Yo no sé cuantos de ustedes están prestando atención a lo que está pasando en la política de este país, pero la realidad es que da asco. Tal parece que ya no existen personas integras que representen al pueblo; todos estos oficiales elegidos quizás hayan iniciado sus campañas con muy buenas intenciones y principios, pero una vez que son elegidos y comienzan a experimentar oposiciones, dificultades, y contratiempos, pronto abandonan sus principios, se les olvidan sus promesas, y se corrompen.

Se corrompen de tal manera, que lo que terminan haciendo ni tan siquiera se asemeja a lo que prometieron y/o dijeron.  Y lo más lindo del caso, es que no importa de cual partido sea, todos son iguales. Todos prometen, y prometen hacer lo correcto para el pueblo, pero al fin del caso, lo único que hacen es causar discordia, división, y sufrimiento.

Y me detengo aquí para hacer una aclaración, deseo que quede bien claro que la predicación de hoy no es acerca de la política.  Deseo que quede bien claro que no estoy aquí para predicar a favor o en contra de uno de los partidos políticos, y/o los oficiales políticos elegidos. ¿De qué entonces deseo predicarles hoy?

Hermanos, hoy deseo predicarles acerca de ser personas de palabra.  La realidad es que la falta de cumplimento de palabra no solo se aplica a los políticos; a pesar de que ellos son un ejemplo primo, la realidad es que nosotros vivimos en un mundo cínico.

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Las empresas privadas, ya sean farmacéuticas, electrónicas, limpieza, mantenimiento, etc., etc., sacan y anuncian productos que prometen hacer maravillas, pero que en realidad no lo hacen.  Y les voy a decir algo que quizás les sorprenda, el cinismo e incumplimiento de palabra es algo que también existe en la iglesia de hoy.

Digo esto porque la iglesia de hoy, y deseo que quede bien claro que me refiero a la iglesia de Cristo en su totalidad, y no necesariamente a esta congregación o una congregación en particular, está llena de cristianos que al igual que los políticos y vendedores, dicen y prometen cosas que no cumplen. Quizás hayan tenido muy buenas intenciones y un deseo genuino al inicio, pero terminan desilusionando y/o defraudando a aquellos que depositaron su confianza en ellos.  ¿Por qué sucede esto?

Hermanos, esto es algo que sucede, porque muchos no se han dado cuenta de la importancia que Dios le da a nuestra palabra.  Así que en el día de hoy vamos a explorar este tema; hoy vamos a estudiar acerca del valor de nuestra palabra ante los ojos de Dios. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Mateo 5:37Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Ahora bien, como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Lo principal que debemos saber, es que este versículo forma parte de la enseñanza de nuestro Señor acerca del juramento [1].

La razón principal por la que Jesús tuvo que enseñar acerca de este tema, es porque los líderes religiosos de ese entonces habían desarrollado un sistema elaborado, acerca del significado y aplicación de los juramentos.

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En otras palabras, según este sistema, algunos juramentos eran considerados obligatorios, mientras que otros no [2]. Y esta es una de las razones por la que el Señor en más de una ocasión se refirió a ellos como  hipócritas [3], ya que ellos enseñaban una cosa, pero hacían otra.  Bueno, hasta aquí nuestro repaso de historia. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

¿Qué nos está diciendo el Señor aquí cuando nos dice: “…Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no…”? Lo que el Señor le dice a todo creyente aquí, es que nuestra palabra tiene que ser nuestro vínculo.  En otras palabras, nuestra palabra tiene que ser firme y duradera. ¿Qué les estoy tratado de decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que como seguidores de Jesucristo, nosotros tenemos que ser muy diferentes del resto del mundo, ya que es exactamente a eso a lo que somos llamados.

Para que entiendan bien lo que les estoy tratando de decir, fíjense bien lo que nos dice la palabra en 1 Pedro 2:9 cuando leemos: “…Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”. ¿Se están dando cuenta? Nosotros fuimos adquiridos por un precio muy alto [4], y con un propósito. ¿Cuál es este propósito?

La palabra nos lo declara aquí claramente cuando leemos: “…para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…”. Pero esto es algo que nunca podremos cumplir, si no somos personas de palabra.  ¿Qué les estoy diciendo?

Lo que les estoy diciendo es que como seguidores de Cristo, nosotros tenemos que ser personas de integridad. Tenemos que perseverar en ser personas rectas, probas, e intachables, porque de no ser así, entonces no estamos agradando a nuestro Dios [5].

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Nuestra palabra debe, y tiene que ser nuestro vínculo. No podemos ser personas de doble ánimo, ya que como nos dice la palabra: “…El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos…” (Santiago 1:8).  Y como genuinos seguidores de Cristo, nosotros no podemos ser inconstantes en nuestro caminar cristiano, sino que tenemos que siempre andar: “…como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios…”  (Colosenses 1:10). Hermanos, si no estamos haciendo esto, entonces le estamos fallando a Dios.

¿Por qué es que nuestra palabra es de tanta importancia? Nuestra palabra es de suma importancia,  porque la realidad es que la reputación y el carácter de una persona, depende totalmente de su palabra.

Pensemos en esto por un breve momento, ¿confiarías tú en una persona que dice una cosa y hace otra? ¿Confiarías tu en una persona que se pasa la vida mintiendo? ¿Confiarías tú en una persona que te hable de Cristo, pero que vive mundanamente?  ¿Confiarías tú en una persona que te da su palabra, pero no la cumple? Claro que ¡no!

Jesús nos dice, y les voy a leer el mismo versículo que estamos explorando hoy, pero de la traducción Reina Valera Contemporánea: “…Cuando ustedes digan algo, que sea “sí, sí”, o “no, no”; porque lo que es más de esto, proviene del mal…”. En otras palabras, no hagamos compromisos, o digamos que vamos a hacer algo, al menos que estemos completamente dispuestos a cumplirlo pase lo que pase, y salga el sol por donde salga.  ¿Saben por qué digo esto?