Deseo iniciar el servicio de hoy con un chiste.  Una organización de conservadores buscaba tratar de salvar a los lobos de extinción.  Esta organización ofreció una recompensa de 5,000 dólares por cada lobo que le trajeran vivo.  Resulta ser que estos dos hermanos, Juan y José, que eran ávidos cazadores, decidieron tomar ventaja de esta oferta tan generosa, y se fueron al bosque a cazar lobos.

Ellos estuvieron caminando por tres días en el bosque, pero no encontraron ni una pista de los animales.  Era ya tarde en la cuarta noche y ambos se acostaron a dormir bajo las estrellas.  Pasaron unas horas, y Juan se despertó al sentir un ruido; cuando miro a su alrededor vio que ellos estaban rodeados por un grupo de cien lobos feroces.

Sus ojos brillaban rojo por el reflejo de la fogata, algunos ladraban, mientras que los otros gruñían y mostraban sus colmillos afilados, y lentamente avanzaban listos para atacarles.  Entonces Juan, de manera lenta y silenciosa despertó a su hermano y le dijo: José despierta que nos vamos a ser ricos. Qué cómico, ¿verdad?

Pero, ¿por qué este chiste?  Les hice este chiste porque existen muchos cristianos que se encuentran en la misma situación que Juan y José; se encuentran rodeados de lobos listos para atacarles, pero desdichadamente, no ven la situación como la vio Juan.  Pero, ¿existe otra manera de ver las situaciones?  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Apocalipsis 3:7-13Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: 8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. 9 He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. 10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. 11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. 12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. 13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Filadelfia era una ciudad en Asia menor, estratégicamente localizada en el camino a Roma al este, y era una ciudad con murallas fortalecidas. Era una ciudad de mayor influencia y estaba localizada sobre el borde de una llanura volcánica que por resultado era fértil, así que era perfecta para el cultivo de uvas. Es por eso que no nos debe sorprender cuando aprendemos que esta ciudad era el centro de adoración del dios griego Dionysius, quien era el dios del vino.

Su  proximidad a los volcanes activos era una amenaza constante, así que la mayoría de la populación vivía afuera de la ciudad. Filadelfia rápidamente se hizo un centro comercial importante y rico.  Cuando las ciudades de las costas disminuyeron, Filadelfia creció en poder, y retuvo su importancia hasta los últimos tiempos del imperio Bizantino.

Aunque Filadelfia fue renombrada varias veces, la ciudad aun existe.  Hoy en día es llamada Alshehir.  Se piensa que este nombre fue derivado de una corrupción de las palabras turcas Alá-shehir que son definidas como, “la ciudad de Dios.”  ¿Tienen ya una buena idea de cómo era Filadelfia?  Sé que algunos deben estarse preguntando, ¿por qué es necesario que sepamos todo esto?

Hermanos, es necesario que sepamos estos pequeños detalles, porque a través de ellos nos damos cuenta que los cristianos en esta ciudad eran una minoría.  Es importante que sepamos estas cosas, para que nos demos cuenta que los cristianos en Filadelfia, no eran un grupo numeroso, no eran un grupo poderoso o que ejercían influencia, no eran un grupo considerado importante por los habitantes.

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Es importante que sepamos estos detalles, para que nos demos cuenta que los cristianos en esta ciudad, al igual que los cristianos hoy en día, se encontraban rodeados de lobos feroces, que lentamente avanzan, listos para atacar.  Como dijo el Señor en Lucas 10:3 cuando comisiono a los setenta para que salieran a predicar “…he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.”  Ellos no eran considerados importante por el mundo, pero si eran muy importantes para Cristo.  Es por esta misma razón que vemos que Él les dirigió esta carta.  Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos nuestro estudio de hoy.

Lo primero que deseo hacer hoy, es establecer a quien fue dirigida esta carta y el al autor de ella.  Esto es algo que podemos cumplir con facilidad al leer: “…Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre…”  ¿A quien fue dirigida?  Fue dirigida al ángel de la iglesia.

Ahora deseo detenerme aquí, y aclarar que el ángel a quien se refiere aquí el Señor, no es como muchos piensan.  Quiero que quede muy claro que aquí no se esta hablando de un ángel celestial.  La palabra ángel viene de la palabra griega: ἄγγελος (ä’n-ge-los) que significa “mensajero; un enviado; uno a quien envían” [1].  Así que sin duda alguna podemos ver que esta carta va dirigida al mensajero, o al enviado por Dios; en otras palabras va dirigida al pastor de la iglesia para ser compartida con la congregación.

Segundo, en este versículo encontramos quien fue el autor de esta carta, pero encontramos que el Señor se presenta a la iglesia de una manera inusual.  Digo esto porque cuando estudiamos las cartas del Señor a las iglesias en el libro de Apocalipsis, siempre encontramos que el Señor utiliza símbolos para describirse, pero aquí Él se identifica de manera bien clara.  Fíjense bien como les dice: “…el Santo, el Verdadero….”

Estos dos títulos solo pueden ser otorgados a Jesús, ya que nunca ha existido y nunca existirá nadie capaz de cumplirlos [2]. Así que sin que quepa duda alguna, hemos podido establecer a quien fue dirigida la carta, y quien fue su autor. ¿Amén? Así que continuemos ahora examinando la carta a la iglesia en Filadelfia, y el significado que contiene para nosotros.

Como pudimos establecer con nuestro breve repaso de historia, la iglesia en Filadelfia para muchos era algo insignificante.  Debido a su localidad, y al pueblo que le rodeaba, estoy seguro que a estos cristianos les toco pasar por numerosas dificultades, estoy seguro que ellos se encontraban rodeados de lobos listos para atacarles, pero no obstante las situaciones, ellos se mantuvieron fiel a Dios.

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Esto es algo que Jesús reconoció, y por eso vemos que les dice: “…Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: el Señor reconoce a los fieles.

Pero ahora preguntémonos, ¿nos está hablando el Señor a nosotros con todo esto? ¿Ha abierto alguna puerta Él para nosotros? La respuesta a ambas preguntas es ¡SI!  Para que quede esto bien claro en nuestra mente, detengámonos aquí por un breve instante y examinemos el significado de la palabra “puerta” utilizada aquí.  La palabra puerta usada aquí,  es una traducción de la palabra griega “θύρα” (thü’-rä), la cual es usada en parábola o metáfora para describir una oportunidad de hacer algo, y como la entrada del reino de Dios [3].  Así que sin duda alguna, todos aquí podemos decir que Dios ha abierto puertas delante de nosotros.

El problema que existe es que en muchas ocasiones las personas no se dan cuenta de las puertas que Jesús nos abre. 

Pero aquí Jesús nos habla en el día de hoy, para recordarnos lo más importante que Él ha hecho por nosotros. Lo más importante siendo que Él ha abierto las puertas del Reino de Dios, para que nosotros podamos entrar en él [4].

Hermanos, porque no hemos negado su nombre, porque le aceptamos, Él ha abierto las puertas del Reino de Dios. Jesús es el único que las pudo abrir, y Jesús es el único que las puede cerrar. Pero cuando le somos fieles, cuando nos mantenemos firmes en la fe, la bendición no se detiene ahí solamente.

Al igual que abrió las puertas del Reino de Dios, Él también ha abierto puertas para nosotros aquí en la tierra.  ¿Puede alguien acordarse de alguna puerta que el Señor haya abierto?  Quizás algunos digan que el Señor no les ha abierto ninguna puerta, pero si piensas así es porque no has pensado en el significado de la puerta.