Bueno, aquí estamos nuevamente completamente adoloridos y atónitos, al ver lo que acaba de suceder el miércoles, 14 de febrero en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida. Una vez más hemos sido testigos de la violencia despiadada, y el odio que existe en este mundo. Una vez más hemos sido testigos de la muerte de inocentes, y del sufrimiento de un incontable número de personas, familiares, amistades, y conocidos.  Una vez más hemos visto como nuestros jóvenes continúan cayendo victimas en este mundo de maldad.

Qué tristeza tan grande, diecisiete adolescentes fueron fríamente asesinados, y otros quince, o quizás más, fueron heridos seriamente y se encuentran hospitalizados luchando por sus vidas en estos mismos momentos. Dios mío, yo no quiero ni tan siquiera imaginarme el dolor de esos padres.  Yo no quiero ni tan siquiera pensar en el sufrimiento de esas familias.  Dios tenga misericordia de ellos, y de forma sobrenatural alivie ese dolor y esa pena.

Hermanos, estos actos de violencia que están sucediendo en nuestro país son algo realmente triste, y totalmente alarmantes. ¿Por qué digo que son realmente alarmantes? Digo que son realmente alarmantes, porque todos (periodistas, liberales, reporteros, etc.), especialmente los políticos, no reconocen, o se niegan a reconocer la verdadera raíz del problema.

Todos, especialmente los políticos, tratan de culpar las leyes de posesión de armas este país, pero la realidad del caso, es que las leyes de posesión de armas no pueden ser culpadas por estos actos de violencia sin sentido que estamos viendo suceder.  Pero no obstante esta gran realidad, la reacción instintiva de la mayoría de estas personas es decir que necesitamos un control de armas más estricto, cuando en realidad lo que realmente necesitamos es algo que ellos no están dispuestos a reconocer y proporcionar, y es algo a lo que se oponen por completo.

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Como he dicho en otras ocasiones, el día cuando poseer un arma se convierta en un acto criminal, solamente los criminales poseerán armas, y los ciudadanos respetuosos de la ley se convertirán como ovejas conducidas al matadero. Pero, si las leyes de posesión de armas no pueden ser culpadas por estos actos, ¿entonces a quién podemos culpar? Este será el tema que estaremos explorando en el día de hoy.

Gálatas 6:7-9No se engañen; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. 9 No nos cansemos, pues, de hacer el bien porque a su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Galacia fue una provincia romana situada en la sección central de Asia Menor.

La epístola a Galacia, es decir a la iglesia de Gálatas, fue escrita por el apóstol Pablo entre el 55-60 d.C [1]. Lo primero que debemos notar es que la iglesia estaba compuesta de judíos que se habían convertido, pero mayormente consistía de gentiles; es decir, de personas no judías que se habían convertido al cristianismo [2].

Lo segundo que debemos conocer acerca de esta epístola es el propósito; en otras palabras, ¿por qué fue que Pablo tuvo que escribirles?  La razón principal fue porque inicialmente, los creyentes en Galacia habían mostrado una gran satisfacción en el evangelio, pero a través del tiempo ellos se habían enfriado [3].

Y este enfriamiento fue lo que causó que en la iglesia comenzara a surgir el alejamiento del evangelio de Jesucristo, y la introducción de enseñanzas que buscaban robar la libertad que Cristo les había entregado. Enseñanzas ajenas (judías) que intentaban convencer a los gálatas de que para que el evangelio de Jesucristo fuese perfecto, ellos tenían que seguir sometiéndose a la ley de Moisés, y mantener determinadas prácticas propias del judaísmo [4]. ¿Por qué les he hecho este relato? Existen dos razones por las que les he hecho este relato histórico.

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La primera razón es para que nos demos cuenta de que la iglesia de hoy, no es muy diferente a la iglesia en Galacia de ese entonces. En otras palabras, la iglesia de hoy esta mayormente compuesta de personas que hemos llegado a los caminos de Cristo de diferentes antecedentes y costumbres. La segunda razón es porque como les he mencionado en numerosas ocasiones, en el mundo existen numerosos obreros de las tinieblas que buscan apartar al hombre, (especialmente a los cristianos), de la verdad de Dios, y en nuestros días, esto incluye a una enorme cantidad de políticos quienes son apoyados y secundados por la prensa liberal, el movimiento progresivo, Hollywood, y la industria del entretenimiento.

En otras palabras, en nuestros días estamos viendo un movimiento de malicia suceder sin precedente. Y es exactamente debido a esto que como fieles creyentes nosotros nunca podemos olvidar lo que el apóstol Pedro nos advierte en 1 Pedro 5:8 cuando leemos: “…Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” Dile a la persona que tienes a tu lado: velad. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

¿A quién podemos, y tenemos que culpar, por estos actos de violencia sin sentido que están sucediendo en nuestros días? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada aquí cuando leemos: “…No se engañen; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará…”. Hermanos las leyes de posesión de armas en este país no son la raíz del problema.  La raíz del problema es la falta de Dios en el corazón de las personas.  La raíz del problema es la falta de amor, compasión, y misericordia que solo Dios nos puede ofrecer.

La razón por la que estamos viendo estos actos de violencia sin sentido, es porque el hombre ha rechazado a Dios por completo. El hombre, especialmente en este país, le ha declarado la guerra a Dios, y ha tratado de eliminarle por completo de la mente de las personas.

Permítanme proveerles un ejemplo para que entiendan bien lo que les digo. El otro día un hermano de la congregación me envió un mensaje de texto con un video bien interesante. ¿Cuántos han escuchado acerca del dispositivo Google Home?

Bueno, para los que no lo conozcan, es un dispositivo con el que tú puedes controlar las luces, u otras cosas eléctricas hablándole.  Tu le dices, Google enciende las luces, y lo hace; le dices Google reduce las luces al 10%, y lo hace; le dices Google despiértame a las 7:00 a.m.; y exactamente a esa hora lo hace; le dices que quieres oír un género de música, y la busca y la toca.  Y lo más interesante de todo es que también te responde preguntas.

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Si le preguntas ¿cómo está el tiempo? Te contesta con un estado del tiempo completamente actualizado para tu área. Si le preguntas ¿cómo está el tráfico? Te contesta con un buen reporte de tráfico de tu área.  Pero también responde a preguntas más interesantes y profundas, le puedes preguntar acerca de cualquier cosa que desees saber, y te contesta con la información encontrada en el Internet.

Por ejemplo, en el video que me envió el hermano, se escucha una joven que le pregunta ¿quién es Buda?, y el dispositivo le proporciono una respuesta educada acerca del budismo. Después le pregunto, ¿quién es Mahoma?, y recibió una respuesta educada acerca del Islam. Después le pregunto ¿quién es Krishna?, y recibió una respuesta educada acerca del hinduismo. Entonces le pregunto ¿quién es Jesucristo?, y recibió: “lo siento, pero no tengo información acerca de ese tema”.  ¿Qué les parece eso? Aparentemente no existe información alguna acerca de Jesucristo en el Internet.

Bueno, demás está decir que a Google se le formo un buen escándalo con  todo esto, y los ingenieros rápidamente solucionaron el problema, así que si ahora le preguntas ¿quién es Jesucristo?, recibirás una respuesta bien educada que te dice: “lo siento, la religión es algo muy complicado y todavía estoy aprendiendo”.  ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto? Lo que les estoy diciendo es que esta nación le ha declarado la guerra a Dios.