Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Todo cristiano fiel ora al Padre diariamente, ya que esto es nuestra vía de comunicación con nuestro Dios. Todos oramos por diferentes razones, o clamamos según nuestras necesidades, pero yo sé que todos aquí compartimos un propósito en común en nuestras oraciones.

Yo sé que todos aquí oramos al Padre que envíe un avivamiento a nuestra congregación, ¿no es así? Todos deseamos que Él Señor envíe un avivamiento a esta iglesia y que la asistencia a los servicios aumente grandemente, pero desdichadamente desear no es suficiente.

Así que la pregunta que debemos hacernos es ¿qué se necesita para que Dios envíe un avivamiento? Este será el tema de nuestra predicación en el día de hoy. En nuestro estudio bíblico de hoy vamos a enfocar lo que todos necesitamos para que Dios envíe el avivamiento. Todos pedimos y deseamos un avivamiento, pero antes de que esto pueda suceder, algo muy importante tiene que pasar en nuestra vida.

Abramos ahora nuestra biblia para iniciar nuestro estudio bíblico. En la predicación de hoy estaremos explorando un momento crucial en la vida del rey David, que nos ilustrara lo que debemos y tenemos que hacer para que Dios envíe un avivamiento.

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La lectura de nuestro estudio bíblico es un poco extensa, así que no se las leeré completa, sino que usare los versículos claves que sirven para mejor ilustrar los puntos que deseo hacer en esta predicación. Pero como siempre digo, marquen su Biblia y no dejen de leer todos los versículos durante su tiempo de meditación.

Lectura de la Biblia: Salmo 51:1-19

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento de la predicación que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Así que permítanme hacerles un muy breve recuento de la vida del Rey David, y por lo que él estaba atravesando en este momento de su vida.

Como todos sabemos, David fue elegido y ungido por Dios desde una temprana edad para que fuese el Rey de Israel [1]. Poco después de esto, a David le toco pasar por grandes pruebas de su fe. La primera y más conocida por todo cristiano fue cuando David derroto a Goliat [2].

Pero esta no fue la única prueba de su fe. Digo esto porque el Rey quien David había defendido lo persiguió para matarle, la persecución fue tan severa que David eventualmente tuvo que huir de Israel para salvar su vida [3].

Pero no obstante todo esto, David mantuvo una fe inquebrantable, y llego a ser el Rey de Israel tal como Dios lo había dictado. Pero las pruebas no se detuvieron al David ser ungido como Rey de Israel. Después de asumir el trono, se levanto otra gran oposición en contra de David, y trataron de destruirle [4].

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Este breve resume del Rey David nos conduce más o menos a este punto de la historia. Conociendo un poco mejor a David ahora preguntémonos, ¿por qué hizo David este clamor a Dios? Lo razón por la que David hizo este clamor, que en realidad es una fuerte oración, fue porque David reconoció que le había faltado a Dios grandemente.

¿Por qué digo que David reconoció que le había faltado a Dios grandemente? Lo digo porque David escribió este salmo después de su relación adultera con Betsabé [5]. En su deseo de satisfacer los placeres de la carne, David había roto por lo menos cinco de los mandamientos de Dios todos de un golpe; “No matarás, no cometerás adulterio, no hurtarás, no hablarás contra tu prójimo falso testimonio, no codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” [6]. Dile a la persona que tienes a tu lado: David reconoció sus errores. Y sé que algunos ya deben estar pensando, bueno pastor, ¿qué tiene todo esto que ver con el avivamiento? Pero les digo que aquí encontramos la clave para el avivamiento en el pueblo de Dios.

Cómo les dije al inicio, todos deseamos que Dios envíe un avivamiento a este ministerio, todos oramos pidiéndole a Dios que lo haga, ¿verdad? Pero la realidad es que cuando hacemos esto, lo estamos haciendo mal. Digo esto porque antes de pedirle a Dios que envíe un avivamiento al pueblo, primero debemos pedirle que nos envíe un avivamiento personal.

Pero antes de que podamos experimentar un avivamiento personal, existe algo que todos tenemos que hacer. Antes de que podamos experimentar un avivamiento personal, tenemos que orar como hizo David en este instante. Fíjense bien como David oro; él dijo: “…Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.…” (verss. 1-2).

La realidad es que todos nosotros, sin excepción de uno, necesitamos ser renovados diariamente. La razón por esto es porque todos nosotros, sin excepción de uno, le faltamos a Dios diariamente. Algunos lo hacemos sin darnos cuenta, algunos lo hacemos sabiendo que lo que estamos haciendo no agrada a Dios, pero el punto principal es que lo hacemos.

David reconoció sus faltas, él reconoció sus errores, y porque reconoció sus faltas y errores fue perdonado, pero no fue sin consecuencias a pagar [7]. Esto es algo que muchas personas no logran entender. Dios perdona nuestras transgresiones, pero esto no significa que nuestras transgresiones no producirán un resultado negativo.

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Aun cuando el pecado es perdonado, siempre existirán consecuencias que tendremos que afrontar.

Pero para recibir el perdón existe una condición; el perdón solo se recibe cuando existe un arrepentimiento genuino, solo cuando nuestro corazón y nuestro deseo de Su perdón es sincero recibiremos perdón por nuestras transgresiones y pecados. Este mismo es el caso que encontramos aquí en este salmo.

Fíjense bien como dijo David; él dijo: “…Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí…” (verss. 9-10). Aquí vemos que David se humillo ante Dios y reconoció sus faltas; David le pidió ser renovado, ser restaurado, y clamo la misericordia de Dios. Pero desdichadamente esto es algo que muchos de nosotros no hacemos. ¿Por qué no lo hacemos?

La mayor razón por la que no lo hacemos es porque en este mundo tan apresurado y lleno de tensión, nosotros tendemos a envolvernos tanto en las cosas que satisfacen nuestros deseos y placeres, que no llegamos a reconocer nuestras faltas.

Lo que le sucedió a David es muy parecido a lo que nos sucede a muchos de nosotros hoy en día; él cayó de la misma manera que muchos caen. Permítanme hacerles una breve anécdota para que entiendan bien el punto que deseo hacer. Como todos saben, la semana antes pasada mi familia inmediata, mi sobrina, y yo nos fuimos en una breve vacación.