Una relación con Dios debe, y tiene que ser, la relación más importante que toda persona debe establecer y desarrollar, porque ella determinará no solo como viviremos aquí sino dónde pasaremos el resto de la eternidad.

Lamentablemente, entre el bullicio de este mundo, las ocupaciones, preocupaciones, y tareas de nuestro vivir cotidiano, con frecuencia la intensidad de nuestra relación con Dios puede disminuir, y eventualmente comenzar a desgastarse. Esto es algo que sucede porque cuando estamos muy ocupados, en vez de sacrificar horas de trabajo, o diversión, preferimos sacrificar el tiempo que le corresponde a Dios. Y en muchas ocasiones decimos cosas similares a: estoy muy cansado, oraré mañana; tengo mucho sueño, leeré la biblia mañana; necesito descansar, hoy no asistiré a la iglesia, asistiré la semana que viene. En sí, hacemos un sin número de excusas para tratar de justificar en nuestra mente la razón por la que no le dedicamos el tiempo a Dios que Él merece. ¿Qué sucede entonces?

Lo que sucede en la mayoría de los casos es que cuando nos damos cuenta, no sabemos ni quien somos, o como hemos llegado hasta esa situación. En el mejor de los casos, reflexionamos y rectificamos nuestros errores, y/o omisiones para reparar nuestra relación con Dios. Pero les digo que este es el mejor de los casos, porque la realidad es que existen muchos que toman ese tren sin boleto de retorno.

¿Saben cuántas personas han estado congregándose activamente, se han bautizado, leían la Biblia diariamente, oraban sin cesar, servían fielmente en un ministerio, y hoy en día no forman parte de ninguna congregación? Estamos hablando de personas que iniciaron su relación con Dios con gran pasión y devoción, pero ahora están completamente apartados, rondando por lugares desolados. ¿Por qué les ha sucedido esto?

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Esto es algo que les ha sucedido porque en un momento de su vida, descuidaron la relación que ninguno de nosotros podemos descuidar, y esa es nuestra relación con Dios. En un momento, no se dieron cuenta, y se les perdió Jesús. Pero esto no es algo que sucede repentinamente.

La realidad es que las personas no se apartan de Dios de un día para otro, sino que es algo que se va cocinando a fuego lento, como en cualquier otra relación. Por ejemplo, nadie se divorcia de un día para otro, sino que es una acumulación de cosas que van sucediendo, y que eventualmente producen una separación. Cosas que a través del tiempo causan que las parejas a pesar de que vivan juntos, están completamente distanciados de cada uno.

De igual manera funciona con Dios, nadie se aparta de Dios repentinamente, sino que es un proceso lento pero aplastante, y la misma persona va mostrando señales de que su relación con Dios no va por buen camino. Así que este será nuestro tema para el día de hoy.

Hoy vamos a examinar nuestra relación con Dios, y las señales que podemos estar inconscientemente mostrando que nuestra relación con Dios no va por buen camino. Haremos esto con el propósito de que podamos recapacitar y corregir nuestros errores. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Lucas 2:41-50Iban sus padres todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42 Cuando cumplió doce años, subieron ellos a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. 43 Una vez acabados los días de la fiesta, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén; y sus padres no lo supieron. 44 Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos. 45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole. 46 Aconteció que después de tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que lo oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas. 48 Cuando lo vieron se maravillaron, y su madre le dijo: —Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia. 49 Entonces él les dijo: —¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? 50 Pero ellos no entendieron el dicho que les habló. (RVA-2015)

Como podemos ver, aquí se nos narra el acontecimiento de la llegada de Jesús a Jerusalén cuando tenía doce años. Y como también podemos apreciar, esto era la costumbre de los padres del Señor. Ahora bien, como les mencione anteriormente, las personas no se alejan de Dios de forma inmediata, sino que el alejamiento es un proceso que ocurre gradualmente, y es algo que sucede por etapas. Y ahora debemos preguntarnos, ¿Cuál es la primera etapa?

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La respuesta a esta pregunta es obvia; la primera etapa de un alejamiento de Dios es la costumbre. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque cuando comenzamos a hacer las cosas que hacemos para Dios solo por costumbre, entonces estamos dando un paso en falso en nuestra relación con Dios. Cuando hacemos lo que hacemos por costumbre, no pensamos por qué lo hacemos, ni en para qué lo hacemos,  simplemente, lo hacemos porque todos lo hacen, y es ahí donde existe un gran peligro.

Ahora debemos reflexionar por un momento y preguntarnos, ¿por qué asistimos a la iglesia? ¿Asistimos a la iglesia porque venimos a alabar a Dios, o porque es nuestra costumbre?  Ahora bien, quiero hacer hincapié en algo, asistir a la iglesia es una buena costumbre, pero la realidad del caso es que si asistimos a la iglesia solo porque deseamos complacer a nuestra pareja, o porque nuestras amistades lo hacen, la realidad es que eso no te servirá para nada.  ¿Por qué digo esto? Lo digo porque Dios no está buscando un número de personas que se aglomeren en un lugar, Dios está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad [1].

Quizás algunos de ustedes encuentren que esta predicación sea un poco fuerte, pero es necesario que comprendamos que los hábitos y disciplinas cristianas que les mencionare en esta predicación, no nos servirán de mucho si solo lo hacemos por costumbre, y no porque genuinamente deseamos establecer, reforzar, o reparar nuestra relación con Dios [2]. Examinemos ahora algunas de las cosas que quizás hacemos por costumbre, pero que en realidad no fortalecen y/o establecen una relación genuina con nuestro Dios.

La primera cosa que muchos hacen por costumbre es leer la biblia. Y les puedo decir que  leer la biblia es muy buena costumbre, pero el problema no es leer la biblia, el problema es el no saber para qué lo haces. Durante mi vida yo he conocido a muchas personas que leían la biblia diariamente, pero que hoy no se congregan en ningún lugar, que hoy se encuentran completamente apartados de la presencia de Dios. Es triste decirlo, pero la realidad es que existen muchos que leyeron la biblia con regularidad, pero que nunca escucharon la voz de Dios.  Y es por eso que con frecuencia les pido a que tomen notas de las predicaciones, y que tomen el tiempo de leer y meditar los versículos mencionados durante la predicación.

Hermanos, no podemos leer la biblia solamente por leer, sino que tenemos que meditar en la palabra de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque la palabra es viva, y eficaz, la palabra de Dios es la que nos da convicción de error y pecado, y es capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón [3].

Cuando tomamos el tiempo de estudiar la biblia, encontramos que el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16-17 explica claramente cuál es la utilidad de la Biblia cuando dijo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra.” (RVA-2015). Y es exactamente por esta razón que cuando leemos la biblia, debemos, y tenemos que hacerlo pensando en que Dios quiere decirnos algo. Debemos, y tenemos que leer la biblia pensando que Dios desea revelarnos la solución a nuestras dificultades y/o preocupaciones, y guiarnos al camino que Él desea que andemos. Así que el problema no es leer la biblia, sino que es no entender que Él está contigo, y te está hablando a través de Su palabra escrita.

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Así que ahora debemos preguntarnos, ¿estamos leyendo la biblia, o estamos escuchando la voz de Dios? Hermanos, si al leer la biblia no estamos escuchando la voz de Dios, entonces lo único que estamos haciendo es leer un libro cualquiera y nada más. Pero recordemos que la biblia no es un simple libro, la biblia es la palabra de Dios, y el alimento principal de todo cristiano [4]. Así que leer la biblia solo por leer, eventualmente te conducirá a que pierdas de vista la verdadera razón por lo cual debes hacerlo, la cual es escuchar la voz de Dios.

La segunda cosa que muchos hacen por costumbre es orar. Ahora bien, no quiero que nadie me vaya a mal interpretar; la oración es un elemento vital en la vida de todo creyente, y es por eso que la palabra de Dios nos llama a orar sin desmayar [5]. Pero el problema surge cuando oramos solamente por costumbre, y se nos olvida que a través de la oración estamos hablando directamente con nuestro Dios. En otras palabras, antes de comer oramos de esta manera; antes de predicar oramos de esta manera; antes de participar de la cena del Señor oramos de cierta manera, etc. etc.