Como les he mencionado en varias ocasiones, Dios nos habla en todo momento. Dios nos habla a través de predicas y estudios bíblicos. Dios nos habla a través de mensajes cristianos que escuchamos. Dios nos habla a través de las alabanzas que escuchamos, y que cantamos. Dios nos habla a través de nuestros hermanos y hermanas en la fe. Así que no es como el mundo quiere hacernos creer, Dios nos habla en todo momento. Pero el problema que surge, es que nosotros no siempre estamos dispuestos a escuchar. La mayoría de nosotros le oímos claramente, pero como sabemos, oír y escuchar son dos cosas diferentes. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿por qué es que Dios nos habla?

La mayoría de las personas contestaran esa pregunta diciendo que es para regañarnos por nuestras faltas, pero la realidad es que este no es el caso. Claro esta en que todos aquí necesitamos que se nos dé un buen jalón de orejas de vez en cuando, pero en la mayoría de los casos, este no es el propósito de Dios cuando nos habla. ¿Cuál es el propósito de Dios?

El propósito de Dios es guiarnos hacia Su voluntad. El propósito principal de Dios, es guiarnos a las bendiciones que Él tiene reservadas para nosotros. Y es exactamente por eso, que en más de una ocasión les he predicado acerca de estar atentos a la voz de Dios. Pero no es solo estar atentos, sino también tenemos que estar listos para actuar según Su voluntad, ya que es ahí exactamente donde encontraremos las bendiciones.

Ahora pregunto, ¿cuántos desean recibir las bendiciones que Dios les tiene reservada? Claro que todos lo deseamos, así que pasemos ahora a la palabra de Dios, y veamos un ejemplo de la bendición que existe cuando estamos dispuestos a escuchar, y a obedecer cuando Dios nos habla.

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Génesis 12:1-4Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un pequeño repaso de historia. Así que, examinemos un poco la vida de Abram antes de llegar a este punto de la historia. Abram creció en la ciudad de Ur, y esta ciudad era la más importante de los Caldeos. Era una ciudad muy importante porque ellos tenían un gran comercio con otras ciudades, y también tenían una librería bien extensa; fue aquí donde Abram obtuvo su educación [1].

Luego la familia decidió mudarse a Canaán, pero al llegar a Harán se detuvieron e hicieron morada en esa tierra. En la ciudad de Harán, después de la muerte de su padre Taré, Abram recibió su herencia, como era la costumbre en ese entonces [2].

¿Por qué debemos saber esto? Es necesario que sepamos esto, porque esta pequeña porción de la vida de Abram nos demuestra la condición en la que él se encontraba. Es necesario que observemos que en este punto de la historia Abram estaba cómodo. Abram no tenía muchas necesidades físicas o materiales, pero un gran cambio estaba cerca. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios tenía otro propósito con su vida.

Creo que con estos breves detalles históricos, todos hemos llegado a la misma conclusión. Todos llegamos a la conclusión que cuando más cómodo Abram estaba, cuando más completa aparentaba su vida, Dios lo llamo a que lo dejara todo. Dios lo llamo a que dejara esa comodidad y seguridad. Estos acontecimientos en la vida de Abram nos conducen más o menos a estos versículos que estamos utilizando en el día de hoy. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

En los versículos que estamos usando en el día de hoy leemos: “…Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré…” Déjenme decirles que cumplir con lo que Dios le estaba mandando, no pudo ser algo fácil para Abram. Dile a la persona que tienes a tu lado: no es fácil. La razón por la que digo que obedecer lo que Dios le estaba pidiendo no pudo ser algo fácil, es porque cuando Dios le dijo que hiciera esto, Abram no era un pollito de primavera. Cuando Dios le llamo a moverse de lugar, y a abandonar todo lo que tenía, Abram era un anciano setenta y cinco años [3], así que el viaje a Canaán no le sería nada fácil (no existían autopistas, calles de asfalto, autos, buses, trenes, aviones; solo existían caminos por el desierto).

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Es importante que notemos la edad de Abram, porque esto nos demuestra dos cosas. Número uno, nos demuestra que Dios nos puede llamar en cualquier momento. Número dos, Dios nos llamara a dejar nuestra comodidad. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque Dios pudo haber llamado a este hombre cuando era mucho más joven, pero no fue así. Dios lo llamo después de setenta y cinco años, lo llamo después que estaba muy acostumbrado a lo que tenía.

Abram estaba muy acostumbrado a la comodidad, y a las bendiciones que disfrutaba. Así que podemos decir con certeza que cuando más cómodo y bien él estaba, Dios lo llamo a abandonarlo todo y a enfrentarse a una ardua tarea, lo llamo a comenzar de nuevo. La pregunta que debemos hacernos ahora es, ¿espera Dios lo mismo de nosotros?

La respuesta es ¡SI! Lo que Dios pidió de Abraham fue algo que seguramente lo dejo un poco confundido, después de todo, Dios le estaba pidiendo que abandonara las bendiciones que Él le había entregado. Pero no obstante eso, Abram confió en que Dios tenía algo mejor para él. ¿Por qué confió Abram en que Dios tenía algo mejor para él? Abram no tuvo temor en cumplir con lo que Dios le pidió que hiciera, porque su fe no flaqueo. Pero con esto en mente, preguntémonos nuevamente, ¿nos ha llamado Dios a dejar nuestra comodidad? Te digo en el día de hoy que la respuesta a esta pregunta es SI.

Lamentablemente, existen muchos cristianos que no están dispuestos a dejar la comodidad. Existen muchos cristianos que no están dispuestos a moverse del lugar que se encuentran, y cuando hablo de moverse de lugar, no me estoy refiriendo a la congregación que asisten, (siempre y cuando en la congregación se esté enseñando y siguiendo la sana doctrina), sino que me estoy refiriendo a movernos hacia el campo de batalla, esto es, obrar para Dios. ¿Por qué existen tantos que no están dispuestos a obrar para Dios? La razón principal es el temor.

Lamentablemente, existen muchos cristianos que han permitido que el temor les detenga; que el temor a lo que pueda suceder, el temor a lo que se pueda pensar y/o decir de nosotros, los detenga de obrar para engrandecer el reino de Dios. Pero también existe otra razón que detiene a muchos, y la segunda razón es la comodidad.

Lamentablemente existen muchos cristianos que están tan cómodos en saber que son salvos, que se conforman con solo asistir a las reuniones y servicios de la iglesia. Pero debemos tener mucho cuidado si hemos alcanzado este nivel de comodidad en nuestra vida, ya que la palabra nos advierte: “…Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga…” (1 Corintios 10:12). Despierta a la persona que tienes a tu lado y dile: ¡cuidado!

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Ahora bien, no quiero que me mal interpreten, no estoy diciendo ni insinuando, que existe algo mal en tener convicción de que somos salvos, y que nos sintamos cómodos en nuestra convicción. Pero lo que si estoy diciendo, es que no podemos acomodarnos de tal manera, que no queramos movernos. Como fieles cristianos, no podemos acomodarnos de tal manera, que nos quedemos dormidos en los bancos y las sillas de la iglesia, porque una vez que esto sucede, entonces perderemos la habilidad de reconocer las oportunidades que Dios nos provee para engrandecer Su reino. En otras palabras, no alcanzaremos las ricas y abundantes bendiciones que Dios tiene para nosotros. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: ¡despierta! ¿Qué bendiciones tiene Dios para nosotros?

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra…” Lo que estamos viendo aquí, es que Abram recibió la promesa de que él seria el inicio de la bendición para toda familia en esta tierra; él recibió la oportunidad de ser la diferencia en este mundo de maldad; Abram recibió la oportunidad de obrar para engrandecer el reino de Dios.