Prestando atención a lo que esta sucediendo en esta nación, y alrededor del mundo, no es difícil determinar que una de las instituciones más atacadas por los poderes de las tinieblas es la familia.  Esto sucede porque el demonio mentiroso sabe muy bien que el futuro de nuestra fe son nuestros hijos, hijas, sobrinos, nietos, etc. Y es por eso que deseo dedicar esta predicación a la familia.

Ahora bien, por lo general, los adultos estamos bien establecidos en la fundación de nuestra fe.  Hemos crecido espiritualmente y al enemigo de las almas se le hace difícil, (y fíjense bien que dije difícil, y no imposible), derrotar a un creyente fiel; sin embargo, los niños y jóvenes son fáciles de influenciar, y esto es algo que logra con facilidad a través de la presión social.

La realidad es que las amistades, compañeros de escuela, y demás, tienden a ejercer gran influencia en los jóvenes y niños, y es por eso que la palabra de Dios nos llama a educarles correctamente [1].  Pero esto no se detiene aquí.  Digo esto porque la presión social también sirve para influenciar a los adultos.

La realidad es que las amistades, conocidos, compañeros de trabajo, y hasta algunos familiares, con frecuencia ejercen gran influencia en nuestra vida.  Por consiguiente ese dicho de nuestros abuelos, “dime con quién andas y te diré quien eres”.  Y es por eso que en casi toda ocasión las predicas cristianas nos exhortan a siempre guardar nuestro testimonio [2].

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Ahora preguntémonos, como cabeza de familia, ¿qué podemos hacer para evitar que los poderes de las tinieblas invadan nuestra familia y destruyan lo que Dios ha iniciado? Este será el tema que estaremos enfocando en la predicación del día de hoy.

Génesis 35:1-7Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. 5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. 6 Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo el pueblo que con él estaba. 7 Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el,  porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, tenemos que hacer un breve repaso de historia.  Lo que estamos viendo desarrollar aquí, toma lugar un poco después de que Jacob y su familia regresaran a la casa ancestral de Jacob en Canaán.

En este momento en la historia Jacob estaba atravesando por una situación bien difícil.  Su hija había sido violada; esto es algo que queda bien claro en Génesis 34:1-2 cuando leemos: “Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país. 2 Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró…”

Y a pesar de que Jacob había llegado a un acuerdo con Hamor, en el cual Jacob y sus hijos dictaron las condiciones que fueron aceptadas como pago por la ofensa mayor [3], los hijos de Jacob no guardaron su palabra y se vengaron.

Esto es algo que queda resumido en Génesis 34:25 cuando leemos: “…Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón…” ¿Por qué les he mencionado estas cosas?

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Les hice este brevísimo repaso histórico porque en él podemos apreciar lo que les dije al inicio.  Tanto adultos como jóvenes, si no tenemos cuidado, podemos ser influenciados por los impulsos de la carne y los poderes de las tinieblas.

En este caso vemos como Simeón y Leví, los hijos de Jacob quienes básicamente dictaron el acuerdo entre el príncipe heveo y Jacob, se vengaron, de esta forma haciendo quedar mal a su padre, ya que Jacob había dado su palabra.

Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy, y preguntémonos nuevamente; ¿qué podemos hacer para evitar que los poderes de las tinieblas invadan nuestra familia y destruyan lo que Dios ha iniciado?

Lo que más necesitamos es que suceda un avivamiento en nuestra familia.  Digo esto porque en los tiempos que vivimos, la mayoría de las familias muestran una frialdad e indiferencia por las cosas de Dios.  ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque la mayoría de las personas no viven para Dios, sino que viven para sus propios intereses. Y como cristianos fieles a la palabra de Dios, nosotros no podemos permitir que nuestra familia, quienes han sido parte de la herencia cristiana, se pierda.

En 1 Pedro 2:9-10 encontramos que se nos dice: “…Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia…”

Y es hora de tomar esta palabra en serio.  Es hora de anunciar las virtudes de aquel que nos llamo, especialmente en nuestra familia.  Dile a la persona que tienes a tu lado: somos el pueblo de Dios.

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¿Cómo podemos lograr el avivamiento en nuestra familia?  La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí cuando leemos: “…Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú…” ¿Qué estamos viendo suceder aquí?

Con esto aquí lo que vemos es que Dios le dijo a Jacob que necesitaba regresar al lugar del primer encuentro.  Jacob y su familia necesitaban regresar al lugar donde Dios se le había aparecido, y le había entregado Sus promesas durante su regreso a enfrentar Esaú.

¿Qué significa esto para nosotros? Lo que esto significa es que tenemos que regresar al primer amor, tenemos que establecer o restablecer nuestra comunión con Dios.  Hermanos, tenemos que revitalizar nuestra relación con Dios, y dejar de apartarnos de Su presencia.