? Continuemos ahora con nuestro estudio de hoy para descubrirla. Como les dije hace un breve momento, nosotros no estamos desamparados y a la merced del diablo. Cristo nos dejo una armadura completa, fíjense bien como nos dice aquí la palabra cuando leemos: “…Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos…” Dile a la persona que tienes a tu lado, tenemos que vestirnos correctamente.

Desdichadamente esta poderosa arma es algo que muchos no usan en su diario vivir, y la mayor razón es porque muchos no logran entender su gran significado.  Muchos solo ven esto como la descripción de un arma antigua de guerra, y no logran ver la importancia que esta arma aun retiene en el día de hoy.  Así que examinémosla ahora detalladamente para determinar si es algo que podemos usar.  Comencemos a vestirnos para ver si esta armadura nos sirve.

La primera pieza de la armadura es la faja, a eso es a lo que se refiere cuando leemos: “…Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad…” Esta parte de la armadura era algo imprescindible. Digo que era algo imprescindible porque cuando examinamos la armadura que usaban los soldados de ese entonces, nos damos cuenta que la faja era la que aseguraba la coraza en su lugar. Además de esto, ellos colgaban sus armas de guerra de ella también. Al igual que la faja era de suma importancia para los soldados en ese entonces, la verdad es que para nosotros también es algo imprescindible. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque el diablo es un mentiroso[4] y solo existe una manera de poder vencerle, y esto es algo que solo podemos lograr con la verdad. Es por eso que en Juan 8:32 encontramos que se nos dice: “…Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres…” Solo cuando nos mantenemos en la verdad de Dios y la santidad de Su palabra podremos sujetar el resto de la armadura. Dile al hermano que tienes a tu lado, pongámonos la faja.

La segunda pieza de la armadura es la coraza. Fíjense bien que aquí nos dice: “…y vestidos con la coraza de justicia…” Analizando nuevamente la armadura del soldado de ese entonces nos damos cuenta que el soldado usaba una coraza que lo cubría del cuello hasta la cintura. Esta pieza cubría todos sus órganos vitales. En otras palabras, el soldado se encontraba bien protegido, porque la coraza rechazaba cualquier golpe. ¿Cuántos desean que los ataques del enemigo reboten sin hacerles daño? Si deseas que esto suceda en tu vida, entonces tienes que mantenerte fiel y puro. En otras palabras, desechar de nuestro corazón todo pensamiento impuro, y desechar de nuestra vida todo pecado; esta es nuestra coraza.   Dile al hermano que tienes a tu lado, pongámonos la coraza.

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