La semana pasada durante la apertura del servicio, la diaconisa hablo acerca del tiempo, y de forma indirecta me pidió que predicase de ese tema, así que hoy deseo iniciar el servicio haciendo una pregunta.  ¿A cuantos aquí les alcanza el tiempo?

En esta era moderna en que vivimos, yo diría que el tiempo es una comodidad muy valiosa.  Es por eso que cuando pedimos algo de alguien, no es fuera de lo común escuchar “no puedo porque no me alcanza el tiempo.”  Estoy seguro que esto es algo que muchos de nosotros, sino todos, hemos dicho en cierta situación.  Yo les puedo decir que yo lo he dicho no en una o dos ocasiones, sino en numerosas ocasiones.

Una cosa interesante acerca del tiempo es que ninguno de nosotros podemos hacer tiempo; en otras palabras, ninguno de nosotros podemos añadir ni un segundo a un minuto, ¿verdad?  Y quizás esto mismo es lo que nos frustra en ocasiones, porque todos quisiéramos tener más tiempo, pero como les acabo de decir, el tiempo es de Dios y ninguno de nosotros podemos ni tan siquiera añadir un milésimo de segundo a nuestra vida [1]. Y es por eso que en ocasiones tal pareciera que el tiempo se está acortando. Pero la realidad es que el tiempo no se está acortando, sino lo que sucede es que hoy en día estamos más entretenidos, y/o distraídos que nunca, así que lo único que nosotros podemos hacer es manejar el tiempo, y es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Eclesiastés 3:1-11Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;  3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? 10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

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Como podemos ver al leer estos versículos, el tiempo para todo fue determinado por Dios.  Como les dije hace un momento, ninguno de nosotros podemos añadirle ni un milisegundo a un minuto.  Todos aquí recibimos la misma cantidad de tiempo.  Pensemos en esto por un breve momento y veamos si lo que les digo es verdad.

Hablando matemáticamente,  cada día tiene 24 horas, y cada semana nos trae 7 días.  Haciendo la matemática entonces podemos deducir que con cada semana recibimos exactamente 168 horas.  Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿qué hacemos con todo este tiempo?  Les puedo decir que se han hecho numerosas encuestas acerca de lo que las personas hacen con el tiempo, y deseo compartir con ustedes lo que se ha encontrado.

De las 168 horas que existen en una semana, las personas se pasan un promedio de 56 horas durmiendo.  Esto solo deja 112 horas a la semana.  De estas 112 horas,  las personas emplean un promedio de 28 horas comiendo y atendiendo a sus necesidades personales.  Esto solo deja 84 horas en la semana.  De estas 84 horas las personas pasan un promedio de 40-50 horas trabajando.  Así que al hacer la matemática podemos ver que semanalmente a la mayoría de las personas nos queda un promedio de 34 a 44 horas semanales en la que podemos hacer lo que deseamos.

Para todos aquellos que piensan que no tienen el tiempo de hacer nada, creo que les acabo de encontrar el equivalente de casi una semana de trabajo semanalmente.  Pero la pregunta persiste, ¿qué hacemos con este tiempo? Me atrevo a decir que la mayoría de nosotros diríamos que nos pasamos ese tiempo resolviendo problemas.  Pero, ¿es esto una declaración verdadera?

El problema que existe es que la mayoría de nosotros nos ocupamos más de nuestras ambiciones y deseos, que de las cosas importantes.  Una vez que caemos en este plan, entonces se nos hace muy fácil menospreciar, o no lograr a entender y ver las bendiciones que Dios ha derramado en nuestra vida.  Fíjense bien como lo dice aquí; “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”. (vers. 11).

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¿De qué bendiciones les hablo?  ¿Qué es lo importante en esta vida?  Hermanos, lo más importante en esta vida para nosotros debe ser Dios, inmediatamente seguido por nuestra familia.  Pero lamentablemente, en numerosas ocasiones, ambas cosas ocupan un tercer o cuarto lugar en la vida de muchas personas.  Lamentablemente la mayoría del pueblo de Dios escoge satisfacer más los deseos y ambiciones que cumplir con Dios, y con la responsabilidad que Él nos ha entregado [2].

La fe de muchos, y el hogar cristiano han decaído en gran manera.   La razón principal por esto es porque las personas se han dejado cegar, y no pueden ver el tiempo que Dios les ha entregado. La palabra de Dios nos dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. (vers. 1).  Les digo en el día de hoy que es hora de encontrar el tiempo para servirle a Dios como Él desea que le sirvamos.  Aparte de Dios, el hogar es el lugar más importante que existe.  ¿Por qué?  Porque en el hogar es donde se inicia todo.

El hogar es dividido en dos secciones, nuestros hijos, y nuestro cónyuge.  Examinemos estas dos secciones.

Los hijos.  Pensemos en nuestra niñez, ¿qué aprendimos de nuestros padres?  Quizá algunos de nosotros no tuvimos el privilegio de ser criados conforme a la palabra de Dios; quizá algunos de nosotros tengamos malas memoria de nuestra niñez; pero de lo que sí estoy seguro es que todos aprendimos a ser adultos basados en los principios básicos de nuestros padres.

Es por eso que como padres tenemos que ser el ejemplo a seguir, y dedicarle el tiempo debido a nuestros hijos.  Ser un padre no es solo el hecho de proveerles con un techo, calzado y comida.  Ser un padre es mucho más de eso, ser un padre según Dios significa tomar el  tiempo para instruir a nuestros hijos [3].

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Tenemos que tomar el tiempo para amoldar los corazones de nuestros hijos según Dios y no según las cosas de este mundo.  Nunca se nos puede olvidar que lo que sembremos en esos corazones será lo que les influirá por el resto de sus vidas [4]. Por supuesto que todo padre puede decir que este no es un trabajo nada fácil.  Digo esto porque en ocasiones todo padre tiene que tomar ciertas decisiones que no serán muy populares.

En ocasiones tendremos que castigar para corregir una mala conducta o acción, pero si no tomamos el tiempo para hacerlo, entonces no estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad [5]. Tenemos que tomar el tiempo para enseñarles a nuestros hijos la palabra de Dios [6]. Tenemos que apartar el tiempo para enseñarles a respetar y amar a su prójimo; corrigiendo sus malas acciones para que en su madurez sean hombres y mujeres de Dios [7].

Hermanos, y algo que es de suma importancia es tomar el tiempo para amarles.  Una vez leí un artículo que decía que los niños deletreaban la palabra amor con las letras “T-I-E-M-P-O.”  ¿Por qué se preguntaran?  La respuesta es porque los niños no están interesados en los afanes de esta vida, los niños no están interesados en las ambiciones, ellos solo desean nuestra atención.

Así que tenemos que apartar el tiempo para demostrarle que le amamos, y este amor es demostrado cuando le dedicamos tiempo para jugar con ellos.  Este amor es demostrado cuando le dedicamos tiempo para escucharles.  Este amor es demostrado cuando le dedicamos tiempo y nos interesamos en sus actividades, nos interesamos en sus intereses, y compartimos en todo, aun cuando para nosotros sea algo infantil.

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