Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Todos aquí, en un momento u otro de nuestra vida, hemos llegado a pensar que Dios es indiferente a lo que nos sucede, o que nos ha abandonado.  En otras palabras, no sentimos la presencia de Dios en nuestra vida.  Esto es especialmente verdad durante esos momentos de angustia o desesperación, que con frecuencia se presentan en la vida cotidiana.

Según los expertos, en ocasiones la mayoría de las personas se sienten ansiosas o deprimidas. Y en casi toda ocasión, la ansiedad produce depresión.  Razones por la que se producen estos estados de ánimo pueden ser la pérdida de un ser querido, ser despedido de un trabajo, tener problemas en el trabajo con compañeros y/o jefes, problemas en el hogar, atravesar por un divorcio, y muchísimas otras situaciones difíciles, que pueden conducir a que una persona se sienta triste, sola, asustada, nerviosa o ansiosa, y estos sentimientos son reacciones normales ante factores estresantes de la vida.

Pero el problema que sucede es que con frecuencia esos momentos difíciles son usados por el diablo para producir un estado de depresión, y la depresión es algo que el demonio usa para atraparnos en prisiones de sufrimiento.

Lo que sucede es que una vez encerrado en una prisión de sufrimiento, la persona tiende a pensar que todas las puertas se les han cerrado, y que ninguna puerta aparenta abrirse.  Y una vez que la persona llega a esta etapa, todo aparenta conspirar en su contra.

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Nada aparenta positivo, sino que todo aparenta estar diseñado para confundir.  Y esto es algo que conduce a que muchos comiencen a desmayar, y hasta retroceder, a pesar de que son fieles creyentes y que han avanzado significativamente en su vida cristiana.

Momentos como estos son los que producen que cuestionemos a Dios y digamos; Dios, ¿por qué me has abandonado?  Pero, ¿abandona Dios al creyente fiel?  La respuesta a esta pregunta en ¡NO! [1]. Pero si Dios no abandona al creyente fiel, ¿Por qué entonces guarda silencio y no responde nuestras suplicas?  Este será el tema que estaremos explorando en la predicación del día de hoy.

Salmo 22:1-2Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué está tan lejos de mi tu salvación, y de las palabras de mi clamor? 2 Dios mío, llamo de día y no me respondes; y de noche y no hay para mi reposo.

Como acostumbro a decir, para obtener un mejor entendimiento de la predicación del día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Según los estudiosos de la biblia, este salmo fue escrito por David, pero la fecha exacta de redacción no es conocida. Cuando tomamos el tiempo de leer el salmo completo, lo que si podemos apreciar es que este salmo es algo bastante triste hasta que llegamos al versículo 21.

Este salmo es muy conocido por sus numerosas citas y alusiones en el Nuevo Testamento [2]. Este Salmo, al igual que el Salmo 69, expresa el sufrimiento de Cristo, muriendo a manos de hombres malvados. Lo último que debemos conocer acerca de los salmos es que ellos reflejan una multitud de estados de ánimo y sentimientos, y es por eso que son relevantes para los lectores de toda época [3]. Manteniendo estas cosas en mente, continuemos ahora con la predicación.

Lo primero que vemos aquí es que David clama en angustia diciendo: “…Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué está tan lejos de mi tu salvación, y de las palabras de mi clamor?..”  Como todos sabemos, la historia de David fue un poco complicada.  David fue escogido por Dios desde temprana edad, y fue ungido como el rey de Israel [4].  Un poco después de esto, David tuvo que atravesar por difíciles pruebas de su fe.

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La primera y más conocida prueba fue cuando él se enfrento a una situación que aparentaba insuperable; aun los más fuertes y valientes en el ejército de Israel huyeron del campo de batalla al confrontar a Goliat, pero David no huyo, sino que se enfrento y derroto al gigante [5].

Pero a pesar de que David le dio frente a la batalla y defendió al Rey, de esta forma asegurando la victoria de Israel sobre los filisteos, desde ese momento en adelante el Rey Saúl lleno de celos le persiguió y buscaba matarle.

La persecución fue tan severa que eventualmente David tuvo que huir de Israel para salvar su vida [6].   Así que con estos detalles históricos podemos decir que en ocasiones el ánimo de este siervo, quien tiene la distinción de ser llamado por Dios como “varón conforme a mi corazón” [7], no siempre fue el mejor.  Al igual que todos nosotros aquí, su ánimo flaqueo.

Pero a pesar de que en ocasiones su vida se empaño de pecado, su fe nunca titubeo, y llego a ser el Rey más grande de Israel. Digo que llego a ser el Rey más grande de Israel porque los estudios bíblicos nos revelan claramente que las personas se referían a Jesucristo como el “Hijo de David” [8].

La vida del rey David estuvo llena de altibajos emocionales, y los estudios bíblicos acerca de los Salmos nos dejan saber que en este punto en la historia, David estaba atravesando por una etapa de su vida en la que seguramente no podía ver la mano de Dios.  Al leer el primer versículo todos podemos apreciar que cuando David lo escribió, él no lograba sentir la presencia de Dios en su vida, y esto fue algo que le causo sufrimiento.

Pensar que Dios no le escuchaba o que era indiferente a lo que le acontecía le aparentaba incompresible, pero la realidad es que en ocasiones no sentir la presencia de Dios no es algo incomprensible. 

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Como les dije al inicio, todos los seres humanos en ocasiones no sentimos la presencia de Dios en nuestra vida, pero esto no es la realidad.  Dios siempre está presente en la vida de todo cristiano fiel, y esto es promesa de Dios [9]. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios esta contigo.

Pero a pesar de que tenemos esta promesa, en ocasiones sentimos Su ausencia, pero esto no es causa de alarma, ya que las predicaciones cristianas y estudios bíblicos acerca de la crucifixión nos enseñan claramente que el mismo Jesús experimentó esa sensación cuando fue crucificado.  Fíjense bien lo que nos dice la biblia en Mateo 27:46 para que entiendan bien lo que les estoy diciendo: “…Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?..”

Pero como todos sabemos Dios Padre nunca abandono a Jesucristo, sino que tuvo que permitir que Él sufriera y muriera por nuestros pecados.  ¿Creen ustedes que Jesucristo no sabía por lo que tendría que atravesar por nosotros?  Claro que si lo sabia; Jesucristo tenía un absoluto conocimiento de lo que acontecería [10], pero en ese momento de gran dolor, su humanidad le hizo experimentar la ausencia de Dios.