En ocasiones hacer la voluntad de Dios no es nada fácil, ¿verdad? Hay veces que nosotros escuchamos cuando Dios nos habla, pero se nos hace difícil obedecer. No les estoy hablando de que Dios nos hable en una forma audible, aunque si puede suceder. Pero Dios si nos habla a nosotros de diferentes maneras.

Dios nos habla a través de Su Palabra, nos habla a través de la convicción, y nos habla a través de nuestros hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo. El caso es que Dios le habla a Su pueblo, y lo hace con frecuencia. Pero como les dije, en ocasiones a nosotros se nos hace difícil escuchar Su voz.

Yo diría que la razón principal por la que en ocasiones, a muchos de nosotros se nos hace difícil escuchar su voz, es porque en casi toda ocasión que recibimos Su mensaje, las tareas a cumplir no son nada fáciles. Pero, ¿qué tenemos que hacer nosotros al escuchar Su voz? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Hechos 9:10-19Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

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Yo diría que lo que sucedió aquí con Ananías, tiene que ser uno de los mejores ejemplos de obediencia que pueden ser encontrados en la palabra de Dios. La razón por la que digo esto, es porque aquí encontramos a este hombre quien era muy similar a cualquier persona aquí. Ahora bien, a pesar de que no se nos dice mucho acerca de este hombre, podemos confiadamente asumir, que él tiene que haber sido una persona que había hecho un compromiso genuino con Dios.

Podemos confiadamente asumir que Ananías perseveraba en la santidad, oraba, y buscaba la presencia de Dios en su vida. La razón por la que podemos asumir todas estas cosas, es porque como todos bien sabemos, Dios aparta su rostro de los hacedores de iniquidad [1].

Así que seguramente él tenía una familia, trabajaba, y lo más probable es que su vida no era nada del otro mundo; sin embargo, en este día Dios usaría a Ananías de forma muy especial.

En este día Dios le hablo, y le dijo que hiciera algo bastante difícil de entender, y más importante aún, muy difícil de obedecer. Fíjense bien en lo que sucedió para que entiendan lo que les digo; Dios le hablo y le dijo: “…Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista…” Lo que Dios pidió de este siervo no fue nada fácil de entender, y obedecer.

La razón por la que digo que no fue nada fácil de entender y obedecer, es porque este hombre llamado Saulo era el mismo que perseguía a la iglesia primitiva; Saulo era el mismo que entregaba a los cristianos en las manos de las autoridades religiosas, y el responsable del sufrimiento de muchos [2]. Este hombre llamado Saulo era el enemigo número uno de los cristianos de ese entonces; sin embargo, Dios tenía un propósito con él.

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Desdichadamente, muchos de nosotros no logramos entender el propósito de Dios en determinadas situaciones. En la mayoría de los casos, nosotros actuamos igual que actuó Ananías al principio; en otras palabras, dudamos, y debatimos con Dios al escuchar Su voz.

Digo esto porque como cuando Ananías reconoció el nombre de Saulo, él inmediatamente dijo: “…Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre…”

Así que como podemos ver, cuando Ananías inicialmente escuchó el mensaje de Dios, él hizo como la mayoría de nosotros tendemos a hacer. De momento él le contestó a Dios diciendo “…heme aquí…”, pero al escuchar lo que Dios pedía de él, también le dijo, no puedes estar correcto en lo que me envías a hacer. Pero la realidad del caso es que Dios no comete errores. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios tiene un propósito en todo.

Lo que le sucedió a Ananías es que él no sabía que el Señor ya estaba trabajando en la vida de Saulo [3]. Dios tenía un propósito con la vida de Saulo, y Él tiene un propósito en la vida de toda persona que se deja guiar por Su santo espíritu.

Dios tiene un propósito en la vida de toda persona que se entrega a Jesucristo [4]. Quizás nosotros no alcancemos ver el propósito de Dios de inmediato; inicialmente puede ser que no entendamos lo que Él está haciendo, pero lo que debemos mantener siempre en mente es que Dios no comete errores cuando nos llama. Dios conoce nuestro potencial, y Dios conoce nuestro corazón.

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Aquí vemos que Ananías escucho la voz de Dios, pero más importante de todo es que él la reconoció. Esto es algo de suma importancia, porque desdichadamente existen muchos que no han aprendido a reconocer la voz del Señor, y por ende son fácilmente desviados de los caminos de Dios.

Pero las preguntas ahora surgen son: ¿cómo sabemos cuando Dios nos habla? ¿Cómo podemos saber cuándo es Dios quien nos habla? ¿Podemos estar escuchando al enemigo equivocadamente? ¿Existe alguna manera de saber?

La palabra de Dios nos da una gran advertencia acerca de este tema, como encontramos en 1 Juan 4:1 cuando leemos, “…Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo….”

Y en los versículos que estamos estudiando hoy, encontramos tres elementos que nos ayudaran a discernir entre la voz de Dios y la voz del enemigo, quien se disfraza de diferentes maneras para confundir y alejarnos de la voluntad de Dios [5]. Examinemos estos elementos ahora.

La primera manera de saber cuando Dios nos habla, es que como les dije, Dios es un Dios de propósito. Cuando Dios nos habla, Dios tiene un propósito en mente, y nos da instrucciones específicas a seguir. Esto fue exactamente lo que sucedió en el caso de Ananías.

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