Una de las mejores tácticas que emplea el enemigo contra los cristianos, es implantar la duda y el temor en nuestra mente. Y dentro de esta táctica, él trata de convencernos a pensar que Dios nos ha rechazado, y se ha olvidado de nosotros. La razón por la que intenta esto es porque él sabe muy bien, que si logra que una persona se sienta de esta manera, entonces él podrá desviarle fácilmente de los caminos de Dios.

Digo esto porque una persona que se siente rechazada o abandonada por Dios, acudirá a esconderse en las actividades de este mundo, y en la mayoría de los casos, estas actividades nos separan de la voluntad de Dios. Así que la pregunta que debemos hacernos es: ¿se ha olvidado Dios de nosotros o nos ha rechazado de Su lado?

Para contestar nuestra pregunta, hoy vamos a estudiar el capítulo 19 de Primera de Reyes. Debido a que el tiempo que compartimos es limitado, no vamos a leer capítulo completo, sino que vamos a usar los versículos claves que responderán nuestra pregunta, y que nos proporcionaran el alimento espiritual que tanto necesitamos.

Ahora bien, para tener un mejor entendimiento de lo que estaba sucediendo en ese entonces, y entender de cómo lo que vamos a estudiar se aplica a nuestra vida hoy en día, hagamos ahora un breve repaso de historia.

Anuncios

Lo primero que debemos notar es que en este momento en la historia, los profetas de Dios habían sufrido una gran persecución en manos de Jezabel [1]. Ahora bien, sé que la mayoría de nosotros hemos escuchado el nombre de Jezabel en otras ocasiones, y que este nombre es normalmente asociado con la manipulación, seducción, y el odio por la autoridad espiritual. Pero, ¿quién fue esta mujer?

Jezabel fue una reina del antiguo Israel. Ella fue la hija del rey de Sidón, y se caso con el rey de Israel Acab. Ella uso su influencia manipuladora y seductora sobre el rey de Israel, lo que condujo a que la religión pagana de Baal fuera patrocinada por el rey [2]. Todo esto condujo a una persecución de los profetas de Dios por parte de esta reina, y Elías pronto se encontró solo [3]. Pero aunque Elías aparentaba estar solo, en realidad no lo estaba.

La realidad es que Elías estaba mejor acompañado que nadie, ya que Dios nunca se aparto de él. Y prueba de esto es la victoria que Dios le entrego sobre los profetas de Baal. Digo esto porque Elías reto a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, a que ellos probaran que su Dios era superior a Jehová, pero por mucho que ellos hicieron y gritaron, nada pudieron cumplir; sin embargo, Jehová si produjo una gran señal del cielo, de esta manera entregándole la victoria total a Elías [4].

¿Por qué es necesario saber estos detalles? Debemos saber estos detalles, porque ellos nos demuestran dos cosas muy importantes, que todo creyente debe tener siempre muy en mente.

Número uno; nos demuestran que si no estamos parados firme en nuestra fe, la influencia de otros puede ocasionar que nos desviemos de los caminos de Dios, igual que le sucedió al rey de Israel. Recordemos que el espíritu seductor y manipulador de Jezabel está muy vivo, y que buscara desviarnos de los caminos de Dios en todo momento.

Recordemos lo que nos dice el Señor en su mensaje a la iglesia en Tiatira en Apocalipsis 2:20 cuando leemos: “…Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos…” Dile a la persona que tienes a tu lado, cuidado con Jezabel.

Anuncios

Número dos; nos demuestran que aunque en ocasiones nosotros nos podamos sentir solos, o que nuestro enemigo es superior en número a nosotros, Dios nunca abandona al siervo fiel, y le entrega la victoria sobre toda ocasión. Bueno, manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Cuando la reina Jezabel se entero de la gran derrota que tuvieron los profetas de Baal en mano de Elías, ella prometió matarle y él huyo por temor (verss. 1-3) [5]. El temor le condujo a huir por el desierto, y se sentía tan mal y angustiado que hasta deseo que le llegara la muerte. Fíjense bien como esto queda bien claro en: 1 Reyes 19:4 cuando leemos: “…Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres….”

Este hombre quien había siempre obedecido a Dios; este hombre quien Dios había usado grandemente para demostrar Su majestad y poder, ahora se encontraba huyendo. En otras palabras, este siervo fiel ahora se encontraba alejándose de la voluntad de Dios. Las circunstancias que le rodeaban habían causado que se diera por vencido, huyo, y buscaba esconderse.

Fíjense bien como nos dice la Palabra aquí en 1 Reyes 19:8-9 cuando leemos: “…Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?…” Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿sucede esto en nuestra vida?

La realidad es que lo que le sucedió a Elías no es muy diferente a lo que le sucede a muchos. Digo esto porque la gran mayoría de nosotros al encontrarnos en una situación difícil, lo primero que tendemos hacer es huir, y acudir a nuestro refugio.

En el caso de Elías vemos que él acudió a una cueva donde él buscaba esconderse, pero para nosotros esa cueva de refugio pueden ser muchas otras cosas.

Anuncios

Para nosotros ese refugio puede ser una amistad muy cercana; para nosotros ese refugio puede ser un pariente muy querido; para nosotros ese refugio puede ser un grupo u organización; en otras palabras, para nosotros esa cueva puede ser todo aquello que nos provee un sentir de seguridad, pero que no necesariamente caen o están dentro de la voluntad de Dios. Este ciertamente fue el caso con Elías, él huyo por cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a este lugar donde él pensaba que estaba salvo de la persecución de Jezabel, y se escondió.

Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿era aquí donde Dios le quería? La respuesta es no, y es por eso que Dios le pregunta: “…¿Qué haces aquí, Elías?..” Dile a la persona que tiene a tu lado, Dios no te quiere escondido.