Como todos sabemos, estamos en una temporada del año muy especial. Estamos en la temporada de las pascuas, y hoy es el día cuando tradicionalmente se estudia acerca de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la cual ha llegado a ser reconocida por muchos como el domingo de ramos. Demás está decir que en éste momento de la historia, Jesucristo era bastante reconocido. Como muchos acostumbran a decir, Su reputación le precedía.

En otras palabras existían muchos que habían sido testigos de las sanidades que Él había hecho; muchos habían sido testigos de cómo Él le había devuelto la vista a los ciegos; Él había sanado a los leprosos; Él había liberado a los endemoniados; y había hecho la señal más poderosa que podía hacer para demostrar Su verdadera identidad, Él había resucitado a Lázaro después de cuatro días de muerto.

Las señales que Él había demostrado habían tenido un gran impacto en el pueblo de ese entonces, y es exactamente por ésta razón que el pueblo salio a las calles a recibirle. El pueblo salio a recibir a quien muchos veían como el Mesías; a quien veían como la persona que les liberaría de las manos del Imperio Romano. Pero en muy corto tiempo este sentimiento de regocijo y jubilo cambiaria drásticamente. ¿Por qué sucedió esto? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.

Mateo 21:8-11 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡¡Hosanna al Hijo de David! ¡¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡¡Hosanna en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo primero que observamos aquí es que se nos dice que en Jerusalén había una gran multitud. Pero, ¿por qué había ésta gran multitud?

La razón por la que había una gran multitud es porque el pueblo judío estaba a punto de celebrar las pascuas. Ésta celebración comienza el día 15 del mes judío Nissan, y es uno de los tres mayores festivales celebrados por el pueblo judío con significado ambos histórico y agrícola.

Agrícolamente, ésta celebración representa el comienzo de la temporada de cosecha, pero muy poca atención es prestada a éste aspecto del festival. El principal motivo de ésta celebración es para conmemorar el acontecimiento histórico de la liberación del pueblo judío de las manos de Egipto [1].

Éste acontecimiento histórico marco el nacimiento de la nación judía, y es por esa razón que Dios ordeno que ésta fecha fuera observada con celebración. Esta celebración era algo y continúa siendo hasta el día de hoy, una celebración muy importante para el pueblo judío. Era, y es, un tiempo de reuniones familiares, grandes cenas, reuniones de oración y demás. En Israel las pascuas son siete días feriados, y el primero y último día es celebrado como un gran festival. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que observamos aquí es que se nos dice: “…Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino…” Pero, ¿qué significado tiene esto? Lo que estamos viendo aquí es el recibimiento de un rey. Estamos viendo un gran recibimiento ofrecido a un rey que acaba de triunfar sobre su enemigo en el campo de batalla, y que ahora regresaba nuevamente a su reino.

Ellos echaban sus mantos y cortaban ramas de árboles para tenderlos en el camino, esto demuestra que ellos pensaban que la tierra no era lo suficiente buena para que éste hombre caminara sobre ella. Según Jesús iba entrando en Jerusalén, éste pueblo le honraba y adoraba.

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Fíjense bien como nos dice aquí la Palabra cuando leemos: “…Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡¡Hosanna al Hijo de David! ¡¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡¡Hosanna en las alturas!..” Éstas son palabras de celebración; son palabras de júbilo. El rey que había sido profetizado [2], finalmente había llegado. La multitud que había presenciado los milagros y señales de nuestro Señor aclamaba diciendo, ¡Hosanna! Ahora pregunto, ¿cuántos saben el significado de esta palabra?

La palabra hosanna viene de la palabra hebrea ““ὡσαννά” (jó-saná), y ésta palabra es definida como “sálvanos” [3]. Así que como podemos ver, lo que ellos en realidad estaban diciendo es mi rey sálvanos. Inicialmente la multitud le reconoció por quien Él es, pero todo esto pronto cambiaria. Después de un pequeño tiempo, las alabanzas y el júbilo se terminarían y se volverían en traición y condenación.

Después de un pequeño tiempo, éste pueblo que gritaba “¡Hosanna al Hijo de David!” pronto escogería aceptar a un ladrón y homicida en la comunidad en vez de a Jesucristo [4]. Pero la pregunta que debemos hacernos ahora es, ¿por qué sucedió un cambio tan drástico?

La razón principal fue para que se cumplieran todas las profecías acerca de nuestro Señor. En si existen más de 300 profecías mesiánicas, que nuestro Señor cumplió con su ministerio y muerte. Además, Él mismo les había enseñado a los discípulos lo que tenía que acontecer. Esto es algo que encontramos bien declarado en Mateo 20:18 cuando leemos: “…He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte…”

La otra razón por la que el pueblo hizo un cambio tan drástico es porque Jesús no actuó de la manera que ellos deseaban o esperaban que Él actuara. Ellos esperaban a un guerrero que dirigiría una revolución en contra del imperio Romano, pero envés Jesús llego desenmascarando el pecado que existía en los líderes religiosos de ese entonces.

Esto es algo que queda bien ilustrado en las palabras de nuestro Señor Mateo 23:27 cuando leemos: “.!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia…”

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El pueblo esperaba que llegara un guerrero que dirigiría una revolución en contra del imperio Romano para que no tuviesen que pagar más impuestos, pero envés de eso Jesús les enseño que continuaran pagando [5]. El Señor les dijo: “…Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios…”

Ellos esperaban a un guerrero que dirigiera una revolución en contra del imperio Romano y que unificara a los líderes y comunidades, pero envés de eso Jesús llego a Jerusalén revelando el pecado y la malicia que existía en el corazón de éste pueblo [6].

Ellos esperaban a un guerrero que dirigiría una revolución en contra del imperio Romano, pero la misión de nuestro Señor era mucho más superior que liberar a un solo pueblo de un imperio temporal. La misión de nuestro Señor Jesús fue de liberar al hombre del reino de las tinieblas, algo que continua aun en nuestros días, pero que no continuara para siempre.