Pero ese pensamiento no es algo que procede de Dios. Fíjense bien como esto es algo que queda bien reflejado en Apocalipsis 12:10 cuando leemos: “…Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche…”

Los poderes de las tinieblas siempre tratan de implantar pensamientos de ira, remordimiento, y de rencor en nuestra mente.

Como les he mencionado en numerosas ocasiones, nuestra mente es el campo principal de batalla de esta guerra en la que nos encontramos [9], y no podemos cederle territorio alguno al enemigo. Dile a la persona que tienes a tu lado: guarda tus pensamientos [10].

Como les dije, para recibir las bendiciones de Dios, no solo tenemos que perdonar a los que nos ofenden, también tenemos que perdonarnos a nosotros mismos. Así que si alguna vez has llegado a pensar que no tienes perdón de Dios, o cosa similar,  te voy a decir algo.  Si tu has llegado ante la presencia de Dios genuinamente arrepentido, presta mucha atención porque Dios no solo te ha perdonado, sino que también se ha olvidado de tu trasgresión.  Escucha hoy Su palabra que te dice: “…Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones….”

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Es por esa razón que cuando a nosotros lleguen esos pensamientos que tratan de separarnos de la presencia de Dios, como lo es el remordimiento, tenemos que reconocerlo por lo que son.  Son un ataque del enemigo para separarnos de la presencia de Dios.

Te digo hoy, tú tienes autoridad para negarle al enemigo esta avenida de ataque. 

Cuando lleguen estos pensamientos átalos, repréndelos, y échalos fuera de tu vida en el nombre de Jesús.  Recuerda que Jesús no vino para acusarte, Él vino a salvarte.  Fíjense bien como esto es algo que Él dijo en Lucas 18:11 cuando leemos: “…Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido…

Hasta ahora hemos cubierto cómo perdona Dios, la condición del perdón, y a quien debemos perdonar, pero ¿cuanto debemos perdonar?, y ¿qué significado tiene todo esto?  La respuesta a la primera pregunta es fácilmente encontrada en lo que nos enseña el Señor en Mateo 18:21-22 cuando leemos: “…Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete...”   ¿Qué nos deja saber esto?  Esto nos deja saber que no podemos limitar nuestro perdón.  Pero esto es algo que solo se puede lograr, cuando existe el amor de Cristo en nuestro corazón.

Hace un tiempo atrás, yo vi un documental acerca de un hombre que había brutalmente asesinado al hijo único de una pareja de ancianos. Este hombre había sido juzgado y encontrado culpable del crimen. Pero esto en si no fue lo que me impacto.  Lo que me impacto fue que esta pareja había perdonado a este hombre.  Pero lo más impactante de todo fue que en el día cuando este asesino seria sentenciado, esta pareja acudió al juez, y le rogaron que no le condenaran a muerte.

Debido a las suplicas de esta pareja, el juez no condeno a este asesino a muerte, sino le impuso una larga sentencia.  Pero esperen un momento porque esto se pone aun mejor.  Después que todo fue terminado y demás, esta pareja visito al asesino en la prisión y le presentaron el mensaje de salvación.

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Les cuento que este hombre malvado no solo acepto a Jesucristo como su Rey y Salvador, sino que formo un ministerio en la prisión.  ¿Cuántos dicen gloria a Dios? Hermanos, esto es algo que solo pudo suceder porque ellos tenían el amor de Cristo en sus corazones.  Solo cuando tenemos un amor genuino de Cristo en nuestro corazón podemos perdonar genuinamente.

Para concluir.  Nos queda la ultima pregunta, ¿qué quiere decir todo esto?  Reflexionemos en algo para contestar esta última pregunta.  ¿Dónde estaríamos hoy si Dios no nos hubiese perdonado?  No creo que tengamos que pensar mucho en el asunto para poder decir que estuviéramos completamente perdidos, y sin esperanza alguna de salvación, ya que la ley no nos puede salvar.

Ahora bien, no deseo que me vayan a malinterpretar; la ley tiene un lugar en nuestra vida, porque solo a través de la ley conocimos lo que es pecado, pero la ley no nos puede salvar ni justificar.  Esto es algo que queda bien reflejado en Romanos 3:20 cuando leemos: “…ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado…”

Dios envío a su hijo unigénito para que muriera por nuestros pecados [11], Él ha perdonando todas nuestras ofensas, y nos ha dado la salvación que no nos merecemos. Fue solo a través de Su gracia y amor, que ahora podemos ser considerados justos ante Dios [12].  Así que deseo que ahora tomemos un momento y reflexionemos en esta palabrita tan poderosa, reflexionemos en el perdón.  Pensemos en esos incidentes donde hemos encontrado difícil el perdonar.  Esos incidentes que no hemos podido olvidar.

Repasemos estos incidentes en nuestra mente, y oremos por esas personas a las que quizás les guardamos rencor, rogándole a Dios que permita que Su palabra penetre en esos corazones, para que ellos también obtengan la convicción de sus acciones, y lleguen al arrepentimiento.

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En Efesios 4:31 encontramos que la palabra nos declara: “…Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo…

Nunca nos podemos olvidar que la santidad de Dios es tan grande que no acepta ningún pecado, y que a la hora de perdonarte, Él no mide el tamaño de ellos. Dios perdona y olvida el pecado de toda persona arrepentida, y bendice a todo siervo fiel.  No permitas que el demonio te aparte de recibir esto.  No permitas que el demonio te aparte de las bendiciones de Dios, sino que en el día de hoy vamos a perdonar y olvidar.

[1] Blue Letter Bible Lexicon: Strong’s G859
[2] Hebreos 3:1
[3] Hebreos 1:6
[4] Hebreos 1:10
[5] Hebreos 10:10-12
[6] Hebreos 12:23-24
[7] Isaías 55:8-9
[8] Lucas 10:19
[9] Efesios 6:12
[10] Proverbios 4:23
[11] Juan 3:16
[12] Efesios 2:8-9

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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