Si se acuerdan, la semana pasada hablamos acerca de la unción, y nuestra necesidad de obtener unción fresca para poder combatir y vencer los ataques del enemigo. Y por si no se habían dado cuenta, el punto principal de esa predicación fue hacer la voluntad de Dios en todo momento, en vez de la nuestra. Pero ahora la pregunta del siglo es: ¿cómo podemos lograr hacer la voluntad de Dios? Este será el tema que estaremos explorando hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Salmo 143:10Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que debemos saber es que este salmo fue escrito por el rey David, alguien que tenia amplia experiencia en cuanto a los conflictos, y peligros que ser un escogido de Dios pueden producir. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de analizar la vida de este hombre, nos damos cuenta que a partir del día que David venció a Goliat en el campo de batalla, el Rey Saúl le tuvo mala voluntad[1].  Esto fue debido a que después de su victoria sobre el gigante, la fama y reputación de David creció hasta el punto que el pueblo le quería más a él que al rey. El odio y el celo del rey hacia David creció grandemente, y produjo tratara de matarle en más de una ocasión. Debido a esto, David tuvo que huir y esconderse en varias ocasiones para salvar su vida[2]. De ahí en adelante la persecución del rey fue sin cesar.

Pero la historia de la persecución de David no se termina aquí. No se termina aquí porque después de sufrir la persecución por parte del Rey Saúl, y de asumir el trono, su propio hijo también le hizo huir para salvar su vida. Esto es algo que queda bien reflejado en 2 Samuel 15:14 cuando leemos: “…Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada…”

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Seguramente que algunos ya deben estar haciéndose esa pregunta, ¿por qué tenemos que saber todo esto? Es importante que notemos estos pequeños detalles de la vida de este hombre porque estos breves detalles nos revelan dos cosas muy importantes. Número uno nos revelan el peligro constante que afrontamos a diario; y número dos, nos revelan la actitud que debemos tomar en esos momentos de dificultad, especialmente cuando el mundo entero aparenta estar en contra nuestra. Así que manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy. Tomemos este versículo ahora y analicémoslo detalladamente para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.

Lo primero que vemos aquí es que se nos dice: “…Enséñame…” ¿Por qué es esta palabra tan importante a notar? Esta palabra es tan importante a notar porque pedir que Dios nos enseñe es un acto de humildad y sumisión. Una gran realidad es que el orgullo y la arrogancia produce que muchos vean la humildad y sumisión como una señal de debilidad, pero la verdad es que humillarse y someterse a Dios no es una debilidad sino que es una virtud.

La humildad y el sometimiento a Dios es lo que nos permite deshacernos de nuestra arrogancia, y nos permite rendirnos completamente a Dios. La humildad y sometimiento a Dios son las combinación perfecta que nos ayudan a reconocer y superar nuestras faltas, limitaciones y debilidades. La humildad y sometimiento a Dios son las combinación perfecta que nos acercan a la presencia de Dios. Esto es algo que queda bien reflejado en Salmos 138:6 cuando leemos: “…Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos…”

La humildad y sometimiento a Dios son la combinación perfecta que nos ayudan y conducen a confiar en el poder de Dios completamente. Definitivamente esto fue algo que vimos en la predicación de la semana pasada. La humildad y sometimiento a la voluntad de Dios fue lo que permitió que David derrotara y echara fuera al ejército de los filisteos de su reino[3].

Segundo vemos que aquí se nos dice: “…a hacer…” Una gran realidad es que nosotros todos somos bastante ignorantes acerca de la mentalidad de Dios[4]. Como seres humanos al fin, a todos nos gustaría saber exactamente por qué suceden las cosas. Pero la realidad del caso es que no siempre podremos obtener éste entendimiento. Todos nosotros tenemos un entendimiento básico de lo que Él quiere hacer en nuestra vida, pero nunca tendremos un entendimiento completo de lo que Él está pensando y del por qué de las cosas. Y debido a nuestra ignorancia o desconocimiento, no llegamos a hacer lo que Dios pide y demanda de nosotros[5]. ¿Qué les quiero decir con todo esto? Lo que les estoy diciendo es que oír lo que Dios pide y demanda de Su pueblo no es suficiente. Querer hacer lo que Dios pide y demanda de Su pueblo no es suficiente.  ¿Qué necesitamos? Lo que necesitamos es que Dios nos enseñe a hacer su Santa voluntad. Dile en voz alta a Dios: Señor ayúdame a hacer tu voluntad.

Tercero vemos que aquí se nos dice: “…tu voluntad…” Una gran realidad es que como seres humanos al fin, todos aquí somos propensos a hacer nuestra voluntad. En otras palabras, todos aquí tenemos la tendencia a reaccionar a las cosas sin consultar a Dios, y/o a pensar en Su perfecta voluntad. ¿Qué es la voluntad de Dios para nuestra vida? La pregunta aparenta ser algo difícil de contestar, pero en realidad no lo es. Lo único que tenemos que hacer para encontrar la voluntad de Dios para con nosotros es leer la Biblia. La voluntad de Dios para cada uno de nosotros es que seamos completamente diferentes a lo que una vez éramos; la voluntad de Dios para con nosotros es que conduzcamos una vida perseverando en la santidad; la voluntad de Dios para con nosotros es que imitemos a nuestro Señor Jesucristo en todo momento, y que la Palabra de Dios sea reflejada en todo lo que somos[6]. Pero lo que sucede es que en la mayoría de los casos terminamos obedeciendo a los hombres creyendo obedecer a Dios. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque no hemos escuchado, y/o hemos completamente descartado la advertencia del apóstol Pablo en Romanos 12:2 cuando leemos: “…No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta…” Dile a la persona que tiene a tu lado: tenemos que “…hacer…” la voluntad de Dios.

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Cuarto vemos que se nos dice: “…porque tú eres mi Dios…” Una gran realidad es que este mundo esta llenos de dioses. ¿Cómo así? Además de los miles de dioses paganos que existen en el mundo, dioses a quien ninguno aquí le rendiríamos homenaje, existen dioses a quien muchos dentro del pueblo de Dios sirven. ¿Qué son los dioses? La palabra dioses a pesar de que puede ser usada para describir cualquiera de las deidades a que dan o han dado culto las diversas religiones, por definición también significan “una persona o cosas de valor supremo”[7]. Así que cuando usamos esta definición podemos confiadamente decir que los dioses a quien muchos dentro del pueblo de Dios sirven son todas aquellas cosas a la que en ocasiones nos rendimos, y que causan que dejemos de escuchar la voz de Dios.  Y es por eso que en Colosenses 3:5 encontramos que se nos dice: “…Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría…”

Es lamentable decirlo, pero la realidad es que vivimos en medio de una generación que ha escogido apartarse de la verdad de Dios. Vivimos en medio de una generación que no reconoce a Dios todopoderoso.  Vivimos en medio de una generación que ha sido adoctrinada a creer que Dios no hace falta para que reine la paz; que la paz puede ser obtenida a través de la sabiduría del hombre. Pero la realidad es que la verdadera paz no puede ser obtenida por a través de la sabiduría del hombre, sino que es un don de Dios[8].

Vivimos en medio de una generación que ha sido adoctrinada a que no importa en lo que se cree, lo importante es creer en algo. Pero la realidad es que por muy devoto que seas, o por muy religioso que te hagas, si no reconoces al verdadero Dios todopoderoso, y la obra redentora de Jesucristo, entonces no tienes esperanza alguna[9].