Hace unos días atrás recibí varias correspondencias electrónicas de una persona que se identificaba como cristiana, que evidentemente no estaba de acuerdo con nuestra posición en cuanto al diezmo, y a la doctrina de prosperidad (herejías que han infiltrado la iglesia), y el tono y contenido de dicha correspondencia, no reflejaban el amor de Cristo o una fe genuina.

Digo esto porque el contenido de la correspondencia juzgaba, condenaba, y maldecía al ministerio, y todo esto sin tener el más mínimo conocimiento de quien somos. Claro está en que no pude quedarme callado, y le conteste con la palabra de Dios, pero evidentemente esto no fue lo suficiente para esta persona. Esta persona me contesto que Satanás también conocía muy bien la Palabra de Dios, respuesta que insinúa que nosotros servimos al diablo.

No se pueden imaginar lo mucho que me molesto esa respuesta, y debo admitirles que mi respuesta la segunda vez fue bastante fuerte, pero nuevamente le respondí usando la única arma con la que nos podemos defender, le respondí usando la palabra de Dios.

Pero después que se me paso el insulto, me puse a pensar y a reflexionar en la actitud de esta persona y me pregunte, ¿qué causa que un cristiano actúe de esta manera? ¿Qué causa que un cristiano niegue a Cristo con sus acciones? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Lucas 22:31-34Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

Cómo todos sabemos, estos acontecimientos que estamos examinando en el día de hoy tomaron lugar durante la última cena del Señor. Demás está decir que en este punto de la historia el ministerio de nuestro Señor aquí en la tierra estaba por cumplirse, y que Él había demostrado Su verdadera identidad y poder en más de una ocasión.

Así que no creo que sea necesario que enumeremos todas las señales y milagros que Él había hecho antes de llegar a este punto de la historia, pero si deseo que todos tengamos muy en mente que Simón había sido testigo de la mayoría sino de todas estas cosas. Digo esto porque él había estado con Jesús desde el inicio de Su ministerio [1].

Quiero que estemos muy conscientes del hecho que Simón había presenciado con sus ojos los milagros, y había escuchado con sus oídos las enseñanzas de Jesús. Nadie se lo dijo, nadie se lo contó, él estuvo presente, lo que nos deja saber sin duda alguna que Simón conocía la verdadera identidad del que muchos llamaban rabí o maestro. ¿Por qué he querido que todos notemos tanto lo obvio?

He querido que hagamos nota muy especial de esto, porque este breve detalle nos demuestra que toda persona, sin excepción de una, puede ser influenciada por poderes externos de tal manera que niegue el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros. Continuemos ahora con nuestro estudio para que entiendan bien lo que les digo.

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Continuando con nuestro estudio leemos (vers. 31), “…Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo…” Pero, ¿qué quiere decir esto? La clave para entender este versículo reposa en dos cosas.

Número uno en las palabras “…ha pedido…” Digo esto porque estas palabras originan de la palabra griega ἐξαιτέω (pronunciación: “exa-íteó)”, que significa “pedir que uno sea entregado a otro del poder de otro” [2].

También deseo que notemos muy bien que el Señor dijo, “…os…” Necesitamos estar conscientes de este breve detalle porque esta palabra es plural; en otras palabras, Jesús no dijo el diablo te ha pedido, sino que dijo “…os ha pedido…”

Sé que todo esto puede sonar un poco confuso, pero no lo es. Para ponerlo más simple aún, lo que Jesús le estaba diciendo aquí a Simon es que el diablo le había pedido permiso a Dios para tratar de afectar la vida de los discípulos, y que Dios se lo había concedido. ¿Cómo haría el diablo esto? La respuesta la encontramos en la segunda clave de este versículo que es, “…zarandearos como a trigo…”

Para la mayoría de nosotros sino todos, estas palabras aquí tienen muy poco significado, ya que ninguno de nosotros cegamos o trabajamos con el trigo. Así que para que podamos tener un mejor entendimiento de lo que Jesús les estaba advirtiendo, y lo que nos advierte a nosotros hoy en día, exploremos brevemente lo que significa zarandear el trigo.

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Zarandear el trigo es el proceso para separar el grano de la paja; y esto era hecho poniendo el grano encima de un tamiz y sacudiéndolo fuertemente de un lado a otro. Al hacer esto, la paja queda atrapada en el tamiz, y el grano limpio cae en el receptor. Cuando tenemos en mente el significado de este proceso, entonces no es difícil concluir que aquí Jesús les estaba advirtiendo, y nos advierte a nosotros, que el diablo sacudiría sus vidas con tentaciones, para de esa forma tratar de separarles de la presencia de Dios.

El hecho de que Dios permita que la vida de un creyente fiel pueda ser sacudida por tentaciones es algo que puede causar, y ha causado alguna confusión en la vida de muchos. Digo esto porque muchos son los que dicen, ¿cómo puede permitir Dios que esto me suceda?

Pero por razones desconocidas a nosotros, Dios en ocasiones permite que el enemigo nos sacuda de un lado al otro a través de las tentaciones. El mejor ejemplo que podemos encontrar de todo esto es en la vida de Job. En Job 1:1 encontramos que se nos dice, “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” Y después en Job 1:12 encontramos, “Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.”

Job no entendió el motivo de su prueba, y quizás muchos de nosotros aun no lo entendamos, pero lo que todo esto nos enseña es que los momentos de tribulación son inevitables. Son inevitables porque al igual que la misión de Jesús fue de salvar nuestra alma, la misión del diablo es de tratar de separarnos de la presencia de Dios y conducirnos al infierno con él [3]. Así que dile al que tienes a tu lado, vas a ser zarandeado. Pero aunque el enemigo nos zarandee, grande es Dios que nunca permitirá que seamos zarandeados de forma que no podamos soportar [4].

Simón y los discípulos estaban a punto de atravesar un momento muy difícil en su vida; ellos estaban a punto de ser separados de aquel en quien ellos habían depositado toda su fe. Y aunque ellos habían escuchado las enseñanzas de nuestro Señor, ellos en realidad no habían entendido completamente o quizás no habían confiado absolutamente en lo que Él les dijo en Mateo 20:18-19 cuando leemos, “…He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.”

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