Una gran realidad es que en esta vida se presentan situaciones o circunstancias, que nos desaniman y nos detienen de obrar para Dios.  Es decir, permitimos que la influencia que nuestros círculos sociales y familiares ejercen en nuestra vida nos incapaciten, y/o  paralicen, de actuar de la manera a la que fuimos llamados a actuar. ¿De qué menara se nos ha llamado, y exige actuar? Todos cristiano está llamado a perseverar en la santidad [1].

Ahora bien, como he dicho en numerosas ocasiones, esto no significa que alcanzaremos la perfección, ya que solo existe uno perfecto, y su nombre es Jesucristo [2].  Pero esto tampoco significa que podemos pecar libremente, y andar por caminos que bien sabemos desagradan a Dios, pensando que seremos bendecidos [3].

Pero lo que no podemos permitir es que nuestros errores, o tropiezos, y les puedo asegurar que todos, sin excepción de uno los tendremos [4], nos incapaciten para que no caminemos hacia la perfección de Dios.   En otras palabras como fieles creyentes, no podemos permitir que las personas que nos rodean,  y/o las circunstancias y situaciones que se presentan en nuestra vida paralicen nuestro crecimiento espiritual.

Esto por supuesto nunca fue el caso en la iglesia primitiva;  es más, cuando analizamos la historia de la iglesia primitiva, pronto descubrimos que todo lo contrario es verdad.  Digo esto porque cuando analizamos la historia de la iglesia primitiva, pronto nos damos cuenta que a pesar de la gran persecución que existió en contra de los creyentes, la iglesia crecía y crecía.  Sin embargo, aunque en estos tiempos no existe ese tipo de persecución (por lo menos en este país), la iglesia y las congregaciones continúan decayendo.

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Con cada día que pasa, más y más congregaciones cierran sus puertas permanentemente, y más y más pastores dejan el ministerio porque se sienten defraudados. ¿Por qué existen tantos pastores que se sienten de esta manera?   La razón principal es porque tal parece que las personas no quieren escuchar la verdad de Dios, y que cualquier otra cosa es más importante que dedicarle una o dos horas al Señor y congregarse para alabar, y escuchar la palabra de Dios.

Esto es algo que queda bien reflejado en el reporte de Pew Centro de Investigación Religión y Vida Pública más reciente que indica que “En los Estados Unidos, los cristianos disminuirán de más de tres cuartas partes de la población en 2010 a dos tercios en 2050, y que el judaísmo ya no será la religión no cristiana más grande. Los musulmanes serán más numerosos en los EE. UU.,  que las personas que se identifican como judíos por su religión”.

El estudio también encontró que “durante las próximas décadas, se prevé que la cantidad de personas religiosamente no afiliadas en todo el mundo crecerá modestamente, pasando de aproximadamente 1.100 millones en 2010 a un máximo de más de 1.200 millones en 2040 y luego disminuyendo ligeramente [5]”.

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué está sucediendo esto?  ¿Por qué es que el cristianismo está en decadencia? Me atrevo a decir que la razón principal por esto es la apostasía  que estamos presenciando hoy en día. Digo esto porque hoy en día tal parece que las congregaciones están más preocupadas con ministrar la prosperidad, que la santidad.  Tal parece que hoy en día no quieren escuchar la verdad, sino que solo desean escuchar cuentos y fabulas que les hacen sentir bien, o complacidos en su condición espiritual [6].

Así que la apostasía, es decir, el apartamiento de la vedad de Dios es grandemente responsable del decaimiento cristiano que ha sucedido a través de los años, y que continuara en las décadas siguientes. Y existe algo extremadamente importante, y responsable, absolutamente relacionado con todo esto.  ¿De qué les hablo?  Este será el tema que estaremos estudiando en el día de hoy.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Hechos 9:32-35Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. 33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.

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¿Qué otra cosa esta causando, y causara el decaimiento en el número de cristianos además de la apostasía? La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí bien reflejada cuando leemos: “…Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico…”  ¿Por qué digo que este pequeño versículo responde nuestra pregunta?

Lo digo porque la gran realidad es que la mayoría del pueblo cristiano no sufre de una enfermedad física, sino que sufre de una enfermedad espiritual. Y la realidad es que aunque una enfermedad física puede detenernos de hacer ciertas cosas, la enfermedad espiritual no solo nos detiene de hacer ciertas cosas por un tiempo; la enfermedad espiritual nos incapacita totalmente como en el caso de este hombre llamado Eneas.

Como podemos ver, este hombre llevaba “ocho años” en cama, y tal parece que los cristianos mientras más tiempo llevan en el evangelio, menos hacen para la obra de Dios.  Mientras más tiempo llevan en el evangelio, más paralizados se encuentran en su crecimiento espiritual, y en su compromiso a Dios.

Con los avances científicos y médicos que tenemos hoy en día, en un gran por ciento de las ocasiones, los médicos tienen a su disposición medicinas y tratamientos que pueden sanar a una persona de una enfermedad física, pero cuando se habla de una enfermedad espiritual, no existe médico ni tratamiento que pueda sanar y levantar a una persona.  Solo existe uno que puede sanar a una persona de esta condición, y su nombre es Jesús. Pero para obtener esta sanidad necesitamos dos cosas, compromiso y fe.

Como vimos, Eneas llevaba ocho años en cama, y aunque desconocemos de la enfermedad que sufría, podemos confiadamente asumir que su sufrimiento fue grande.  Si hacemos una comparación entre el sufrimiento de este hombre y el pueblo de Dios de hoy, creo que pronto encontraremos un paralelo, es decir, existen muchos igualmente afectados.  Claro ésta en que no les estoy hablando de una enfermedad física, pero si existen muchos dentro del pueblo de Dios que sufren de una parálisis espiritual.  ¿Qué causa la parálisis espiritual?

La mayor causa de la parálisis espiritual es la falta de atención a la palabra de Dios.  La mayor causa de la parálisis espiritual es que no queremos hacer caso a las advertencias; mientras más tiempo llevamos en el evangelio, menos queremos escuchar la verdad de Dios.

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Esto es algo que queda mejor expresado en las palabras del apóstol según encontramos en Hebreos 5:12 cuando leemos: “…Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que dejar la leche.

Cuando somos simples bebés la nutrición que la leche provee es suficiente, pero la gran realidad es que según crecemos, nuestro cuerpo necesita más nutrición de lo que la leche no nos puede proveer.  ¿Por qué?

Porque según vamos creciendo aprendemos a caminar, y luego a correr.  Ya no estamos en una cuna acostados, solo comiendo y durmiendo.  Según crecemos nuestro nivel de actividad aumenta, y este aumento requiere más nutrición, y más calorías.  De igual manera sucede en nuestra vida espiritual.  Según vamos creciendo, tenemos necesidad de mejor nutrición.