Hoy deseo hablarles acerca de un tema crucial y delicado en nuestra vida como cristianos.  Hoy deseo que estudiemos acerca del perdón.  Deseo que estudiemos acerca de este tema, porque a pesar de que es una palabrita pequeña Nunca más me acordaré, dicha palabrita contiene un gran poder.  Para que puedan entender bien el poder que contiene esta pequeña palabrita, examinemos su significado.

La palabra perdón viene de la palabra griega ἄφεσις (afí-sis) que significa, liberado de la esclavitud o prisión; olvidarse de pecados (como si nunca hubiesen ocurrido); remisión de penalidad [1].  Como podemos observar, esta pequeña palabrita encierra un fuerte y poderoso significado. Y lamentablemente, la acción de perdonar es algo que muchos rehúsan, o son incapaces de hacer.

Yo diría que la razón principal por la que tantos encuentran la acción de perdonar difícil de cumplir, o quizás imposible, es porque en realidad no han entendido el significado y las condiciones referentes a este tema.  Ahora bien, todos aquí sabemos que una vez que llegamos a Cristo, todos nuestros pecados fueron perdonados, ¿verdad?  Pero ahora debemos preguntarnos, ¿cómo perdona Dios?

Debemos reflexionar en este asunto y preguntarnos, ¿existen condiciones acerca del perdón? ¿Cuanto debemos perdonar? ¿A quien debemos perdonar?  Y finalmente, ¿qué significado tiene todo esto?  Estas son las preguntas que vamos a explorar en el día de hoy.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Anuncios

Hebreos 10:16-17Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, 17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En realidad el autor de esta carta es desconocido, y existe una pequeña controversia acerca de todo esto.  Los eruditos de la palabra no logran llegar a un consenso, y algunos declaran que el autor fue Pablo, pero otros lo atribuyen a Bernabé, o a Lucas, o a Clemente.  Pero la realidad es que no existe un manuscrito que pruebe la identidad del autor.

De lo que si se puede estar seguro, es que el autor no fue alguien desconocido a la iglesia.  Esto es algo que queda bien reflejado en Hebreos 13:18 cuando leemos “…Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo….”  Así que podemos decir con certeza que esta carta fue dirigida a un grupo de creyentes, y definitivamente ellos conocían a esta persona [2].

También existe una pequeña polémica acerca de este grupo, ya que tampoco se puede decir con certeza el lugar donde ellos recibieron esta carta.  Pero la mayoría de los estudiantes de la Biblia, se sienten cómodos diciendo que la carta fue dirigida a los creyentes en Roma.

Esta opinión popular esta basada en Hebreos 13:24 que declara: “…Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan….”  Y el tema principal de esta carta, fue para demostrarles a ellos la superioridad de Jesucristo por encima del sistema judío que existía.  En otras palabras, demostrar que Jesucristo era superior a los ángeles, ya que los ángeles le adoraban [3]. Demostrar que Jesucristo era superior a Moisés, ya que Él le había creado [4]. Demostrar que Jesucristo era superior al sacerdocio de Aarón, ya que Su sacrificio fue una vez y para siempre [5]. Y finalmente demostrar que Jesucristo era superior a la ley mosaica, ya que Él había establecido un nuevo pacto [6]. Ahora bien, sé que seguramente algunos ya deben estar haciéndose esa pregunta ¿por qué es necesario que sepamos esto?

Debemos estar conscientes de estos detalles porque en ellos podemos fácilmente observar que al igual que la iglesia de hoy, la iglesia en Roma estaba compuesta de una gran diversidad de personas.  Es decir estaba compuesta de romanos, judíos, griegos, y demás.  Esto significa que al igual que hoy, existía una gran diversidad de costumbres, tradiciones, y maneras de pensar.  Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Anuncios

Lo primero que podemos encontrar en estos versículos, es que existe una gran diferencia entre el perdón de Dios, y el perdón humano.  El perdón de Dios es muy diferente al perdón humano porque el perdón de Dios es incondicional.

¿Cuántos han escuchado esa expresión, perdonar y olvidar? 

Creo firmemente que esa expresión nació de aquí cuando leemos: “…Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades…”  Pero este concepto de perdonar y olvidar, es algo que se le hace extremadamente difícil, sino imposible a la mayoría de las personas.   Una gran realidad es que las palabras “te perdono” en muchas ocasiones fluyen con facilidad de nuestra boca, pero olvidar lo que ha acontecido es algo que ocurre raramente.  ¿A cuantos le ha pasado algo similar?

Decir “te perdono” es extremadamente fácil decir, pero hacerlo de la misma manera que Dios lo hace es muy, pero muy, difícil. Digo esto porque todos nosotros podemos decir que hemos perdonado una ofensa, pero en la mayoría de los casos, cuando algo sucede que causa que nos recordemos de lo que sucedió, la primera reacción es sentir el mismo dolor, o rencor e ira.  Es por esa misma razón que no es fuera de lo común escuchar como muchos cristianos suelen repetir lo que encontramos en Éxodo 21:24 cuando leemos: “…ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie...”  Yo diría que este es el versículo más memorizado por toda persona, y definitivamente es el mejor reconocido por el mundo.  Pero debemos preguntarnos, ¿provienen estos pensamientos y sentimientos de Dios?  La respuesta por supuesto es no.

Ahora bien, me detengo aquí para hacer una pequeña aclaración; el “…ojo por ojo, y diente por diente…” era la actitud de todo el que vivía bajo el pacto de la ley, pero como se enfatiza en esta epístola, Jesucristo estableció un nuevo pacto, y ahora vivimos bajo el pacto de la gracia.  Es por esa razón que nunca podemos menospreciar, o ignorar lo que el Señor nos enseña acerca del perdón como encontramos en Mateo 6:14-15 cuando leemos: “…Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas…”  Y aun más claro en Mateo 5:38-39 cuando leemos: “…Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…”  En realidad aquí no existe ni una palabra que pueda ser mal interpretada o mal entendida.  Dile a la persona que tienes a tu lado, hay que perdonar para ser perdonado.

Para ser perdonados por Dios, tenemos que perdonar, esa es la condición del perdón.  La realidad es que el perdón, es el elemento crucial de nuestra salvación.  Así que como les dije, si al recordar hechos pasados llegamos a sentir la misma ira o dolor, debemos reconocer que esos pensamientos no proceden de Dios. Digo que no proceden de Dios porque Él no te desea que vivas adolorido, en contiendas, y lleno de ira. Dios desea que vivas en paz y armonía, Dios desea que vivas bendecido, y Su presencia siempre te guiara a la bendición [7].

Anuncios

Así que si al recordar momentos desagradables encuentras que tu mente aún se llena de ira y rencor, reconócelo por lo que es, un ataque del enemigo que busca conducirte a una vida de amargura, sufrimiento  y rencor, repréndelo en el nombre de Jesús [8], y escucha lo que el Señor te dice hoy: “…Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis…” (Jeremías 29:11).  Despierta a la persona que tienes atrás y dile: tenemos que perdonar y olvidar.

Pero el perdón no se detiene en solo perdonar a aquellos que nos han ofendido, también tenemos que perdonarnos a nosotros mismos.  Yo no sé cuantas veces he escuchado a personas decir “lo que yo he hecho no tiene perdón de Dios.”