Esta noche deseo hablarles de un tema al cual he aludido en numerosas ocasiones en otras predicas. Esta noche deseo hablarles de un espíritu inmundo que se ha infiltrado en las iglesias cristianas, el cual ha causado confusión, división, y un completo alejamiento de la verdad de Dios, es decir, la palabra de Dios. Permítanme compartir una pequeña anécdota para iniciar todo.

Hace un tiempo atrás estaba conversando con mi madre, y no sé exactamente cómo caímos en el tema, pero ella me contó que cuando ella era una niña, ella y sus hermanas estaban internadas en una escuela católica, la cual estaba dirigida por monjas.

No los aburriré con todas las cosas que me contó, pero lo que se me quedo grabado en la mente fue que las monjas obligaban a las alumnas a confesarse. Las niñas tenían que confesarse al despertar en la mañana, antes de la misa diaria que tenían que asistir, y si por alguna razón llegaban tarde a la misa, también tenían que confesarse antes de retirarse a dormir.

La razón por la que esto se me quedo grabado en la mente es porque, ¿qué pecado puede cometer una niña o un niño de nueve o diez años?  Después de todo, el Señor mismo nos dice que los niños no son capaces de pecar [1].  ¿Por qué digo que el Señor dijo que los niños no pecan?

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Lo digo porque por definición, el “pecado” según la definición encontrada en el diccionario de la Real Academia Española es la: “transgresión voluntaria de leyes y preceptos religiosos” [2].  Segundo, según el diccionario de Teología Bíblica declara que: “el pecado implica una condición en la cual se corrompe el corazón y la inclinación hacia el mal” [3].

Y por último, la palabra de Dios, que es la verdad de Dios, enseña que “el pecado es infracción de la ley” de Dios, y la rebelión [4]. Ahora pregunto, ¿cómo puede alguien decir que un niño es capaz de pecar, o que ha cometido un pecado?  Hacer tal declaración es algo absurdo, y es una completa ignorancia de lo que la palabra de Dios, Su verdad, nos enseña.

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué es que existen tantas personas completamente engañadas y sumergidas en las falsas doctrinas?  ¿Por qué existen tantas personas que se llaman cristianos, pero que en realidad sirven al diablo? [5]  La verdad es que la respuesta a ambas preguntas pueden ser fácilmente encontradas en solo una palabra, y dicha palabra es “religión”.  ¿Por qué digo que esta pequeña palabra contesta ambas preguntas?

Lo digo porque la religión es: “conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto [2].”  Y la realidad es que en la mayoría de los casos, esos conjuntos de creencias o dogmas acerca de la divinidad han sido creados por hombres, y no tienen fundamentos bíblicos.

Y quizás algunos ya estén pensando, bueno pastor, pero yo soy cristiano y esa es mi religión.  Pero te aseguro que ese no es el caso.  El verdadero cristiano no pertenece a una religión; el verdadero cristiano es un discípulo de Jesucristo.  Es por eso que hoy deseo enfocar esta predicación en lo que es la religión. 

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La religión es un espíritu inmundo que se ha infiltrado en la iglesia cristiana, el cual está causando un gran daño. Es por eso que hoy deseo que nuestro estudio bíblico se enfoque en lo que verdaderamente somos.  Así que continuemos ahora con nuestro estudio bíblico para que podamos identificarnos correctamente.

Mateo 16:24-25Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Antes de continuar, vamos a brevemente examinar dos religiones populares en las cuales las personas se identifican como cristianos.  Vamos a examinar la Iglesia Católica, y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Vamos a solamente, y muy brevemente examinar estas dos religiones, porque la realidad es que alrededor del mundo existe un incontable número de religiones, y sectas, en las cuales las personas se llaman cristianos, y sería completamente imposible cubrirlas todas. 

Pero estas dos religiones, o conjunto de creencias y dogmas que les acabo de mencionar, son las más conocidas en el mundo hispano, son la más ricas, y tienen millones de miembros.  Y como todos sabemos, los miembros de ellas se atribuyen el título de cristianos, pero la realidad es que no lo son.

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Digo que no lo son porque estas dos religiones no siguen a Cristo, sino que siguen doctrinas establecidas por hombres.  Y el Señor nos dice claramente: “…No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos….” (Mateo 7:21).  Y como veremos a continuación, ninguna de estas religiones hace la voluntad del Padre.

Examinemos ahora brevemente las dos supuestas iglesias cristianas que les mencione; seré bien breve, ya que sería imposible compartir con ustedes todas las doctrinas falsas que existen en estas instituciones religiosas, en este pequeño espacio de tiempo que compartimos.

La Iglesia Católica.  Muchos piensan que la palabra católica es un sinónimo de cristiana o cristiano, pero la realidad es que no lo es.  La palabra católica es derivada de la palabra en latín (lengua antigua romana) “catholicus” (pronunciada: ca-zo-licus) y su definición es “universal”. En esta definición no se puede encontrar nada que ni tan siquiera aluda a la palabra cristiano, Jesucristo, Dios, o la palabra de Dios [2].  Así que cuando se habla de la Iglesia católica, lo que en realidad se está diciendo es que es la iglesia universal, y no la iglesia cristiana.

¿Qué enseña la iglesia católica contrario a la biblia? La iglesia católica enseña que existen santos, la veneración de los santos, y que los santos pueden interceder por nosotros ante el Padre [6].  Pero todo esto es una gran mentira [7].  Digo que es una gran mentira, porque la palabra “santos” aparece 135 veces en la biblia, y en toda ocasión es para hacer referencia a los creyentes vivos, no a personas que han muerto. 

La iglesia primitiva, y ninguno de los apóstoles, jamás hablaron de canonizar a una persona que había muerto.  En otras palabras, Jesús y ninguno de los apóstoles, jamás declararon que alguien quien había muerto era digno de veneración.

El primer santo canonizado fue Ulrich, obispo de Augsburgo, que murió en el año 973 y fue canonizado por el Papa Juan XV en el Concilio de Letrán del 993. El Papa Alejandro III (1159-81) comenzó a reservar los casos de canonización de la Santa Sede, y esto se convirtió en ley general bajo Gregorio IX (1227-1241) [8].

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