Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Toda persona que acepta a Jesucristo como su Rey y Salvador personal, lo ha hecho porque ha sentido una llenura muy especial en su corazón. No creo que exista un cristiano que no haya sentido como el amor y misericordia de Dios lleno ese espacio vacío que existía en su espíritu. ¿Qué hacemos entonces?

Lo primero que hacemos es comenzar a congregarnos en una iglesia, y de esta forma pensamos que estamos siguiendo a Jesucristo. Pero lo que sucede con frecuencia es que ese primer amor y fervor que sentimos, lentamente se va apagando. Ese primer amor y fervor lentamente comienza a desgastarse, hasta que finalmente no sentimos nada. ¿Qué sucede entonces?

Lo que sucede es que venir a la iglesia para alabar y bendecir el nombre de Dios se convierte en algo de rutina, y raramente escuchamos y ponemos en práctica lo que escuchamos a través de las predicas cristianas y estudios bíblicos que se nos presentan. Pero a pesar de esto, continuamos pensado que con asistir a los servicios estamos siguiendo a Cristo, y que le estamos sirviendo. ¿A qué se debe esto?

Lo que sucede es que existen muchos cristianos que no han logrado entender que seguir a Cristo es mucho más que asistir a la iglesia físicamente. Digo esto porque de nada te vale asistir a la iglesia una, dos, o tres veces por semana, si no pones en práctica lo que los estudios bíblicos y predicas cristianas enseñan, y permaneces en obediencia a Dios y Su Palabra. ¿Por qué existen tantos cristianos que no ponen en práctica lo que aprendemos a través de los mensajes bíblicos?

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La razón principal es porque genuinamente seguir a Cristo es algo bien costoso. Quizás muchos de ustedes piensen que este no es el caso, ya que hasta el momento no he escuchado que alguna iglesia cobre una taquilla a la entrada, (con la corrupción ministerial que existe hoy en día no dudo de que pueda suceder), pero les aseguro que seguir a Cristo es algo bien, pero bien costoso. ¿Qué cuesta seguir a Cristo? Este será el tema principal de nuestro estudio bíblico de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Mateo 19:15-22Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Como podemos apreciar, aquí tenemos a una persona con una genuina disposición de aprender. En estos versículos encontramos a este joven, educado, rico, y aparentemente bueno [1], que sentía un vacío en su corazón que necesitaba llenar.

Esto es algo que queda bien declarado en el versículo veinte que nos dice: “…20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?..” Así que aquí vemos que este joven, a pesar de tener todo lo que quizás deseaba o necesitaba, sentía la necesidad de hacer aun más para asegurar su destino final. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque quiero que se fijen muy bien en que él dijo: “…¿qué bien haré?..” Esto es una pregunta sincera y hecha de todo corazón, pero el problema para muchos cristianos comienza exactamente aquí. ¿Por qué digo que el problema comienza aquí?

La razón por la que digo que el problema comienza aquí es porque no existe nada que una persona pueda hacer, para ganarse la vida eterna. Esto es algo que el apóstol Pablo nos enseña claramente en Efesios 2:8-9 cuando leemos: “…Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.…”

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Pero a pesar de que los estudios bíblicos acerca de la gracia nos enseñan claramente que nuestra salvación depende de Jesucristo y la gracia de Dios, existen numerosos cristianos que piensan que con asistir a la iglesia siete días a la semana, diez horas al día, encontraran favor ante los ojos de Dios, y que así ganaran o aseguraran la salvación. En otras palabras, dicen lo mismo que este joven: “..¿qué bien haré?..” Ahora debemos preguntarnos, ¿qué desea el Señor enseñarnos con estos pasajes bíblicos?

La realidad es que estos pasajes bíblicos no son para llamarnos a vender, o a regalar, todo lo que tenemos y quedarnos como mendigos en la calle. De hacer algo similar estarías despreciando las bendiciones que Dios ha derramado en tu vida, ya que por mucho que tú puedas poseer, tú no podrás acabar con la pobreza que existe y siempre ha existido en el mundo [2]. Así que estos versículos no son para llamarnos a ser mendigos, sino que nos enseñan que seguir a Jesucristo es más que simplemente guardar la ley mosaica.

Si hemos realmente aceptado y reconocido a Jesucristo como nuestro Rey y Señor, entonces tenemos que entregarle a Él todo lo que somos. Tenemos que rendirnos mente, cuerpo y alma. Tenemos que permitir que sea Su voluntad y no la nuestra la que dirija nuestra vida en todo momento [3]. ¿Por qué tenemos que permitir que sea la voluntad de Dios la que dirija nuestros pasos en todo momento?

La respuesta es simple, nuestra voluntad esta corrupta por las cosas de este mundo; sin embargo, la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta [4]. Dile al Señor: hágase tu voluntad en mi vida.

En estos versículos encontramos que a pesar de que este joven tenía buenos sentimientos, y que se acerco a Jesús con un corazón sincero y dispuesto, (algo que el Señor reconoció inmediatamente [5]), el joven confiaba más en sus riquezas que en el poder de Dios. En otras palabras, este joven confiaba más en sus habilidades que en la grandeza del Señor. Y esto es algo que continúa siendo muy bien reflejado en la vida de muchos cristianos.

Leamos los últimos versículos que estamos usando en el día de hoy nuevamente, para que entiendan bien el punto que deseo hacer. Cuando el joven le pregunto al Señor qué mas debía hacer, vemos que el Señor le dijo: “…Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones…” Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué le contestó el Señor de esta manera?

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El Señor no le contesto de esta manera para llamarle a ser un mendigo, sino que le estaba llamando a convertirse en uno de sus discípulos. Pero como podemos apreciar, el llamado del Señor fue completamente silenciado por las cosas de este mundo (…tenía muchas posesiones…”)

Este joven no llegó a escuchar, o no le dio la importancia que merecía al llamado de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado; presta atención a lo que Dios te dice.

La realidad es que lo que el Señor pidió de este joven no fue algo que le calificaría para la salvación, sino que fue algo que le dijo para probar lo que él estaba dispuesto a hacer para alcanzarla. Ahora pregunto: ¿qué estás dispuesto a hacer tú?

En este caso vemos que el Señor llamo a este joven a abandonar sus riquezas y posesiones para convertirse en Su discípulo, ¿por qué? Porque como encontramos en la biblia en 1 Timoteo 6:9; “…Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición…” Ahora me detengo aquí para hacer una aclaración.