Durante las últimas predicas, he enfatizado la necesidad de dedicarle tiempo a Dios, y de desarrollar nuestra relación con Él.  Esto es algo de suma importancia ya que si no lo hacemos, entonces nunca lograremos entender el propósito de Dios en nuestra vida. 

Y conocer el propósito de Dios en nuestra vida es algo que todos debemos buscar.  Pero encuentro necesario  hacer una aclaración.  Lo que deseo aclarar es que desear conocer el propósito de Dios en nuestra vida es algo que debemos hacer por amor, y no por fanatismo.  Ahora, no quiero que me vayan a mal interpretar.

Con lo que les he dicho, no he dicho o implicado que podemos acomodarnos en la relación a medias que muchos tenemos con Dios.  Con los que les he dicho, no he dicho ni implicado que no debemos buscar más de Dios.  Si les dijera estas cosas, o si tan siquiera se las implicara, entonces yo estaría yendo en contra de la palabra de Dios [1].  Pero lo que si deseo que quede bien claro es que nuestra búsqueda de Dios tiene que ser por amor.

Si genuinamente deseamos encontrar la presencia de Dios en nuestra vida, entonces tenemos que buscarle de corazón [2].  Ahora bien, ¿por qué les he dicho estas cosas? 

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Les he dicho estas cosas porque existen muchos creyentes que han confundido el amor por Dios con el fanatismo, y la realidad es que existe un gran peligro en esto.  Así que éste será el tema que estaremos explorando en el día de hoy.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Gálatas 1:11-17Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. 13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, 17 ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.

Como podemos apreciar, estos versículos forman parte del saludo de Pablo a la iglesia en Galacia (provincia romana), y forman parte de su testimonio de cómo él conoció al Señor.  Pero en ellos también encontramos el peligro que existe en el fanatismo.   Ahora bien, para que logremos entender bien el mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, debemos hacer una breve pausa y examinar la definición de la palabra fanatismo.

La palabra fanatismo es derivada de la palabra fanático, la cual es definida como: Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento, creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas. 2. Preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa [3].

Los sinónimos de fanatismo son: apasionamiento, entusiasmo, exacerbación, exaltación, fervor, fogosidad, intolerancia, intransigencia, obstinación.  Una gran realidad es que el a través de la historia, el fanatismo ha sido responsable de la muerte de cientos, sino miles, de personas inocentes.  Y el fanatismo religioso es algo que cuando se combina con otros factores de carácter ideológico y/o político, en realidad produce consecuencias desastrosas.  Permítanme citar algunos ejemplos para que entiendan bien lo que les estoy tratando de decir.

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En la Edad Media, durante los siglos 11, 12 y 13, la Iglesia Católica envío ejércitos a la Tierra Santa, con el propósito de liberarla de las manos de los musulmanes.  Como todos nos podemos imaginar, esto produjo cientos de miles de muertos en los conflictos armados, los cuales finalmente no tuvieron resultado alguno ya que los cruzados (guerreros cristianos) fueron derrotados [4].  Y ¿saben por qué fueron derrotados?  Fueron derrotados porque el destino de la nación de Israel no será decidido por el hombre; solo Dios determinara el futuro de ese pueblo y esa nación.

Desde el siglo 15 hasta el siglo 19, la Iglesia Católica permanentemente estableció inquisiciones, organizadas burocráticamente, designadas y supervisadas ​​por el clero (y ocasionalmente los laicos).  

Esto fue algo establecido con la intención de descubrir y eliminar la opinión heterodoxa, y la práctica religiosa en la Europa cristiana. El Papa Inocencio III (1198-1216) dijo: “Cualquiera que intente interpretar una visión personal de Dios que entre en conflicto con el dogma de la iglesia debe ser quemado sin piedad.”

Las inquisiciones institucionales fueron similares a instituciones gubernamentales y disciplinarias al comienzo de la Europa moderna. La primera, la más grande y la más conocida de ellas fue la Inquisición española, creada por el Papa Sixto IV a petición de Fernando II e Isabel I, los soberanos de Aragón y Castilla, en una autorización papal el 1 de noviembre 1478 [5].

En 1252, el Papa Inocencio IV oficialmente autorizó la creación de las cámaras de tortura horripilantes de la Inquisición.  La absolución de los acusados ​​era prácticamente imposible, así que con el completo permiso del Papa, los inquisidores tenían libertad para explorar las profundidades del horror y la crueldad. Y lo más lindo de todo es que muchos de los artículos de tortura fueron inscritos con el lema “Gloria solo a Dios”. 

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Hubo dos grandes inquisiciones, la Inquisición medieval y la Inquisición española.  ¿Cuántos murieron y/o fueron torturados durante este tiempo?  La realidad es que no existen  cifras exactas, y los expertos no pueden llegar a un número preciso, pero les aseguro que fueron en los miles.

Pero no vayamos tan lejos, aquí en este país del 1692-1693, se produjeron los juicios de las brujas en Salem, Massachusetts.   Más de 200 personas fueron acusadas de practicar la brujería, la magia y ser diabólicas, y 20 fueron ejecutadas. En otras palabras, mezcla de miedo y una mentalidad irracional, causo la persecución y la muerte de inocentes.

Permítanme citarles un ejemplo de una de las pruebas que le hacían al acusado para determinar su inocencia.  Tomaban una balanza, ponían a la persona a un lado, y una Biblia en el otro.  Si la balanza quedaba balanceada, la persona era considerada inocente.  Pero si la persona era más pesada que la Biblia, y la balanza quedaba desbalanceada, la persona era condenada, y la ejecutaban, o desterraban.  Con el tiempo, la colonia admitió que los juicios habían sido un error, y compensaron a las familias de los condenados.  Ahora bien, ¿Por qué les he dicho estas cosas?

La razón por las que les he dicho estas cosas es para que nos demos cuenta que aunque en ocasiones nuestras acciones, y las acciones de aquellos en poder pueden ser bien intencionadas, todo en exceso o mejor dicho, el fanatismo (intolerancia, intransigencia, obstinación) produce resultados indeseables y desastrosos.  Como hemos podido ver, en todos los ejemplos que les cite, lo único que el fanatismo religioso produjo fue opresión, muerte y sufrimiento de decenas sino miles de personas alrededor del mundo.

Como les dije, en los versículos del estudio bíblico de hoy encontramos el peligro que existe en el fanatismo.  Fíjense bien en este detalle para que entiendan bien lo que les estoy diciendo.  La Palabra de Dios nos dice: “…Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres….”  Aquí vemos que Pablo dice: “…siendo mucho más celoso…” 

La palabra clave aquí es “celoso”.  Digo esto porque la palabra “celoso” usada aquí es una traducción de la palabra griega “zēlōtēs” (pronunciada: ze-lo-teis) que significa “fanático” [6].  ¿Y a qué grupo pertenecía Pablo?   Pablo era Fariseo [7].

En otras palabras, había sido criado y enseñado, a ser un estricto seguidor de la ley, pero la realidad es que al igual que todos los demás fanáticos de la ley, no era más que un hipócrita [8].  Esta hipocresía y fanatismo, produjo que Pablo persiguiera a los cristianos despiadadamente.

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