Les voy a abrir mi corazón por un momento; después del servicio de la semana pasada, la realidad es que me quede un poco deprimido. La razón por la que esto me sucedió, fue debido a la poca asistencia que experimentamos. Pero como  les dije la semana pasada, y les reitero hoy, no podemos permitir que los pensamientos negativos, (que nos son nada más que ataques del diablo), nos detengan. No podemos permitir que el diablo mentiroso se salga con la suya, sino que tenemos que perseverar en nuestra fe, depositando toda nuestra confianza en Dios, y esperar en Él.

Así que en cuanto me di cuenta de mi condición, escuche en mi mente algo que el Señor dijo cuando fue rechazado en Nazaret: “…Médico, cúrate a ti mismo…” [1]. En otras palabras, pastor, ¡escucha tu predica!, y enseguida reprendí a ese demonio mentiroso, y recupere nuevas fuerzas en el Señor [2].  Y no fue solamente por mi fe que inmediatamente recocí, y supere este estado, sino que también fue, porque yo sé que a todos nosotros nos daría mucho placer ver la congregación crecer.

A todos los que nos reunimos aquí, nos daría mucho placer ver que nuestra congregación creciera de tal manera, que pudiésemos hacer más y más todos los días. A todos nos gustaría que nuestra congregación creciera de tal manera,  que pudiésemos alcanzar a todas esas personas que están completamente perdidas en las falsas doctrinas, mentiras, mitos, filosofías, y la falsedad de la religión.  Pero esto es algo imposible sin la ayuda de todos aquí, así que en el día de hoy quiero hablarles acerca de algo que es de suma importancia para ayudarnos a alcanzar nuestra meta, quiero hablarles acerca de la visión.

Como todos sabemos Dios tiene un propósito con nuestra vida. Dios tiene un plan con esta congregación, un plan con Su iglesia; un plan cual todos debemos estar buscando, y haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que sea cumplido. Y es por eso que les digo en el día de hoy que como fieles seguidores de Jesucristo, y verdaderos adoradores de nuestro Dios, nosotros tenemos que unirnos como iglesia que somos, y obrar arduamente para engrandecer el reino de Dios aquí en la tierra. Todos tenemos que concentrarnos en la visión que Dios nos ha dado. Les digo esto porque si no tenemos una visión, si no estamos obrando para Dios, pues entonces pereceremos. Fíjense bien lo que dice:

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Proverbios 29:18Sin profecía el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienaventurado.

Para mejor entender el mensaje que el Señor tiene para nosotros en el día de hoy, será necesario que nos detengamos aquí por un breve momento, y que examinemos dos palabras claves contenidas en este versículo: “profecía” y “desenfrena”.

La palabra “profecía” empleada aquí es una traducción de la palabra hebrea “חָזוֹן” (pronunciada: khä·zōn’) cuya definición es: 1. visión A. visión (en estado de éxtasis), B. visión (en la noche), C. visión, oráculo, profecía (comunicación divina), D. visión (como título del libro de profecía) [3].

La palabra “desenfrena” es una traducción de la palabra hebrea “פָּרַע” (pronunciada: pä·rah’), cuyo significado en este caso es: perecer [4]. Es por eso que la traducción de este versículo usada en la biblia King James dice: “…Donde no hay visión, la gente perece: pero el que guarda la ley, feliz es él…”. Manteniendo estas dos definiciones en mente, continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy, para descubrir el significado de estas dos pequeñas palabras en nuestra vida, y como iglesia.

La primera palabra clave “profecía”, cuya definición es visión, es de suma importancia, porque si no compartimos la misma visión, si no estamos haciendo todo lo posible para engrandecer el reino de Dios aquí en la tierra, entonces estamos en gran peligro. Digo esto porque la realidad de todo es que cuando las personas no comparten la misma visión, entonces se les hace muy fácil sentirse satisfechos.

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Por ejemplo; si en el matrimonio nuestra pareja no comparte la visión de querer proveer un mejor futuro a los hijos, entonces no hará nada para ayudar a que esto suceda.  No trabajara más de lo que ya hace, no ahorrara dinero para pagar por una educación superior, no impartirá la visión de superar en sus hijos, etc. etc. En otras palabras, la persona se sentirá satisfecha con lo que hace, y no buscara mejorar.

Lo mismo sucede en cuanto a la iglesia.  Cuando no compartimos la misma visión de los líderes, entonces se nos hará muy fácil sentirnos satisfechos. Se nos hará bien fácil pensar y sentir, que estamos haciendo lo suficiente para la obra de Dios, cuando en realidad ese no es el caso.

Por ejemplo; los ministros, diáconos, y/o cualquier otra posición ministerial que pueda existir en la congregación, comienzan a pensar que hacen lo suficiente los días de servicio.  En otras palabras, existen muchos que ocupan posiciones ministeriales que se acomodan dé tal manera, que si se les pide que hagan algo más, sienten que es un estorbo, una inconveniencia o desconsideración.  Y es exactamente debido a esto, que no es fuera de lo común, encontrar como algunos pastores tienen que mendingarles a las personas para que hagan las cosas correctamente.  Pero lamentablemente, esto no es algo que se limita a solamente los que ocupan una posición ministerial en la iglesia.

Los miembros de las congregaciones también llegan a acomodarse de tal manera, que llegan a pensar que con asistir a los cultos, y de vez en cuando entregar una ofrenda, han cumplido con Dios.  Pero siento informarles que nada de esto es la realidad; cuando pensamos de esta manera la realidad es que no estamos cumpliendo con Dios, sino más bien estamos cumpliendo con el hombre.

En otras palabras, lo que estamos haciendo es justificando en nuestra mente nuestras actitudes, estamos justificando nuestras acciones, pero más importante y más peligroso que nada, en muchas ocasiones estamos justificando el pecado que puede existir en nuestra vida. De ahí la segunda palabra clave: “desenfrena” cuya definición según el diccionario es: “Desmandarse, entregarse desordenadamente a los vicios y maldades [5].” En otras palabras, como vimos en la traducción de la biblia de King James, la vida espiritual de la persona perece.

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La realidad es que todo creyente debe, y tiene, que obrar más para Dios.  Como he repetido en varias ocasiones, las cosas en el mundo hoy en día van de mal en peor, y estos serios problemas que confronta el mundo pueden fácilmente afectar a nuestra congregación.  Es por eso que digo que como fieles cristianos, lo primero que nosotros debemos, y tenemos que buscar es que el propósito de Dios se cumpla en nuestra vida, y en nuestra congregación [6].  Dile a la persona que tienes a tu lado: primero Dios.

Permítanme explicarme mejor. Como algunos de ustedes saben, en junio nosotros conmemoramos el aniversario de esta congregación. Llevamos diecisiete años de servicio al Señor, grandemente bendecidos, y siempre alabando y dando gracias a Dios en todo, y por todo.  Pero durante ese tiempo, nosotros teníamos que renovar el contrato de arrendamiento; algo que normalmente es renovado por un periodo de uno o dos años.

Pero debido a la situación económica que enfrenta la congregación, yo tuve que negociar con los dueños de este local, para que ellos permitieran que nos quedásemos aquí sin contrato alguno, y que no nos subieran la renta (esto es algo completamente fuera de lo común en el mundo de negocios). Ellos accedieron a mi propuesta, y le damos todo el merito a Dios por haber tocado sus corazones, y dotado de amabilidad y bondad.

Ahora bien, el hecho de que no tenemos un contrato no significa que seremos desalojados mañana, pero si implica que si el día de mañana ellos cambian de mente, ellos pueden demandar que desalojemos el local en cualquier momento, y no tenemos protección legal alguna.

Por fe, porque yo sé que el Señor tiene planes con nosotros, yo sé que los planes del Señor con esta congregación son superiores a cualquier cosa que nosotros nos podamos imaginar [7].  Puedo decir esto con tanta certeza porque cuando abrimos esta obra, el Señor nos dio una visión.

El Señor bendijo este ministerio de tal manera, que desde su inicio nunca nos ha faltado nada; nunca hemos carecido de nada.  Es más, en casi todo tiempo nosotros siempre hemos tenido una sobreabundancia, y a través de los años hemos ayudado a numerosos miembros de la congregación; pero, mirando a mi alrededor hoy en día, me hago la misma pregunta que el Señor se hizo después de haber sanado a los diez leprosos, y solo uno regreso para agradecerle “…¿donde están?..” [8].  Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios merece nuestra gratitud.

Una gran porción, sino todas, de las congregaciones continuamente piden dinero, exigen el diezmo, y demandan ofrendas.  En otras palabras, los líderes continuamente tienen sus manos metidas en los bolsillos de los miembros de la congregación, pero este nunca ha sido, y nunca será el caso aquí.  Todos los que obramos aquí, desde un principio hemos compartido la misma visión.  Todos los que obramos aquí tenemos la convicción de que: “Dios abrió esta obra y que Dios la mantendrá.” Y es exactamente por esta visión y convicción, que aquí no se habla del dinero; aquí no se exige y demanda el diezmo.

En esta congregación, está prohibido pedir ofrendas especiales para esto y para lo otro. Nuestra visión y convicción, nos prohíbe hacer algún tipo de actividad donde las personas tengan que pagar; nuestra convicción nos prohíbe vender artículos o realizar eventos para recaudar fondos.  No somos una iglesia rica en dinero; pero somos ricos en bendiciones.

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