Continuando con nuestro estudio leemos: “…sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Una vez que cambiamos nuestra manera de pensar, y acondicionamos nuestro corazón para actuar de la manera que Dios desea que actuemos, el tercer paso a seguir es actuar en nuestra preparación. Como les he dicho en otras ocasiones, Dios habita en la santidad, y cuando nosotros perseveramos en la santidad, entonces Él nos revela nuestras debilidades y transgresiones. Pero, ¿qué quiere decir perseverar en la santidad?

Cuando se habla de perseverar en la santidad, una buena porción de los creyentes piensan que es que tienen que ser perfectos.  Pero la gran realidad es que ésta manera de pensar es completamente equivocada, ninguno de nosotros somos perfectos, y por mucho que tratemos nunca lo seremos[5]. Todos aquí hacemos cosas que después que pensamos en ellas, no nos podemos explicar porque actuamos de esa forma; en otras palabras todos nos quedamos corto de la perfección de Dios. El hombre no es perfecto, el único hombre prefecto que ha existido es Jesús[6]. Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración.

Con lo que les he dicho, no he dicho ni implicado que porque no somos perfectos tenemos una licencia para pecar. La Palabra aquí es muy clara y nos dice: “…sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir…” Así que lo que les estoy diciendo es que tenemos que perseverar en la santidad; esto significa es que no podemos reincidir en el pecado. En otras palabras, cuando recibimos convicción de que lo que estamos haciendo no es agradable a Dios, no podemos continuar haciéndolo. Cuandorecibimos convicción de que lo que estamos haciendo o hemos hecho no agrada a Dios, primero de todo debemos arrepentirnos ante nuestro Padre celestial; segundo, si es necesario, pedirle perdón a aquellos que quizás hallamos herido con nuestras acciones.

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Así que perseverar en la santidad no es ser perfectos, sino es esforzarnos a ser más como Jesús en todo momento. Perseverar en la santidad no es que seamos súper religiosos, y que adoptemos una actitud de ser más santos que el santísimo. Perseverar en la santidad es como nos dice el Señor en Marcos 12:30-31 cuando leemos: “…Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos…” Perseverar en la santidad no es hacer las cosas por obligación o religión; perseverar en la santidad no es dejar de hacer las cosas por temor de ser castigados o condenados. Perseverar en la santidad es hacerlo todo por el amor que sentimos por nuestro Padre celestial.

Para concluir. Para que un deportista pueda servir de uso en su equipo, el deportista tiene que entrenar. El deportista tiene que entrenar su mente, en otras palabras tiene que saber las reglas y regulaciones del deporte. El deportista tiene que entrenar su sistema cardiovascular; cualquiera no puede jugar un deporte sin antes acondicionar su corazón. Y después de su entrenamiento, el deportista tiene que usarlo todo para poder servirle de bien a su equipo.

El cristiano no es nada diferente; el cristiano tiene que entrenarse si desea servir a Dios correctamente. El cristiano tiene que iniciar cambiando su manera de pensar; tenemos que renovar nuestros pensamientos; tenemos que tener conocimiento de la Palabra de Dios. El cristiano tiene que entrenar su corazón; esto quiere decir que tenemos que dejar atrás las memorias del pasado, y tenemos que movernos siempre hacia el amor de Dios.

Tenemos que abandonar todas las cosas del mundo, y entregarnos completamente al amor de Dios. De no preparar nuestro corazón, entonces no duraremos mucho en la fe, sino que pronto caeremos desilusionados y derrotados por los golpes de éste mundo. Si queremos ser vencedores y genuinamente agradar a nuestro Padre celestial, entonces tenemos que usar todo lo que hemos aprendido, y perseverar en una vida de santidad

El atleta o deportista se entrena rigurosamente, ahora la pregunta que queda es: ¿te entrenaras tú?

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[1] Diccionario de la Real Academia Española
[2] Juan 14:16
[3] 2 Pedro 3:8
[4] Mateo 15:19
[5] Romanos 7:15
[6] Hebreos 7:28