No sé si se acuerdan, pero la semana pasada les hable acerca de la liberación, y les conté el breve testimonio de esa persona que me contacto buscando un servicio de liberación. Si se recordaran, también les mencione que existen muchos cristianos igual que esa persona, y que ese tipo de petición es algo muy común hoy en día. En otras palabras, les conté el testimonio de esa persona que le había fallado su fe, y que ahora se encontraba nuevamente perdida en las tinieblas. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿por qué nos falla la fe?

En realidad existe una gran variedad de razones, pero yo diría que la razón principal es porque la mayoría de nosotros andamos por el mundo vestido indebidamente. Sé que la mayoría de ustedes ya deben estar pensando que la predica de hoy será acerca de la armadura de Dios, pero si piensas así estas parcialmente correcto.

La armadura de Dios es algo que todo cristiano fiel debe usar en todo momento [1]; pero la armadura, aunque imprescindible, no puede ser nuestra única vestimenta.

Digo esto porque ningún soldado se pondría la coraza, es decir, esa parte esencial de la armadura que protege el área del pecho y los órganos vitales, sin algo debajo. No lo harían porque las corazas de ese entonces eran hechas de varias gruesas capas de piel, o de metal esculpido; unas eran mejores que otras y unas más livianas que otras, pero en todo caso el uso de este tipo de armamento sin algún tipo protección debajo, causaría que el armamento fuera algo irritante e incomodo.

Así que en el día de hoy vamos a explorar la ropa que debemos, y tenemos, que vestir debajo de la armadura de Dios. Pasemos ahora a la palabra de Dios para encontrarla.

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Colosenses 3:12-14Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otro si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Como acostumbro a decir, para obtener un menor entendimiento del estudio bíblico de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Esta carta fue escrita por el apóstol Pablo a la iglesia que estaba en Colosas [2], durante su primer encarcelamiento romano, alrededor del 60-61 d.C.

La razón por la que Pablo escribió esta carta, es porque una herejía invasora amenazaba a la iglesia, la cual era predominantemente gentil [3]. Lo que estaba sucediendo es que la iglesia de Colosas estaba siendo invadida por un sistema religioso, que combinaba los elementos de las especulaciones Griegas, el legalismo Judío, y el misticismo del Oriente. Y es por eso que el tema resonante de esta epístola es la preeminencia y suficiencia de Cristo en todo [4].

Esto es algo que el apóstol les dice claramente en Colosenses 2:8-10 cuando leemos “…Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad…” Así que podemos confiadamente decir, que el apóstol Pablo escribió esta epístola con la intención de detener que esa herejía tomase raíz en la iglesia. Ahora la pregunta que surge es: ¿por qué debemos saber estas cosas?

La razón por la que debemos tener un buen conocimiento de estas cosas, es porque la realidad es que no existe mucha diferencia entre la iglesia de ese entonces y la iglesia de hoy. El plan del enemigo no cambia; el plan del enemigo es destruir la obra de Dios aquí en la tierra, y su ataque es constante [5].

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Mientras que nosotros dormimos o descansamos, los poderes de las tinieblas buscan destruir lo que Dios ha iniciado en nuestra vida.

¿Cómo tratara de hacer esto? Lo tratara de hacer empleando las mismas tácticas ya probadas que funcionan; lo tratara de hacer sembrando duda, rebelión, ira y contienda.

Lo tratara de hacer sembrando herejía, en otras palabras, sembrando pensamientos erróneos que van en contra de los verdaderos principios cristianos. Esto todo es hecho con un propósito, y este propósito es separarnos de la presencia de nuestro Rey y Salvador.

Esto es algo que queda muy bien declarado en la advertencia del apóstol Pedro según encontramos en 1 Pedro 5:8 cuando leemos, “…Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” Sin embargo, esto es algo que sucederá solo si no estamos debidamente vestidos y equipados.

Tenemos que estar equipados con la armadura de Dios para que podamos dar la buena batalla, pero antes de ponernos la armadura, primero tenemos que deshacernos de esos trapos de inmundicia que una vez tuvimos puesto, y vestirnos con la ropa que Dios nos ha proporcionado. Esto es algo que queda claramente declarado cuando leemos “…Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados…” Dile a la persona que tienes a tu lado, vístete de santidad.

Si queremos que la armadura de Dios nos quede cómoda, la primera pieza que tenemos ponernos es la santidad [6]. Al igual que Dios libero al pueblo judío de la esclavitud de Egipto, Él nos ha liberado a nosotros de la esclavitud a este mundo de maldad. Él nos proporciono el camino que nos conduce a Su presencia, y su nombre es Jesús. Y como fieles cristianos, nosotros tenemos que siempre buscar la voluntad de Dios en nuestra vida, ya que estamos llamados a ser imitadores de Cristo. Esto es algo que se nos dice claramente en Efesios 5:1 cuando leemos: “…Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados…”

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La segunda pieza que debemos vestir es la misericordia; la Palabra nos dice, “…de entrañable misericordia…” Esta es una pieza esencial en la vestidura de Dios, pero desdichadamente es una pieza que a muchos se les olvida poner.

La palabra misericordia significa compasión y piedad. Dios nos ha demostrado tanta misericordia y piedad, que ambas cosas deben sobreabundar en todo cristiano por todos aquellos que nos rodean que puedan estar heridos, solitarios, y hambrientos. En otras palabras el cristiano no puede ignorar las necesidades de otros, ya que se nos ha llamado a actuar para suplir las necesidades de aquellos que han caído en la batalla, o que aun se encuentran perdidos en el desierto de este mundo sin esperanza de encontrar la salida.

La tercera pieza que debemos vestir es la “benignidad.” ¿Por qué es tan importante vestir esta pieza? Esta pieza es de suma importancia, porque es la que nos permite mantenernos considerados y amables, buenos y bondadosos, a pesar de las circunstancias que nos puedan rodear.

Una persona benévola o piadosa, es una persona que ama a los que le rodean de la manera que Dios nos ha llamado a amar. Recordemos siempre lo que nos dice el Señor como encontramos en Lucas 6:35 cuando leemos: “…Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos…”

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