Predicas Cristianas… Predicaciones Cristianas

Hace algún tiempo atrás la iglesia vivía el mover del Espíritu Santo en cada servicio. Llegábamos a la casa de Dios con entusiasmo y devoción, los cultos consistían de numerosos miembros, pero en estos últimos tiempos, estamos experimentado una quietud. En otras palabras, la congregación ha entrado en un estado de latencia.

Todos nos hemos dado cuenta que un buen número de miembros de la congregación dejaron de asistir; otros asisten de manera intermitente, y otros asistimos regularmente a los cultos, pero no desarrollamos una ferviente actividad en la Iglesia, como el Señor nos manda, sino que esperamos que otros actúen por nosotros, o que otros hagan lo que Dios propone en nuestro corazón.

Y tal vez nos preguntemos ¿qué paso?, ¿qué nos pasó?, ¿qué nos pasa?, ¿por qué estamos así? En la congregación no ha sucedido nada que responda estas preguntas; la doctrina y enseñanzas que ofrecemos ha sido la misma desde el principio de esta iglesia. Siempre nos hemos mantenido, y continuaremos manteniendo en la verdad de Dios.

Aquí nunca ha existido el chisme, nunca han sucedido problemas entre los miembros. Aquí no existe el celo, no existe la envidia, no existe la vanagloria, no existe la arrogancia, no existe el orgullo.  Pero entonces, ¿qué paso?, ¿qué nos pasó?, ¿qué nos pasa?, ¿por qué estamos así?

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La respuesta a estas preguntas es fácilmente encontrada en las palabras del Señor cuando leemos: “…El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir…” (Juan 10:10). Esto contesta todos nuestros interrogantes; nuestro enemigo ha entrado encubiertamente en la vida de muchos, y les ha separado de las bendiciones de Dios. ¿Cómo podemos evitar que esto suceda en nuestra vida? Este será el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

1 Samuel 7:3Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de la historia.

El primer libro de Samuel describe la transición de liderazgo en Israel de jueces a reyes; en otras palabras de la teocracia a la monarquía. Y como podemos ver reflejado en los versículos que estamos usando hoy, Samuel tuvo la distinción de ser el primer profeta[1].

Esto es algo que queda bien claro en 1 Samuel 3:19-21 cuando leemos: “…Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová…”

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En este punto de la historia, Israel se había acomodado en la Tierra Prometida. Ellos no tenían un rey que los gobernaba, no existía un gobierno central que dictaba leyes, exigía impuestos y que mantenía un ejército. La razón por la que nada de eso existía es porque no les hacía falta, ellos eran gobernados por jueces que Dios escogía.

Esto es algo que queda bien claro en Jueces 2:18 cuando leemos: “…Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían…”

En realidad éste pueblo debió haber estado extremadamente gozoso ya que Dios mismo era quien les guiaba y protegía, pero aparentemente esto no fue lo suficiente. Y es exactamente por esa razón que vemos que ellos llegaron a pedirle a Dios que dejara de levantar jueces, y que les diera un rey al igual que todas las naciones[2].

En otras palabras, escogieron ser guiados por el hombre, en vez de continuar siendo guiados y protegidos por el Todopoderoso. ¿Por qué es necesario saber estos detalles? Es necesario saber estos detalles porque en ellos encontramos como la historia se repite. ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que el pueblo de Dios de ese entonces, al igual que la iglesia hoy en día, cayó en un estado de latencia. En otras palabras, menospreciamos, o no le damos valor a las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo cuando permitimos ser guiados por Él. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continúenos ahora con nuestro estudio de hoy.

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La gran realidad es que ignorar o no prestar atención a la Palabra de Dios es algo que continúa siendo un grave problema dentro del pueblo de Dios de hoy. Digo esto porque ese pueblo fue escogido para ser algo extremadamente diferente y especial[3], y nosotros también fuimos escogidos de la misma manera.

Dios nos ha escogido para que seamos muy diferente al mundo; Dios nos ha escogido para que sirvamos de luz en este mundo de tinieblas[4]. Pero no obstante esto, existe un buen número de personas dentro del pueblo de Dios que insisten en no ser diferentes del resto del mundo. ¿Por qué sucede esto?

La razón principal por la que esto sucede es porque por naturaleza, a las personas les gusta ser aceptados por aquellos que les rodean.

El problema que existe es que cuando perseveramos en ser aceptado por el hombre, en vez de ser más aceptados por Dios, entonces dejamos de ser especial; nos convertimos en parte de la mezcla. Esto significa que nuestra manera de pensar y actuar será influenciada más por las circunstancias y situaciones que nos rodean, envés de por la Palabra de Dios.

Esto significa que nuestra manera de pensar y actuar será influenciada más por lo que es comúnmente aceptado por el mundo, envés de lo que es aceptado por Dios. Y como fieles creyentes, esto es algo que nunca podemos permitir que suceda en nuestra vida, sino que tenemos que rechazar lo que el mundo nos ofrece, y transformarnos en quien Dios desea que seamos.

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