Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

No sé cuantos de ustedes presenciaron y se gozaron de lo que sucedió el domingo pasado después del servicio, pero para los que no estuvieron presente, permítanme hacer un breve recuento. Después que se termino el servicio, los músicos del grupo de alabanzas nos pusimos a jugar, y comenzamos a tocar diferentes ritmos.

De buenas a primeras caímos en un ritmo improvisado y contagioso, y de entre algunas de las personas que todavía no se habían marchado, un hermano comenzó a improvisar una alabanza. Lo que sucedió fue algo completamente fuera de lo hacemos normalmente, pero definitivamente todos sentimos la manifestación del Espíritu Santo. ¿Por qué les he dicho esto?

He iniciado el servicio de hoy con un testimonio de lo que sucedió la semana pasada porque la realidad es que la mayoría de los creyentes han formado un concepto de cómo Dios debe actuar, y cómo deben suceder las cosas, y no aceptan o no están dispuestos a cambiar. El problema que existe es que como he dicho en numerosas ocasiones, nuestras opiniones no siempre son correctas[1]. ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que en ocasiones nosotros le imponemos condiciones a Dios; se nos olvida que Dios es Todopoderoso y Soberano, y que no siempre actuara de la manera que nosotros esperamos. Y es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy.

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En los versículos que vamos a examinar hoy encontraremos tres poderosas lecciones. Número uno; nuestra opinión en ocasiones nos conduce a conclusiones equivocadas. Número dos; Dios no siempre obra de la manera que esperamos. Número tres; cuando Dios obra seremos irreconocibles. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Juan 9:1-11Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. En este punto de la historia la popularidad de Jesús había crecido, y existía una lucha continua entre Jesús y los líderes judíos de ese entonces[2]. Jesús luchaba en contra de personas que creían conocer la mente de Dios. Pero no obstante esto, Jesús deseaba revelarles la verdad, y no retrocedería de una confrontación.

Esto es algo que queda bien evidente en Juan 8:42-44 cuando leemos: “…Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.  43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira…” ¿Por qué debemos notar estos detalles?

Es necesario notar estos detalles porque estos nos revelan que en este punto de la historia, Jesús estaba luchando en contra de un pueblo que había formado su propia opinión acerca de cómo Dios debía actuar, y que era un pueblo que dependía más de los rituales y tradiciones que en Dios. ¿Les suena conocido algo de esto?

Debe sonarle conocido porque la realidad es que la mayoría de nosotros no somos muy diferentes al pueblo de antigüedad. El pueblo de Dios de hoy también ha formado opiniones de cómo Dios debe, y tiene que actuar; y de cómo Dios se manifiesta.

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En otras palabras, se nos ha olvidado o no queremos aceptar que el Todopoderoso es Soberano y no siempre actúa de la manera que pensamos o deseamos. Así que manteniendo esto en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

I. Nuestra opinión en ocasiones nos conduce a conclusiones equivocadas.

“…Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él…”

Quiero que notemos que en este instante los discípulos no le pidieron al Señor que sanara a este hombre. ¿Por qué no se lo pidieron, o al menos mencionaron? No fue porque ellos no supieran que Él tenía el poder de hacerlo, ya que en este momento en la historia Jesús estaba desarrollando su ministerio completamente, y este no hubiese sido su primer milagro o sanidad[3].

Así que podemos decir con certeza que el desconocimiento de autoridad y poder no fue lo que les detuvo de decirle algo al Señor de sanar a este hombre. ¿Qué fue lo que les detuvo? Lo que les detuvo fue las nociones erróneas que ellos tenían acerca de Dios. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque la mayoría del pueblo judío creía que nacer con una incapacidad significaba que era un castigo de Dios debido al pecado de alguien en la familia.  También habían algunos que creían y enseñaban que el propio bebe podía pecar dentro del vientre de su madre, y que esto les conduciría a nacer incapacitados.

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Estas son ideas que a nosotros ahora nos suenan absurdas, pero esto es algo que era enseñado por la mayoría de los rabinos de ese entonces. Eran enseñanzas basadas más en la opinión y superstición del hombre que en la Palabra de Dios. Eran enseñanzas completamente erróneas. Y es por eso que vemos que cuando ellos le preguntaron ¿quién pecó? Jesús les contesto: “…No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él…” Con esta respuesta Jesús les enseño a ellos, y a nosotros, lo poco que conocemos la mente de Dios.

La realidad es que ninguno de nosotros ni tan siquiera podemos imaginarnos lo que Dios esta pensando. Pero de algo que si podemos estar completamente seguros es de que Dios desea lo mejor para cada uno de nosotros.

Esto es algo que queda bien declarado en Jeremías 29:11 cuando leemos: “…Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis…” Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios quiere lo mejor para ti.