Como todo sabemos, en solo unas horas el año 2017 terminará e iniciaremos un año nuevo.  En solo unas horas, la mayoría de nosotros nos reuniremos con nuestra familia y seres queridos, para despedir el año y dar inicio a una nueva etapa en nuestra vida.  Los que viven en el mundo lo harán con grandes fiestas, para embriagarse dándole una oportunidad más al enemigo para separar a la humanidad de Dios [1].

Basado en mi experiencia policiaca, les puedo decir que en la víspera de año nuevo se ven cosas muy tristes suceder.  En solo un espacio de unas horas, familias son destruidas debido a los accidentes automovilísticos; madres y padres pierden a sus hijos, peleas familiares causan separaciones y sentimientos heridos, y todas las muchísimas otras consecuencias que la embriaguez produce.  Pero desdichadamente, estos tipos de incidentes no se limitan a solo el mundo, sino que también existen muchos cristianos que tropiezan y caen en esta trampa.

Ahora debemos preguntarnos, ¿cómo es posible que personas que conocen la verdad caigan en esta trampa del enemigo?  Yo diría que la razón principal por la que esto sucede, es porque a pesar de que una vez que llegamos a Cristo somos completamente nuevos [2], muchos continúan viviendo en el pasado, y cuando hacemos esto, nosotros mismos nos hacemos esclavos del mundo.  Y claro está en que nadie desea caer en la esclavitud del mundo, pero lamentablemente caen enredados en la trampa del enemigo inconscientemente, y en toda ocasión esto causa que el gozo y paz que una vez sentíamos, sea reemplazado por el sufrimiento, la tristeza, y el dolor.

Así que ahora pregunto, ¿cuántos desean tener un nuevo comienzo?  ¿Cuántos desean sentir la presencia de Dios en su vida, y experimentar el gozo y la paz que solo Dios nos puede dar?  Pasemos ahora a la palabra de Dios para aprender cómo podemos lograrlo.

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Isaías 43:18-19No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las  cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la  conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje de Dios para  nosotros, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Así que conozcamos ahora un poco mejor a Isaías.

Isaías  vivió durante el tiempo que el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos; Israel era el reino  del norte y Judá era el reino del sur.  Lo que estaba sucediendo en ese entonces es que el reino del norte había pecado grandemente contra Dios, y el reino del sur iba en la misma dirección [3].

Cuando estudiamos lo  que estaba aconteciendo con el pueblo de Dios en ese entonces encontramos que ellos le habían dado las espaldas a Dios, y estaban en pecado.  Es por esa razón que Isaías le advertía al  pueblo de Judá del juicio pendiente de Dios debido a la depravación moral, corrupción política, injusticia social, y especialmente la idolatría espiritual [4].

Debido al pecado que sobreabundaba en este pueblo, Isaías les profetizó que Dios les entregaría en las manos de Babilonia para que nuevamente fueran cautivos y hechos esclavos [5].  ¿Por qué debemos estar conscientes de estos breves detalles históricos?

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La razón por la que debemos, y tenemos que estar conscientes de estos breves detalles, es porque ellos nos revelan lo que aparentemente muchos ignoran o desconocen, estos breves detalles nos revelan que nuestras acciones o falta de ellas, producen consecuencias. Así que manteniendo esto en mente, procedamos con el estudio de hoy.

La historia bíblica nos enseña que el pueblo de Judá todavía tendría cien años de dificultad antes de la caída de  Israel, y setenta años de exilio, pero en estos versículos que estamos examinando hoy, vemos que Dios, a través de Isaías, les brinda palabras de consolación.  En esencia, Dios estaba llamando a este pueblo a un nuevo comienzo; Dios les llamaba al arrepentimiento.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros?  ¿Acaso seremos llevados  cautivos por Babilonia?  Claro que no; la Babilonia de ese entonces ya no existe, pero si no tenemos mucho cuidado y nos mantenemos firme en la fe, si podremos terminar en la Babilonia de hoy, ya que Babilonia es un símbolo de la rebeldía, idolatría, y la maldad del hombre.

La triste realidad es que existe un buen número de cristianos atrapados en la Babilonia de hoy.  Personas que a pesar de que son muy buenas personas, se encuentran atrapados y esclavos de este mundo de maldad, debido a falta de fuerza de voluntad, apatía, y desánimo.  Pero debes saber que no es ahí donde Dios deseas que habites; Dios desea iniciar algo nuevo en tu vida.

En solo unas horas cerraremos una etapa de nuestra vida, y Dios te llama a un nuevo comienzo. ¿A cuántos les gustaría tener un nuevo comienzo?  Analicemos los versículos que estamos estudiando en el día de hoy para descubrir cómo obtener un nuevo comienzo.

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Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…No os  acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas…”  Estas palabras son de suma importancia; así que dile a la persona que tienes a tu lado, “…no os  acordéis de las cosas pasadas…” Y quizá algunos se pregunten, ¿por qué dice Ud. que estas palabras son de suma importancia?

La razón por la que digo que estas palabras son de gran importancia, es porque los poderes de las tinieblas, con frecuencia usaran nuestro pasado para acusarnos, y mantenernos esclavos de nuestra propia conciencia.  Satanás y su ejército de demonios, usaran nuestro pasado para tratar de detener que vivamos la vida que Dios desea que tengamos.  ¿Qué vida desea Dios que tengamos?

La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en Filipenses 4:4 cuando leemos: “…Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!..” Dile a la persona  que tienes a tu lado, regocíjate en el Señor. Dios nos quiere contentos, llenos de  gozo, y siempre en victoria.  Pero nuestro adversario utilizará nuestro pasado para  tratar que esto no suceda.  Nuestro adversario tratará de usar nuestro pasado para cegarnos a todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará por nosotros.

Ahora bien, me voy a detener aquí para hacer una breve aclaración.  Con esto que les he dicho no les estoy diciendo, ni implicando que debemos olvidarnos del lugar de dónde Cristo nos  sacó, limpió, y purificó.  Es más, esto es algo que siempre debemos tener en mente, y tenemos que testificar de ello.

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