Como les dije la semana pasada durante el llamado, con cada día que pasa las cosas aparentan empeorar.  Los políticos y gobernantes de las naciones siempre están en desacuerdo, la corrupción e inmoralidad ha llegado a  un nivel alarmante, y el mundo en general ha deliberadamente escogido excluir a Dios de todo. Es más, en ocasiones mencionar a Dios es considerado como un insulto para muchos.  En algunos países mencionar a Dios y afirmar la fe cristiana te costara tu libertad y/o tu vida.  Hoy en día los valores morales están siendo reducidos y/o eliminados.  La integridad y honestidad han sido remplazadas por la avaricia y la corrupción.

El matrimonio, (institución sagrada [1]),  ya no es respetado, hemos llegado a un punto de depravación moral tan grande, que hoy en día, el matrimonio entre parejas del mismo sexo se ha convertido en algo normal y común. Hoy en día el homosexualismo y lesbianismo, esta abominación [2], no solamente es aceptada por muchos, sino que es propagada por los medios de entretenimiento. El hogar y/o la familia completa, es decir, padre, madre, e hijos, ya casi no existe.  Una gran porción de los hogares son monoparentales, debido al alto promedio de divorcio que existe [3].

Y la violencia y los conflictos armados, alimentadas por animosidades raciales, étnicas, o religiosas, continúan desenfrenadamente alrededor del mundo.  Ahora la pregunta que debemos hacernos es; ¿qué podemos hacer nosotros ante todas estas cosas que están aconteciendo?  Este será el tema que estaremos explorando hoy.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Josué 24:14-15Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Cuando estudiamos la historia del pueblo judío, encontramos que Dios eligió a Moisés para liberarles de la esclavitud en Egipto, y guiarles hacia la tierra prometida; después de la muerte de Moisés, Dios eligió a Josué como el nuevo líder de Su pueblo.  Dios no hizo esto levemente; Dios escogió a Josué porque él siempre se mantuvo fiel a Su palabra.  Dios lo escogió porque Josué confiaba completamente en Él [4].

La confianza y lealtad de Josué fue recompensada por Dios, y él guió a este pueblo a conquistar la tierra prometida.  Esto es algo que queda bien resumido en Josué 11:23 cuando leemos: “…Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra…”  Treinta y un rey y sus ciudades fueron derrotadas; Israel conquisto toda la tierra al este y al oeste del río Jordán [5].

¿Por qué pudieron ellos lograr todas estas cosas?  Pudieron lograr todo esto porque Josué se mantuvo fiel a Dios, y confiaba en Su palabra.  Esto todo nos conduce más o menos a este punto de la historia.  Estos versículos que estamos empleando en el día de hoy forman parte del discurso final de Josué.

En este punto de la historia Josué ya era de edad avanzada y estaba a punto de morir [6].  Pero antes de morir Josué tenía una última advertencia a este pueblo, y esta advertencia es la que nos contesta nuestra pregunta inicial; ¿qué podemos hacer nosotros ante todas estas cosas que están aconteciendo?

Una gran realidad es que ninguno de nosotros podemos detener lo que está aconteciendo en el mundo.  Las guerras, los conflictos armados, la violencia, la depravación moral, la destrucción de los principios familiares, el desamor a Dios, la apostasía, y todas las otras demás cosas que están aconteciendo son cosas que se nos han advertido que sucederán [7].  Y como todos sabemos, por mucho que algunos de nosotros tratemos, ninguno podrá detener la palabra de Dios [8].

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Esto es algo que el Señor nos dice claramente en Mateo 24:35 cuando leemos: “…El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán…”  Pero si no existe nada que podamos hacer para cambiar, y/o detener lo que está aconteciendo, ¿qué podemos hacer nosotros?  Continuemos ahora con nuestro estudio de hoy para descubrir la respuesta.

En el primer versículo que estamos explorando hoy vemos que Josué dijo: “…Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová…”  Josué les dijo esto porque él conocía muy bien la debilidad de este pueblo; Josué sabía lo idolatra que ellos habían sido; Josué sabía lo rebelde que habían sido, y su deseo era de que ellos no repitieran los mismos errores.

Fíjense bien como él dijo aquí: “…Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad…”  Algunos leen esto por encimita sin meditar en la palabra, y concluyen que Josué está diciendo que le tengamos miedo a Dios, pero este no es el caso.  Digo esto porque la palabra “temed” es una traducción de la palabra Hebrea “יָרֵא” (pronunciada: ya-rey), que además de significar temor, también significa reverencia, honor, y respeto [9].  Así que con esto aquí Josué no dice que le tengamos miedo a Dios, sino que le honremos, y que respetemos sus mandamientos y enseñanzas.

Como les dije, el mundo ha decaído en gran manera, y desafortunadamente esto incluye muchos hogares cristianos.  ¿Qué podemos hacer nosotros para rectificar lo que está sucediendo en nuestros hogares?  La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí cuando Josué dijo: “…servidle con integridad y en verdad…”  Hermanos no podemos considerarnos parte del cuerpo de Cristo si no estamos sirviéndole de esta manera.

En otras palabras, no podemos considerarnos cristianos si solamente oramos cuando llegamos a la iglesia. No podemos considerarnos cristianos si solamente alabamos y bendecimos su santo nombre al entrar por las puertas del templo.  Claro está en que es muy bueno hacerlo en comunión con nuestros hermanos en la fe, y a eso estamos llamados [10].   Pero este no es el único tiempo.

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En la iglesia compartimos con nuestros hermanos, en la iglesia entramos en comunión con el resto del Cuerpo de Cristo, pero nuestra comunión con Dios tiene que ser constante, y esto es algo que nosotros tenemos que impartir con todos los miembros de nuestra familia.  ¿Por qué es tan importante hacer esto?

Impartir la integridad y la verdad de Dios con nuestra familia, y todos aquellos a quien amamos y estimamos es de suma importancia, porque la realidad es que si en nuestro hogar no estamos enseñando a nuestros hijos, familiares, y seres queridos a orar, y a conducir una vida en santidad, entonces no estamos sirviendo a Dios con integridad y en verdad.  Si permitimos que las cosas del mundo, nos detenga de lo que tenemos que hacer, entonces no estamos sirviendo a Dios con integridad y en verdad.

Fíjense bien como dice la segunda parte de este versículo; aquí nos dice: “…y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová...”  Aquí Josué se estaba refiriendo a los dioses egipcios que ese pueblo sirvió; dioses hechos de madera, piedra, o metales preciosos hechos por el hombre sin poder alguno [11].

Pero les digo en el día de hoy que hoy en día existen dioses en los hogares de muchos creyentes.  Quizás algunos digan, bueno pastor eso no es conmigo, yo no tengo nada de eso en mi casa.  Quizás no tengas nada de eso en tu hogar, pero detengámonos aquí por un breve instante para descubrir si estamos sirviendo a los dioses de este mundo.

Preguntémonos, ¿servimos al dios material?  El materialismo es un problema que prevalece en un país como el nuestro, porque en lugar de poner nuestra confianza en el Señor, confiamos en nuestra cuenta bancaria o en nuestros ahorros, en nuestra educación, y en nuestras posesiones.  Esto nos conduce a pasar la vida entera persiguiendo lo material, y nos parece que nunca tenemos lo suficiente.

Preguntémonos, ¿servimos al dios de la ambición?  La realidad es que muchos permiten que sus carreras y sus ambiciones se conviertan en su dios.  Muchos son los que se preocupan más en el obtener éxito en su carrera o profesión, que en conducir su vida según Dios.  Muchos son lo que comprometen sus principios y fundamentos cristianos por el amor al dinero.

En otras palabras, se preocupan muy poco o nada por la obra del Señor y dedican la mayor parte de sus esfuerzos buscando la prosperidad económica y la satisfacción de sus ambiciones.  Y es exactamente por eso que en Colosenses 3:2 encontramos que se nos dice: “…Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra…”

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