Como les dije la semana pasada, los cristianos vivimos rodeados de maldad.  El mundo se ha pervertido de tal manera que en ocasiones podemos llegar a sentirnos que vivimos en Sodoma o Gomorra. ¿Sabían ustedes que el lunes, 23 de septiembre del 2013, en la Casa Blanca se celebró una mesa redonda a puertas cerradas, con miembros de la comunidad bisexual para celebrar el “Día de la Visibilidad Bisexual”? [1]. Yo no estaba ni enterado que tal fecha especial existiera, pero aparentemente existe.

A los políticos no les importa el bienestar del pueblo, ni la verdad de Dios [2], sino que solo buscan promocionar sus agenda, para seguir sacándole hasta el último centavo posible a las personas.  Pero desdichadamente estas acciones reprobadas por Dios no se detienen con solo los que viven en el mundo y los políticos.

Detrás del púlpito también podemos encontrar a supuestos líderes cristianos que no son muy diferentes a los políticos.  Estamos hablando de todos aquellos que usan el púlpito para promover sus propias agendas, y que tergiversan la Palabra de Dios.

Estamos hablando acerca de toda persona que a través de supuestas predicas cristianas y estudios bíblicos, lo único que hacen es confundir y dividir a los fieles creyentes.

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Personas que lo único que causan es desviar a los fieles creyentes de los caminos del Señor, pero todo esto se nos ha advertido con anticipación, y se nos ha llamado a estar atentos para no ser seducidos por las mentiras [3].  Y ahora debemos preguntarnos, ¿por qué suceden estas cosas?

La razón principal por la que vemos estas cosas suceder es porque la vida de muchos cristianos esta en ruinas.  La semana pasada les dije que tenemos que estar preparados, y esta semana les diré como tenemos que prepararnos.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Nehemías 2:11-20Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra. 17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. 19 Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? 20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

Como siempre digo, antes de proceder con el estudio bíblico de hoy debemos hacer una breve pausa para hacer un repaso de historia.  La razón principal por la que me gusta brindarles repasos de historia en las predicas cristianas y estudios bíblicos que les presento es porque estos nos permiten poner en perspectiva lo que leemos.

Los acontecimientos que estamos estudiando hoy tomaron lugar aproximadamente unos 500 años antes de Cristo.  Ahora debemos preguntarnos, ¿quién fue éste hombre llamado Nehemías?  Nehemías fue un hombre común y corriente, pero que tenía una posición única.

Nehemías era el copero del rey Artajerjes, quien era el rey del palacio Pérsico, y a pesar de que Nehemías no ejercía poder, él si ejercía gran influencia ya que el rey dependía y confiaba en él [4].  Esta relación especial entre Nehemías y el rey Pérsico, queda bien reflejada en la conversación que este hombre tuvo con el rey, la cual fue la que nos conduce a estos momentos en la historia que estamos explorando hoy.

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Fíjense bien como sucedió todo para que entiendan bien.  En Nehemías 2:1-2 encontramos que se nos dice: “…Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia. 2me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera…”

Como podemos apreciar, esta breve parte de la historia nos deja ver que entre el rey y Nehemías existía una relación especial, ya que el rey pudo ver que este varón se encontraba triste, y a pesar de que era el rey, y que no tenía por qué importarle en nada lo que le sucedía a su siervo, el rey tomo el tiempo de interesarse por él.

¿Qué fue lo que entristecía a Nehemías? 

Lo que le entristecía es que él sabía que las murallas de protección que rodeaban a Jerusalén continuaban en ruinas, y que el remanente del pueblo que quedaba allí estaba en gran peligro [5].  Estaba en gran peligro porque de la única manera que una ciudad podía ofrecerle cierto nivel de protección sus habitantes, era estar completamente rodeada de fuertes murallas y puertas capaces de detener un ataque.

Pero las murallas de Jerusalén habían sido destruidas por el rey Nabucodonosor en el 586 a.C, y continuaban en ruinas. Manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy.

Lo primero que encontramos aquí es que Nehemías después de llegar a Jerusalén, se tomo tres días para evaluar la situación en la que se encontraba la ciudad y sus habitantes.  Y acto seguido vemos que salió a reconocer la condición física de las murallas de Jerusalén.  ¿Qué encontró este hombre?

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Aquí vemos que se nos dice: “…y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví…”  Dile a la persona que tienes a tu lado, las murallas están en ruina.

Desdichadamente las murallas de protección que rodean la vida de muchos cristianos, se encuentran en la misma condición que las murallas de Jerusalén en ese entonces.  Las fuertes murallas que una vez rodearon a Jerusalén fueron construidas de fuertes piedras, pero estaban destruidas, y esta condición física también puede ser usada para describir la condición espiritual de muchos creyentes.  ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque las murallas que protegen el corazón de los fieles cristianos están construidas con la Palabra de Dios, y cementadas con Sus promesas.  Pero estas murallas, al igual que las murallas de Jerusalén estuvieron, están bajo un ataque constante del enemigo.  Y es por eso que al igual que Nehemías hizo en ese entonces, todos nosotros debemos tomar el tiempo de meditar en la condición espiritual que nos encontramos, e inspeccionar las murallas de protección que nos rodean.

Como les dije la semanas pasada, tenemos que prepararnos, e inspeccionar nuestra condición espiritual y descubrir la parte de nuestra vida que está en ruina, es el paso principal en la preparación.  ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque al reflexionar en tu condición espiritual puede ser que encuentres que tu vida de oración, y meditación en la Palabra de Dios estén destruidas y en ruinas.  Quizás encuentres que a través del tiempo has permitido que tu lealtad, y obediencia a Dios sean destruidos. Quizás encuentres que por agradar al mundo y a aquellos que te rodeen has comprometido tu fe y convicción.