Predicas Cristianas – Estudios Biblicos

¿A cuántos aquí les gustan los deportes? No importa cual deporte sea, puede ser el fútbol, el balón cesto, el béisbol, o cualquier otro de los numerosos deportes que existen. ¿Cuántos tienen un atleta o equipo preferido? Habiendo establecido que algunos de nosotros somos fanáticos, o seguimos un deporte, y que tenemos un equipo o atleta preferido, ahora permítanme hacer otra pregunta; ¿Por qué preferimos a ese atleta o equipo? ¿Los preferimos porque son los que más pierden?  ¿Los preferimos porque son los peores deportistas? ¿Los preferimos porque son los más malos que existen? Claro está en que la respuesta es no.

Aunque nuestro equipo o deportista favorito quizás no siempre ganen, o sean los más destacados en un juego, nosotros les preferimos porque juegan bien, y el equipo está bien coordinado.  ¿Cómo han podido ellos ganar nuestra lealtad o corazón? Ellos han logrado esto porque nos han demostrado que aunque quizás no siempre ganen, ellos se esfuerzan al 100% para vencer. Y lograr esa intensidad de esfuerzo es algo que toma determinación, y entrenamiento físico extensivo. Bueno, hasta aquí con los deportes y atletas

Ahora pregunto: ¿cuántos desean ser personas vencedoras en la vida? Claro está en que todos queremos vencer. Todos queremos ser victoriosos en todo momento, pero para poder lograr ésta meta tenemos que hacer como los deportistas. Tenemos que prepararnos y acondicionarnos. ¿Cómo logramos esto? Hoy vamos a explorar un régimen de ejercicio de solo tres pasos que nos ayudaran a acondicionarnos para ser vencedores.  Así que pasemos ahora a la Palabra de Dios para iniciar nuestro estudio.

1 Pedro 1:13-16Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

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Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado…” Prestemos atención a la palabra ceñid; deseo que hagamos esto porque parte de la definición de ésta palabra es: “concretarse a una ocupación”[1]. Así que si genuinamente deseamos ser vencedores, el primer paso a seguir es preparar nuestra mente (entendimiento). Uno de los errores más comunes cometido por los creyentes es que no preparamos nuestra mente debidamente. Esto sucede porque todos tenemos diferentes opiniones o ideas de cómo deben suceder las cosas. El problema que existe con esto es que cuando las cosas no suceden como nosotros pensamos, entonces nos decepcionamos, nos desilusionamos, y tendemos a caer en un estado de depresión. En otras palabras, dejamos de ver la gracia de Dios en nuestra vida, y comenzamos a sentirnos solos y aislados. Comenzamos a sentirnos que estamos a la merced de la injusticia y maldad, y se nos olvida o permitimos que el enemigo bloquee de nuestra mente que no estamos solos[2]. Dile a la persona que tienes a tu lado, no estamos desamparados.

Nuestro enemigo siente gran placer cuando puede aislar al creyente; él sabe que un creyente aislado, es un creyente débil. Un creyente aislado es una presa fácil. Es por eso que en Hebreos 10:24-25 encontramos que se nos dice: “…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca…” Ustedes no se pueden imaginar la cantidad de veces que he escuchado: “para agradar Dios no hace falta congregarse”. Pero la realidad es que esa declaración no es completamente correcta. Aunque es verdad que una persona le puede ser fiel a Dios sin congregarse, eso no es lo normal o a lo que estamos llamados. Aunque es verdad que el Espíritu Santo acompaña al creyente fiel en todo momento, si no nos fortalecemos en Él, si no fortalecemos nuestra fe, entonces nos convertiremos en una presa fácil para el enemigo.

Continuando vemos que se nos dice: “…sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.” Tenemos que preparar nuestra mente siendo sobrios. Quiero detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración. Cuandoescuchamos la palabra “sobrio”, lo primero que viene a nuestra mente es la bebida alcohólica; sin embargo, ésta palabra no es sola y exclusivamente usada para describir al que no está borracho. Digo esto porque una persona puede quedar completamente embriagada, es decir en un estado de mente que no razona o reacciona correctamente, cuando solo busca satisfacer su apetito por los deseos de la carne, o las vanidades de ésta vida. Y una persona que hace esto es una persona que no sabe o no está dispuesto a esperar en la gracia de Dios. ¿Por qué sucede esto?

Esto sucede porque como les dije, todos aquí tenemos un concepto o idea de cómo y cuando deben suceder las cosas, pero las cosas en numerosas ocasiones no suceden como y cuando nosotros pensamos[3]. En otras palabras, lo que sucede con frecuencia es que la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a esperar en el tiempo de Dios, y subsecuentemente forzamos las situaciones. Y es por eso que les digo que el primer paso de nuestro entrenamiento es preparar nuestra mente. Al igual que un deportista prepara su mente antes de un juego, nosotros tenemos que preparar nuestra mente antes de enfrentarnos al mundo. Un deportista se prepara antes de un juego a través de la meditación (describir la técnica de visualizar), y nosotros tenemos que preparar nuestra mente antes de salir de nuestro hogar con la oración. Dile a la persona que tienes a tu lado; ora antes de salir.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia…” cuando genuinamente deseamos conducir una vida vencedora, el segundo paso a seguir es preparar nuestro corazón. ¿Sabían ustedes que la palabra “corazón” aparece en la Biblia más de 750 veces? Ahora permítanme hacer otra pregunta: ¿creen ustedes que esto ha sucedido por coincidencia? Claro que no;  no ha sucedido por coincidencia porque aunque la palabra corazón es usada para describir el órgano vital nuestro cuerpo, esta palabra es frecuentemente usada para describir nuestros pensamientos y sentimientos[4]. Y cuando permitimos que nuestro corazón sea contaminado por las cosas del mundo, entonces la Palabra de Dios se hace infructuosa.

¿Qué podemos hacer para evitar que la Palabra de Dios se haga infructuosa en nuestra vida? Lo primero que tenemos que hacer es rendirnos a la voluntad de Dios y permitir que el Espíritu Santo sea quien nos guié en todo momento. Recordemos siempre lo que nos dice las escrituras en Romanos 8:14 cuando leemos: “…Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios…” En otras palabras tenemos que escuchar al Espíritu Santo cuando nos habla y nos da convicción de las cosas. Tenemos que aprender a caminar en el Espíritu Santo en todo momento y no solo en ciertas ocasiones. Si decimos que somos seguidores de Cristo tenemos que aprender a deshacernos de esos impulsos o deseos de la carne que nos alejan de la voluntad de Dios. Recordemos siempre lo que encontramos en Gálatas 5:24-25 cuando leemos: “…Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”   El Espíritu Santo es quien acondiciona nuestro corazón, y quien nos fortalece para que podamos ofrecerle a Dios el 100% de nuestro esfuerzo en todo momento. Esto nos conduce al tercer paso en nuestro régimen de ejercicio.

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