Si se recordaran, la semana pasada estudiamos la carta del Señor a la iglesia en Sardis [1], y vimos la advertencia que Él le hizo a esta iglesia.  Y el tema principal de esa predicación fue que como cristianos fieles, nosotros no podemos permitir que nos falle la memoria. En otras palabras, no podemos ser olvidadizos de lo que el Señor ha hecho, y continúa haciendo en nuestra vida.

Y a través de la palabra de Dios el Señor nos revelo lo que debemos, y tenemos que hacer, para evitar caer en un estado de enfriamiento en cuanto a nuestra fe y amor por la obra de Dios. En otras palabras, lo que debemos, y tenemos que hacer en determinadas situaciones, es decir en esos momentos de dificultad que se presentan a diario, los cuales en la mayoría de las ocasiones, nosotros mismos hemos influenciado o traído sobre nosotros.

Ahora bien, sé que en estas últimas semanas les he predicado mensajes bastante fuertes, pero sepan bien que no han sido para abochornar, señalar,  o de manera alguna insultar a nadie, sino que lo he hecho con el propósito de que obtengamos una convicción genuina en nuestro corazón, la cual nos conllevará a una relación más profunda con nuestro Dios.

Manteniendo estas cosas en mente, deseo que ahora examinemos una de las parábolas del Señor, la cual también nos revelara otro grave problema que existe dentro del pueblo de Dios.  Busquemos ahora en nuestra Biblia.

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Lucas 14:16-24Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.

Como acostumbro a decir para poder tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, y para poder entender a profundidad esta parábola, será necesario que estemos conscientes de algunos detalles históricos, y que conozcamos brevemente algunas de las costumbres y manera de comportarse de las personas en ese entonces.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado….”.  Lo más evidente aquí, es que alguien de suma importancia hizo una gran cena y convido a muchos. Pero el detalle que se les escapa a muchos, o que no logran entender, es que el hombre convidó a las personas dos veces.

Como les mencione, para poder entender bien lo que estaba sucediendo aquí debemos conocer las costumbres de ese entonces.  Primero que todo debemos recordar que las ciudades de ese entonces no eran como hoy en día; raramente habían dos eventos grandes, (como sería esta cena), tomando lugar a la misma vez.  Este detalle tendrá más sentido más adelante en la predicación.

Segundo, debemos saber que en ese entonces era normal invitar a las personas dos veces a la misma cena o fiesta. La primera invitación era hecha cuando se planeaba la ocasión, y la segunda invitación cuando todo estaba listo para comenzar. En otras palabras es igual que si yo les dijera en el día de hoy que el martes tendremos clases bíblicas a las 8:00 p.m., entonces el martes a las 8:00 p.m. yo les llamo a sus casas para decirles que estoy en la iglesia esperando a que lleguen.

Aunque las costumbres del hombre han cambiado a través del tiempo; yo opino que cuando hacemos un breve contraste entre lo que sucedió aquí, y lo que ha sucedido en nuestra vida, pronto encontraremos que no existe mucha diferencia entre ellos y nosotros.

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Digo esto porque el Señor estuvo aquí en la tierra, y nos hizo la primera invitación cuando nos dijo como encontramos en Mateo 11:28 al leer: “…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…”  Y tenemos Su promesa que Él nunca nos rechazara [2].

Lo próximo a notar, es que Él fue delante de nosotros para preparar el lugar donde todo creyente fiel gozará de la presencia de Dios [3]. Así que sin duda alguna, el Señor le ha hecho la primera invitación a toda persona que le abre su corazón, y le acepta como su Rey y Salvador. Dile a la persona que tienes a tu lado: El Señor nos ha invitado.

La segunda invitación, será cuando el Señor regrese por nosotros, y envíe sus ángeles a la tierra para juntar a los cristianos que se han mantenido fieles [4].  Esto por supuesto es algo de lo que muchos han especulado, y hasta se han atrevido a predecir fechas exactas de cuando sucederá, pero como todos sabemos estas supuestas personas de Dios, no son de Dios, sino que son farsantes, ya que como la palabra de Dios nos indica claramente: “…Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre…” (Marcos 13:32).

Pero de lo que si podemos estar completamente seguros, es que el regreso del Señor por Su pueblo sucederá, y que todo cristiano fiel participara de esta gran fiesta [5].  Así que como hemos podido entender, todo cristiano ha recibido la primera invitación para vivir por la eternidad en la presencia de Dios, y todos han confirmado la primera invitación, pero el problema está en que no todos alcanzaran ese lugar especial que Él ha preparado para nosotros [6].  ¿Por qué sucederá esto?  Continuemos ahora con nuestro estudio para descubrir el problema.

Continuando encontramos que se nos dice: “…Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir…”  ¿Qué hicieron estos invitados? Como podemos apreciar aquí claramente, lo que estos invitados hicieron fue que ofendieron, e insultaron al hombre que les había hecho esta invitación. ¿Por qué digo que le ofendieron e insultaron?

Digo esto porque todos inventaron excusas por la que no podían asistir, pero la realidad es que no eran excusas sino que eran mentiras, que solo servían para insultar la inteligencia de este hombre.  Vamos a examinar estas excusas con un poco más de detalle, para determinar si lo que les digo tiene sentido o no.

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La primera excusa: “…He comprado una hacienda, y necesito ir a verla…” Lo que el Señor nos da a entender aquí, es que esta persona había comprado un terreno, pero que lo había hecho sin primero verlo.  Ahora preguntémonos, ¿quién compraría algo sin primero verlo?  Especialmente un terreno que seguramente sería usado para crecer alimentos, o para pastorear animales, sin primero saber las condiciones de ese lugar.

¿Cómo podría esa persona saber si lo que estaba comprando le sería útil para suplir sus necesidades, es decir, si tenía agua, tierra fértil, rocas, etc.?  Claro está en que nadie en ese entonces, y no creo que exista nadie hoy en día haría tal cosa; así que aquí rápidamente podemos observar que la excusa que uso este invitado era una simple mentira, e insulto a la inteligencia del que lo invito.

La segunda excusa: “…He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos…”  El Señor aquí nos da a entender que esta persona había comprado unos bueyes, y que necesitaba probarlos. Nuevamente, nadie compra algo sin primero saber lo que compra, ya que esto sería una tontería. Digo esto porque cuando un agricultor compra bien sea bueyes o caballos para obrar en equipo en un terreno, lo primero que hacen es asegurarse que los animales están fuertes y saludables, y después los prueban.