Predicas Cristianas – Estudios Biblicos

Como todos sabemos Cristo ama a la humanidad incondicionalmente, y Él nos llama a que nosotros nos amemos los unos a los otros[1]. Pero desdichadamente, muchos de nosotros fallamos en cumplir este mandato de nuestro Señor. Desdichadamente algo siempre se interpone o surge, que evita, o nos detiene, amarnos los unos a los otros de la manera que Cristo nos ha indicado. Así que ahora debemos preguntarnos: ¿qué detiene que nos amemos de la manera que Cristo nos manda?

Cuando analizamos esa pregunta, y somos honestos con nosotros mismos, siempre encontraremos que a pesar de que nuestras acciones y/o opiniones, o las acciones y/o opiniones de otros afectan nuestros sentimientos, existe un denominador en común que nos detiene, o impide que cumplamos este mandamiento tan importante del Señor[2]. ¿Cuál es el denominador en común?

El denominador en común es que nosotros criticamos, juzgamos, y condenamos, a nuestros hermanos. El grave problema esta en que cuando juzgamos lo hacemos sin tener toda la evidencia; y aun cuando tenemos alguna evidencia, no la examinamos completa y de manera imparcial. En muchas ocasiones saltamos a conclusiones y determinamos acciones basadas en impulsos de la carne sin considerar los sentimientos de los demás. Es por eso que quiero que en el día de hoy examinemos este tema más de cerca; examinemos lo que el Señor nos enseña acerca de juzgar; pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Mateo 7:1-5No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5!!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano

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Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día hoy, debemos examinar la definición de la palabra “juzgar.” Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra juzgar es definida como: “1. Dicho de la persona que tiene autoridad para ello: Deliberar acerca de la culpabilidad de alguien, o de la razón que le asiste en un asunto, y sentenciar lo procedente. 2. Formar opinión sobre algo o alguien. 3. Afirmar, previa la comparación de dos o más ideas, las relaciones que existen entre ellas.”

Ahora bien, como todos ustedes se pueden imaginar, a través de mi carrera secular, yo tuve la oportunidad de ser parte de, y de ser testigo en no en uno ni dos juicios. En los veintisiete años de mi servicio a la comunidad como policía, yo participe en, y presencie numerosos juicios. Y dos cosas imprescindibles en todo juicio son que el juez y el jurado tienen que ser imparciales, y que nadie es sentenciado o condenado sin que todos los hechos y evidencias sean examinados detalladamente. El problema que existe es que en la mayoría de las ocasiones, nosotros no hacemos esto, sino que juzgamos y condenamos a una persona basada en una sola acción, o error. En otras palabras, permitimos que el enemigo nos demuestre lo que nosotros consideramos una falta o un fallo, para que dejemos de ver la imagen completa, o para que dejemos de ver lo bueno.

Y es exactamente por esa razón que aquí vemos que el Señor nos ha dejado esta advertencia tan importante. Fíjense bien como nos dice el Señor: “…No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 5!!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano…” Lo primero que vemos aquí es que el Señor nos dice que no juzguemos. ¿Por qué nos dice esto? Nos dice esto porque la realidad es que ninguno de nosotros somos perfectos. Ninguno de nosotros somos capaces de juzgar y mucho menos de condenar a nadie[3]. Solamente existe un juez justo, y su nombre es Jesús.

Antes de continuar deseo hacer una pausa, porque quiero que quede muy claro que con lo que les estoy diciendo, y con lo que les voy a decir, yo no estoy hablándoles acerca de los juicios morales que en ocasiones debemos y tenemos que hacer.

No les estoy hablando acerca de esas ocasiones específicas, cuando tendremos que juzgar nuestro valor moral. No les estoy hablando acerca de las determinaciones que como fieles creyentes tendremos que tomar apartándonos del mal. Existen ocasiones en que tendremos que usar nuestro juicio, para tomar decisiones y actuar de la manera que Dios demanda y espera[4]. Pero aun en esas ocasiones, el Señor nos dice que tenemos que examinar toda la evidencia detalladamente, y no solo una acción o error que alguien pueda cometer[5].

Así que quiero que quede bien claro que no les estoy hablando acerca de ocasiones especificas, cuando nosotros sabemos que la persona persiste en hacer el mal. Pero cuando tomamos determinaciones basadas en nuestra propia opinión les digo hoy, ¡MUCHO CUIDADO! porque “…con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido….” ¿Saben por qué les digo esto? Se los digo porque juzgar basado en nuestra opinión y no basado en la Palabra de Dios, descubre la hipocresía que existe en nosotros. Jesús lo dijo bien claro cuando dijo: “.!!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano…”

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Existen numerosas razones por la que muchos juzgan, critican, y condenan injustamente; seria imposible cubrir todas las razones en este poco tiempo que compartimos, pero les expondré cuatro ejemplos que considero importantes.

Primero; criticar y juzgar a otros en muchas ocasiones eleva la imagen que tenemos acerca de nosotros mismos. Señalar las faltas de otra persona y despedazar su carácter y obra nos hace sentir mejor, al menos en nuestros propios ojos. Actuar de esta manera es algo que aumenta nuestro ego, e imagen propia.

Segundo; desdichadamente criticar y juzgar a otros en ocasiones nos place. Pensemos esto por un breve instante para descubrir si lo que les digo es verdad. ¿Con qué frecuencia recibes buenas noticias? Existe un refrán muy popular aquí en los Estados Unidos que dice: “no noticias es buena noticia” (no news is good news) y esto es verdad. Es verdad porque las buenas noticias no llegan con frecuencia, pero las malas noticias se esparcen como fuego en el bosque. La razón por la que las malas noticias se esparcen de esta manera es porque el ser humano toma placer en escuchar, y compartir las cosas malas.