En el día de hoy vamos a estudiar acerca de las bendiciones. Una gran realidad es que cuando se habla de las bendiciones, en la mayoría de los casos, lo primero que llega a la mente de una persona son las posesiones materiales.  Lo primero que llega a la mente son las cosas como el automóvil, la casa, el trabajo, la cuenta de ahorro, y todas esas demás cosas que nosotros tenemos la oportunidad de poseer debido a nuestro esfuerzo humano.

Pero la realidad del caso es que las bendiciones de Dios son mucho más que cualquier cosa material que podamos poseer. Las bendiciones de Dios no son materiales, sino celestiales y espirituales. Así que pasemos ahora a la palabra de Dios y descubramos las bendiciones que Él ha derramado sobre todo creyente fiel.

Efesios 1:3-14Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Ahora, cómo acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Pablo escribió esta carta durante su primer encarcelamiento romano alrededor del 60-62 d.C [1].  Demás esta decir que cuando él escribió todo esto, él estaba pasando por unos momentos muy difíciles en su vida, ya que las prisiones de ese entonces no eran nada como hoy en día.

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Recordemos que en ese entonces no existían los grupos y movimientos de derechos humanos, y que la crueldad y maltrato en las prisiones era algo común.  Pero a pesar de toda mala situación, Pablo no permitió que nada detuviera el propósito de Dios en su vida.  Él no se desanimo ni se desalentó, sino que continuo su ministerio y escribió esta carta a este grupo de creyentes que siendo extremadamente ricos en Cristo, vivían derrotados y como mendigos porque no tenían el crecimiento para reconocer las bendiciones espirituales que Dios les había entregado.

Fíjense bien como el apóstol deja esto muy bien ilustrado Efesios 2:4-7 cuando leemos “…Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús…”

Cuando tomamos el tiempo de estudiar la epístola a la iglesia en Efeso, pronto encontramos que el tema de Efesios es la responsabilidad del creyente de caminar de acuerdo con su llamado celestial en Cristo Jesús. Efesios no fue escrito para corregir errores específicos en una iglesia local, sino para prevenir problemas en la iglesia en general, y alentar al cuerpo de Cristo a madurar en Él. También se escribió para hacer que los creyentes sean más conscientes de su posición en Cristo, ya que esta es la base de su práctica en la vida cotidiana [2].

En otras palabras, la espitota fue escrita con el propósito de guiar a los creyentes a conducir su vida de forma agradable a Dios, y para motivarles a que se conectaran al poder de su fuente espiritual.  Porque solamente a través de esta conexión es que el creyente recibe la fortaleza que nos ayuda en nuestro comportamiento diario.

Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol cuando leemos Efesios 4:1-2 que nos dice: “…Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor…”  Las palabras claves en este pequeño versículo son: “…como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…”

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Digo que estas son las palabras claves porque si tuviéramos que describir todos los problemas que enfrenta la iglesia hoy en día en solo uno, yo diría que la falta de caminar dignos de la vocación con la que fuimos llamados, sería la mejor descripción.  Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como muchos, al igual que este pueblo, siendo ricos viven como mendigos, y teniendo la victoria viven derrotados.  Manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Como les dije al inicio, las bendiciones de Dios son más espirituales y celestiales que materiales. Con esto no quiero decir que Dios no nos bendice en lo material, sino que les estoy diciendo que lo material en si no es de gran importancia. Lo más importante es lo espiritual.

Esto es algo que queda bien declarado en los versículos que estamos examinando en el día de hoy cuando leemos: “…Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo...” Sin embargo, existe un buen número de creyentes que no permanece consiente de esto.  Despierta a la persona que tienes a tu lado y dile: “…nos bendijo con toda bendición espiritual…”.

Lamentablemente, la mayoría de las personas no ven las bendiciones de Dios, debido a situaciones o circunstancias difíciles por las que puedan estar atravesando.  Como seres humanos al fin, en ocasiones nosotros nos podemos sentir mal.  En ocasiones podemos estar deprimidos o tristes. En ocasiones nos podemos sentir oprimidos por situaciones o circunstancias.  Pero si nuestro espíritu esta fuerte, y si nuestra fe y confianza en Cristo no flaquea, entonces podemos levantarnos y conquistar cualquier situación que pueda surgir ya que como nos dice claramente la palabra de Dios: “…Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…” (Filipenses 4:13)

En otras palabras, podemos conducir una vida en victoria porque sabemos que Cristo nos fortalece para conquistar cualquier situación.  Pero, si nuestra condición espiritual esta débil, o si no estamos parados firmes en la palabra de Dios, entonces no importa cuantas veces vallamos a la iglesia y escuchemos los mensajes.

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No importa donde estemos o quien nos acompañe; nada de esto será de importancia porque pase lo que pase, siempre nos sentiremos desamparados y solos.  La gran realidad acerca de nuestro Dios es que este no es Su plan para nuestra vida.  Dios no quiere que Su pueblo viva desanimado y desalentado; Dios no quiere que vivamos derrotados y a la merced de este mundo de maldad.

Cristo no vino a este mundo para entregarnos una vida de constante sufrimiento y dolor.  Claro esta en que en ocasiones a todos nos tocara atravesar por momentos difíciles, pero para esos momentos tenemos Su promesa.  Fíjense como nos dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…”

Cristo no vino a este mundo para entregarnos una vida llena de sufrimiento y dolor.  Él no quiere que su pueblo viva derrotado, y no existe ninguna razón para que vivamos de esta manera. Pero el problema consiste en que en muchas ocasiones nuestro espíritu se encuentra débil. Esto por supuesto solo conduce a una cosa, esto solo conduce a que en momentos de dificultad carezca la fe.  Es por eso que les digo en el día de hoy que la mayor bendición que Dios derrama sobre nosotros es la bendición espiritual.   ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque las bendiciones espirituales son completamente diferentes a las bendiciones materiales. Las bendiciones espirituales son gloriosas, y son las bendiciones que borran la tristeza, borran el dolor, la angustia, y las preocupaciones. Son las bendiciones que le entregan al hombre una vida abundante. Son las bendiciones que son superiores a todas las bendiciones materiales. Todos nosotros nos podemos considerar bendecidos debido a nuestras posesiones materiales, pero la realidad es que nada de eso es duradero.

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