No sé cuántos de ustedes han prestado atención a las cosas que están aconteciendo alrededor del mundo, pero como les mencione brevemente la semana pasada, el mundo de hoy se encuentra en un estado de caos. Entre la violencia, el terrorismo, las guerras, los gobiernos opresores, y los políticos corruptos, hoy en día vivimos en un estado de incertidumbre, y les digo que no es algo que se limita a solo un país, sino que es algo mundial.

La razón por la que digo esto es porque de acuerdo a las correspondencias electrónicas que recibo, una buena porción del Cuerpo de Cristo está preocupado, debido a las cosas que acontecen a diario alrededor del mundo. Y son muchos los que desean saber si estos acontecimientos que se producen casi a diario, son señales de que estamos viviendo en los últimos tiempos. Son muchos los que desean saber cuando será el regreso del Señor, pero la realidad es que estos tipos de preguntas no son cosas que ningún hombre puede contestar, ya que solo Dios conoce cuando será el fin del mundo y el regreso del Señor [1]. Y les puedo decir con absoluta seguridad, que cualquiera que diga algo diferente es un mentiroso. Y puedo decir esto con absoluta seguridad, porque Dios no cambia su palabra [2].

Pero lo que está sucediendo alrededor del mundo son cosas realmente alarmantes, y causan que muchos vivan preocupados, y en ocasiones atormentados porque tienen miedo de lo que sucederá. Y yo me atrevo a decir que una de las razones más comunes por lo que este miedo existe, es debido al estilo de vida que muchos llevan, el cual les conduce a pensar que su futuro es incierto.

Así que la pregunta que ahora queda es: ¿cuál debe ser la actitud de todo cristiano fiel ante todas estas cosas que estamos viendo acontecer? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Isaías 52:1-3Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sión; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo. 2 Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sión. 3 Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Isaías vivió durante el tiempo cuando el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino del norte y Judá era el reino del sur.

Como un contemporáneo de Oseas y Miqueas, él profetizo durante los últimos años del reino del norte (Israel), pero le ministro al reino del sur (Judá), quien estaba siguiendo los mismos pecados de Israel. Isaías le advertía al pueblo de Judá del juicio pendiente de Dios, debido a la depravación moral, corrupción política, injusticia social, y especialmente la idolatría espiritual.

Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del profeta en Isaías 1:2-4 cuando leemos: “…Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. 3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. 4 !!Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás…”.

Después de la desaparición de Israel en el 722 a.C., Isaías le advirtió a Judá del juicio venidero, no por manos de Asiria sino por Babilonia, y todo esto es a pesar de que en este tiempo Babilonia aun no había surgido como un poder [3]. Esto queda bien declarado en Isaías 39:6-7 cuando leemos “…He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová. 7 De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia…”. ¿Por qué es necesario saber estos detalles?

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Es importante que notemos estos detalles porque a pesar de que han pasado miles de años, la depravación moral, corrupción política, injusticia social, y la idolatría spiritual son cosas que abundan en este mundo. Y estos breves detalles históricos nos revelan, que nuestras acciones o falta de ellas (no actuar, es actuar; no decidir, es una decisión), tendrán ramificaciones en nuestra vida. Así que manteniendo esta breve revelación en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sión; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo…”. Uno de los problemas más serios que confronta un buen número de creyentes, es que no toman la palabra de Dios seriamente.

Digo esto porque si todos prestáramos atención o tomáramos la palabra de Dios seriamente, entonces muchas de las cosas que nos causan dolor o sufrimiento podrían ser evitadas. Pero como pudimos apreciar en nuestro breve repaso de historia, no prestar atención, o simplemente ignorar lo que la palabra de Dios nos enseña y advierte no es algo nuevo.

Como pudimos apreciar ellos sufrieron porque no escucharon; sufrieron porque ignoraron lo que Dios les revelaba. Pero escucha hoy porque Dios te dice: “…Despierta, despierta, vístete de poder…”. Dile a la persona que tienes a tu lado: ¡despierta!

Ustedes no se pueden imaginar la cantidad de veces que he sido criticado, porque con frecuencia les recuerdo que el diablo es muy astuto, y que su ejército de demonios continuamente busca desviar a los cristianos de los caminos de Dios. Pero esto no es algo que yo he inventado, sino que es nuestra realidad. Es por eso que en 2 Corintios 11:3 el apóstol Pablo nos advierte: “…Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo…”.

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Una vez alguien me dijo, que lo que yo hacía se podía comparar a una persona que continuamente grita el nombre de otra persona que se encuentra en un grupo rodeado de bullicio. Según ésta persona, el nombre que gritas eventualmente será oído por esa persona, lo que causará que atraigas su atención y venga a donde tú estés. Si empleamos éste tipo de razonamiento, entonces podemos decir que mientras ignoremos las asechanzas del diablo, nunca tendremos problema alguno. ¿Puede ser esto verdad?

La respuesta es ¡NO! Tu puedes ignorar al diablo todo lo que quieras; tú puedes pretender de que él nunca te podrá tentar; tú puedes pensar que tú no puedes ser influenciado o seducido por los poderes de las tinieblas. Pero si piensas así te digo en el día de hoy, ¡despierta!

Recuerda lo que nos dice el Señor en la explicación de la parábola del sembrador en Lucas 8:12 cuando leemos: “…Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven…”. Esto significa que los poderes de las tinieblas, lo quieras o no, siempre trataran de influenciarnos para apartarnos de los caminos de Dios. ¿Qué podemos hacer para que esto no suceda? La respuesta la encontramos aquí cuando leemos: “…vístete de poder…”.

Aunque es verdad que el ejército de las tinieblas nunca cesa en tratar de desviarnos de los caminos de Dios, no existe nada ni nadie que pueda forzarnos a separarnos del amor de Dios; esto es, cuando nos vestimos con el poder que Jesucristo nos ha entregado.

Fíjense bien como lo dijo el apóstol Pablo en Romanos 8:37-39 cuando leemos: “…Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro…”.  Así que dile a la persona que tienes a tu lado: “…vístete de poder…”. ¿Quiere decir todo esto que nunca caeremos? La respuesta es un sorprendente ¡NO!  .

La respuesta es no porque como he dicho en numerosas ocasiones, ninguno de nosotros somos perfectos.  Por muy santo que pensamos que somos, ninguno de nosotros está libre de pecado [4].

Esto es algo que el Señor nos deja bien ilustrado en su respuesta a los escribas y fariseos, quienes buscaban matar a pedradas a la mujer que había sido sorprendida en adulterio, según encontramos en Juan 8:7 cuando leemos: “…Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella…”.

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