Ahora bien, a pesar de que no conocemos mucho acerca de esta sierva, lo que si podemos decir con confianza es que a través de ella el líder del ejercito de su enemigo fue sanado. ¿Por qué sucedió esto así?  Esto sucedió así porque Dios había colocado a ésta sierva en la casa de este hombre con un propósito.

Pero esto es algo que muchos no logran entender; muchos no logran entender que en ocasiones Dios permite que nos sucedan cosas desagradables, o que permite que atravesemos por situaciones difíciles porque existe un propósito que debemos cumplir. Quiero que nos fijemos bien en que este mismo fue el caso con el rey de Israel en nuestra historia.

Fíjense bien lo que leemos aquí: “…Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó  sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que este envíe a mí  a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí…”

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En este caso el rey de Israel no reconoció la soberanía de Dios; el rey no reconoció que Dios es soberano y que se puede manifestar de muchas formas.  La reacción de este hombre fue la de una persona sin fe; su reacción fue la de una persona temerosa.

El rey de Israel temió que si Naamán  no se sanaba el rey de Siria le declararía guerra. Él no vio la mano de Dios en lo que estaba sucediendo; no pudo ver el poder de nuestro Dios porque estaba lleno de temor, y no de fe. El cristiano debe tener mucho cuidado de no caer en la misma situación que este hombre.

Dios desea usarnos para que llevemos las buenas nuevas al mundo y no podemos temer.  Nunca nos olvidemos que como fieles cristianos, tenemos que aprender a reconocer las oportunidades que Él nos provee para cumplir nuestra misión.

Al igual que la sierva en nuestra historia, tenemos que permitir que el amor de Dios sea reflejado en todo momento y con toda persona.

Esto es algo que queda mejor declarado por el Señor Mateo 5:46-48 cuando leemos:  “…Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publícanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto…”

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Recordemos que Dios nos provee la oportunidad de llevar el mensaje de salvación a otros, pero tenemos que estar atentos para reconocer esos momentos. 

Este mismo fue el caso con el profeta, él reconoció la oportunidad que Dios estaba proveyendo para que otros aprendieran a reconocer la soberanía y poder de Dios.

Continuando leemos: “…Cuando Eliseo el varón de Dios oyó  que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió  a decir al rey: ¿Por qué  has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá  que hay profeta en Israel…”

Eliseo fue un hombre de Dios y completamente lleno de fe. Él sabia que si Dios había enviado a este varón tan importante, existía un propósito. Eliseo no temió como el rey de Israel, porque él sabía que servía al Dios todopoderoso.

Eliseo le dijo al rey de Israel, dile que venga acá, no te preocupes o temas, que cuando llegue aquí, él va a conocer al Dios todopoderoso que servimos.  ¿Qué sucedió entonces?  Aquí es donde se pone bien interesante la cosa, y donde descansa el punto principal de nuestro estudio.

Fíjense bien lo que sucedió a continuación: “…Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró  a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió  un mensajero, diciendo: Vé  y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí  yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová  su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra…”  ¿Cuántos pueden ver aquí un orgullo herido?

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Digo esto porque Naamán estaba acostumbrado a ser tratado con gran respeto y honor, así que se pueden imaginar como se debe haber sentido cuando Eliseo ni tan siquiera salio a recibirle, sino que le envío un mensaje.

Eliseo no le rindió ningún tipo de homenaje, es más, yo diría que lo trato con poco respeto.   Así que Naamán  por causa de su orgullo se sintió enojado; él estaba esperando un trato especial pero no lo obtuvo. Ésta actitud tomada por Naamán aquí no está muy lejos de la actitud que ha tomado el hombre de hoy.

Todos esperamos un trato especial de Dios, esperamos una señal divina y no nos damos cuenta de las cosas maravillosas que suceden a nuestro alrededor diariamente.  No nos damos cuenta de cómo el poder y la presencia de Dios está sobre todo cristiano fiel en todo momento [4].

Ahora bien, Naamán  sabía lo que era bañarse en un río, pero bañarse en el Jordán no era algo que muchos deseaban hacer.  Digo esto porque el Jordán era un río pequeño y sucio, y es por eso que encontramos que dijo: “…Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado…”  Lo que Eliseo le había mandado a hacer era una cosa indigna para un hombre de su posición social.

Naamán estaba enfurecido debido a que parecía que Eliseo no le había dado importancia a sanar su enfermedad. En la mente de Naamán no cabía que se sanaría de su enfermedad con solo darse un baño en un río sucio. La soberbia y egocentrismo de Naamán no le permitían aceptar sanidad por fe. Pero la realidad es que para Dios todo comienza con la humildad [5].  ¿Qué sucedió a continuación?

Continuando leemos: “…Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?  El entonces descendió, y se zambulló  siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó  limpio…”

Con esto aquí nos damos cuenta de la humildad de los criados de Naamán. Y fue esta humildad la que causo que Naamán recibiera la bendición de Dios, él tuvo que aceptar con humildad la misericordia de Dios. Al igual que Naamán, si queremos que nuestras heridas sean sanadas, entonces tenemos que humillarnos ante Dios [6].

Mo permitamos que nuestros conceptos nos detengan de ser sanados espiritualmente. 

Tenemos que creer que el camino que Dios a escogido para nosotros es mucho mejor del que nosotros escogemos. Puede ser que no entendamos Su manera de obrar, pero cuando le obedecemos humildemente recibiremos sus bendiciones.

Para concluir.  Lo que Naamán  tuvo que hacer para limpiarse de su lepra es parecido a lo que nosotros tenemos que hacer para limpiarnos de nuestros pecados.

Tenemos que aceptar con humildad la misericordia de Dios.  Tenemos que humillarnos ante Él y decirle Padre heme aquí. Tenemos que decirle, úsame, limpia mis pecados, rompe mi orgullo y sana mi espíritu.

Dios quiere nuestra obediencia, y eso va mano a mano con la humildad. Nunca nos olvidemos de que existe un propósito de Dios en todo lo que sucede, y que Él puede usar cualquier cosa o momento para demostrar su soberanía.

No busques más la voluntad y poder de Dios en tu vida basado en tu propia opinión, busca hoy el propósito de Dios en tu vida con humildad, y lo recibirás.  Busca hoy el propósito de Dios en tu vida con humildad y al igual que en ese entonces, aquellos que te rodean sabrán que existe el Dios todopoderoso.

[1] Marcos 8:11-13
[2] Hechos 4:11-12
[3] Mateo 28:19
[4] Romanos 8:28
[5] Salmos 138:6
[6] 2 Crónicas 7:14; Proverbios 3:33-34

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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