Si se recuerdan, la semana pasada les predique acerca de la reconstrucción del Templo.  Como les dije durante esa predicación, el Templo de Dios somos cada una de nosotros. Y si realmente deseamos ser la diferencia en este mundo, entonces tenemos que edificar, reconstruir, y/o fortalecer el Templo de Dios.

Tenemos que esforzarnos y pelear en contra de todos esos sentimientos (desanimo y/o apatía), y circunstancias que se presentan en nuestra vida cotidiana que tratan de apartarnos de la presencia de Dios. Porque la realidad es que si no estamos conscientes de nuestra condición espiritual, y no hacemos nada para fortalecer nuestro espíritu y el Templo del Espíritu Santo, entonces siempre caeremos corto de la meta. Es decir, tarde o temprano seremos arrastrados por la corriente de maldad que corre por este mundo, cederemos al pecado, y seremos separados de la presencia de Dios [1].

Así que hoy deseo continuar con más o menos el estudio de la semana pasada, es decir, el Templo de Dios. En esta noche estaremos estudiando un tema que no es enseñado con frecuencia, y que muchos no le prestan atención.  Pero no estaremos enfocando el estudio de esta noche en lo que fue el Templo que David deseo construir [2], pero que su hijo Salomón fue quien lo pudo cumplir [3], sino que esta noche nos concentraremos en el primer lugar de reunión que Dios pidió de su pueblo.

Esta noche les voy a presentar un breve estudio acerca del Tabernáculo de Moisés. Digo que es un breve estudio, porque un estudio profundo de todos los detalles y símbolos de este lugar, se extendería bastante. Así que hoy exploraremos brevemente el Tabernáculo de Moisés con el propósito de descubrir el significado que existe en él, ya que la Biblia completa está edificada sobre el servicio, ordenanzas, y ceremonias conectadas con esta estructura.

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Esta noche estaremos haciendo un breve repaso del tabernáculo completo, pero el mensaje principal de hoy lo encontraremos en uno de los inmobiliarios contenido dentro de la estructura.  Hoy nos vamos a concentrar en el candelero de oro.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Éxodo 25:1-9Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. 3 Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7 piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. 8 Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. 9 Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.

Lo primero que encontramos aquí, es que Dios le pide a Moisés que recoja una ofrenda para la construcción del tabernáculo.  Lo segundo que notamos, es que Dios fue bien específico en lo que debería ser recogido, y de quien debería ser recogido.  Las razones por estas instrucciones tan específicas fueron dos.

Primero, Dios desea que lo que se entregue para Su obra sea entregado de nuestra propia voluntad, y de todo corazón.  Fíjense bien como esto quedo bien claro aquí cuando leemos: “…Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda…”  (vers. 2). Y quiero que nos fijemos muy bien aquí que el Señor dijo: “…que la diere de su voluntad, de corazón…”

Y para que quede bien claro el punto que deseo hacerles, les leeré ahora la traducción de este versículo según la Nueva Traducción Viviente de la Biblia que nos dice así: “…Acepta las contribuciones de todos los que tengan el corazón dispuesto a ofrendar…” ¿Por qué he deseado que nos fijemos en esta sección específicamente? La razón por la que he tomado el tiempo de detenernos aquí en este versículo, es porque esta es una de las razones, por la que aquí predicamos en contra de toda persona que demanda y obliga a las personas a diezmar.

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No quiero entrar en el tema del diezmo y ofrenda hoy, pero basta decir que toda persona que ofrenda o diezma por obligación, y no de corazón, no agrada a Dios. Digo esto porque como podemos apreciar, Dios pide ofrenda solo de aquellos que “…tengan el corazón dispuesto a ofrendar…” (NTV). Dile a la persona que tienes a tu lado: no es por obligación la cosa.

Segundo, todos estos materiales simbolizan ciertas cosas, y esto es algo que podremos apreciar según procedamos en nuestro estudio de hoy.  Una cosa muy importante a notar es que todo aspecto de esta estructura fue diseñado por Dios. Nada, pero nada, fue dejado a la imaginación o interpretación del hombre.  Esto es algo que queda bien claro aquí cuando leemos (vers. 9): “…Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios diseñó el Tabernáculo.

Así que sin duda alguna, Dios fue el arquitecto divino de esta estructura, y de todo artículo contenido dentro de ella. Habiendo establecido estos breves detalles, continuemos ahora con nuestro estudio, y examinemos ahora dos de los materiales utilizados que nos revelaran el mensaje que Dios tiene para nosotros hoy.

Primero examinemos el significado y/o simbolismo del oro.

Como todos sabemos, el oro es uno de los metales preciosos que existen en el mundo, y en ese entonces era el más valioso. Es por eso que tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, podemos apreciar que el oro es usado como un símbolo de la soberanía, deidad, y majestad de Dios [4].

Segundo tenemos el aceite para el alumbrado.

¿Qué representa el aceite para el alumbrado? El aceite para el alumbrado, es un símbolo del Espíritu Santo. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque en los versículos que estamos estudiando hoy, vemos que el aceite se utiliza en conexión con la luz, y nos sugiere el ministerio de iluminación que realiza el Espíritu Santo [5].

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Esto es algo que el apóstol Pablo explica de mejor manera en Efesios 1:17-18 cuando leemos: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. 18 Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos…” (NVI). Así que con este breve detalle en mente, examinemos ahora el candelero de oro, para descubrir el mensaje de Dios para nosotros.

En Éxodo 25:31 encontramos que Dios mandó a que se construyera el candelero. Él dijo: “…Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo…” Como podemos claramente apreciar, el candelero de oro fue fabricado de una pieza de oro, y diseñado de una forma muy específica.

El candelero tenía una caña central (su pie), desde donde procedían seis brazos, tres a cada lado del pie central.  Así que cuando contamos todos los brazos encontramos que existen siete en total.

Ahora bien, cuando pensamos en el candelero, lo primero que viene a la mente de las personas es un adorno pequeño donde se ponen velas ardientes, pero quiero que quede bien claro que este no es el caso aquí.  Según lo que he podido encontrar, el candelero media casi cinco pies de altura, y pesaba aproximadamente 110 libras.  Dile a la persona que tienes a tu lado: de pequeño nada.

Este candelero tenía una lámpara de aceite en cada uno de sus brazos.  La razón por esto es porque las velas se queman al consumirse, pero las lámparas continúan dando luz según son abastecidas de aceite.   Así que sobre los siete brazos, había siete lámparas encendidas que quemaban continuamente delante del Señor. Aquí es donde comienza nuestra lección para el día de hoy.  Nuestra lección comienza en los propósitos que cumplía este candelero.

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