Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Deseo enfocar la predicación de hoy en algo similar a lo que les predique la semana pasada. Si se acuerdan, la semana pasada nos enfocamos en la obediencia a Dios, y aprendimos como los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que para recibir las bendiciones de Dios, necesitamos ser obedientes. Así que hoy enfocaremos el aspecto de la obediencia que en ocasiones rehusamos reconocer.

Hoy vamos a enfocar nuestra predicación en el sometimiento. Deseo enfocar la predica de hoy en este tema, porque todo cristiano a menudo ha escuchado que tenemos que someternos, pero ¿qué significa esto?

En el tiempo que llevo ministrando, ustedes no se pueden imaginar las veces que muchos cristianos me han dicho que ellos se someten solo a Dios, y que no se someten a ningún hombre. El argumento que muchos usan para justificar lo que en realidad es rebeldía, es que dicen que no se pueden someter al hombre porque el hombre no es perfecto; y ¿saben qué? Los que piensan de esta manera están correctos, pero solo hasta cierto punto.

Los que piensan de esta manera están correctos al decir que el hombre no es perfecto [1]; pero a pesar de que ninguno de nosotros somos perfectos, no someternos a las autoridades que Dios ha establecido es una completa desobediencia a Dios [2]. Claro está en que con esto no estoy diciendo que nos sometamos a supuestos pastores, ministros, evangelistas, y autoridades que actúan de manera opuesta a la Palabra de Dios, o que inventan doctrinas y falsas enseñanzas que nos alejan de Dios. Pero si tenemos que someternos a las autoridades, y como he aludido esto también incluye al sometimiento a los pastores, ministros, y diáconos, porque de no hacer esto, entonces estamos en rebeldía. Procedamos ahora con nuestro estudio bíblico para que entiendan bien lo que les estoy diciendo.

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Mateo 17:24-27 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. 27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.

Como digo con frecuencia, para tener un mejor entendimiento de la predicación de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Nos será necesario tener una idea de las tradiciones y regulaciones que habían sido establecidas por las organizaciones religiosas, y por los gobernadores de ese entonces. Lo primero que vemos aquí es que Jesús y los discípulos habían salido de viaje, y que estaban entrando a Capernamum. Lo que debemos saber es que en ese entonces los colectores de impuestos y tributos, estaban localizados a la entrada de la ciudad. Los tributos que ellos colectaban eran usados para el mantenimiento del Templo, y todo varón judío mayor de veinte años de edad tenía que pagar este tributo, o como otros le dicen, este impuesto ya que esa era la ley [3]. Bueno, hasta aquí el repaso de historia. Manteniendo este breve detalle en mente, continuemos ahora con el estudio bíblico de hoy.

Algo que se hace evidente aquí es que ni los discípulos ni Jesús tenían dinero. Digo que esto es algo que se hace evidente porque como podemos apreciar, los que cobraban el tributo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “..¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?..” Como también podemos apreciar, Pedro fue rápido en contestar esta pregunta, pero la realidad de todo es que él respondió esta pregunta sin realmente pensar en la respuesta, y en la consecuencia de ella. En realidad esto es un problema que afecta a un gran número de cristianos. Digo esto porque en numerosas ocasiones, nosotros respondemos o reaccionamos sin pensar en las consecuencias de nuestras respuestas y acciones.

Es decir, actuamos o reaccionamos automáticamente, y este mismo fue el caso de Pedro en esta situación. Dile a la persona que tienes a tu lado, Pedro reacciono sin pensar. Como podemos apreciar, Pedro contesto automáticamente y siguió caminando. Si él hubiese pensado en lo que en realidad le habían preguntado, Pedro se hubiera dado cuenta de que lo que estaba sucediendo es que Jesucristo y los discípulos estaban siendo acusados de romper la ley. Al responder y actuar sin pensar, Pedro había puesto a Jesucristo y a los discípulos en una posición muy desagradable. Después de todo, ¿qué clase de respeto recibiría el Señor y los discípulos si se corría que ellos rompían las leyes de Dios? Pensemos en esto por un breve instante, y preguntémonos, ¿cómo podemos decirles a otros que servimos a Dios, y que queremos que ellos también le sirvan, cuando nosotros mismos deliberadamente actuamos en contra de lo que Dios ha establecido? Como les dije, al actuar de manera automática, Pedro sin mal intención, había puesto al Señor en una situación bien fea. Pero como podemos apreciar, Jesucristo uso este instante para demostrar su gloria, y Señorío celestial.

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A continuación vemos que: “…Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?..” Para que mejor entiendan la pregunta que el Señor le hizo aquí, pongámosla en términos modernos. Jesús le pregunto: “..¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros?..[4]” ¿Por qué Jesús le pregunto esto? La razón principal es para que Pedro pensara en cómo había actuado. El Señor deseaba que Pedro se diera cuenta de la rebeldía que él había demostrado al solo contestar y seguir caminando. Claro está en que Pedro no estaba completamente equivocado, y esto es algo que se hace evidente en la respuesta de Pedro y en lo que el Señor le dijo a continuación cuando leemos: “…Pedro le contestó: —A los extranjeros. Jesús añadió: —Así pues, los propios súbditos no tienen que pagar nada…”[4]. Como podemos ver, ellos no estaban rompiendo la ley, ya que ellos eran exentos de pagar el tributo. Pero no obstante esto, el Señor nos enseña aquí acerca del sometimiento.

Fíjense bien en lo que aconteció para que entiendan bien. Aquí vemos que el Señor dijo: “…Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti…” Antes de proceder, deseo aclarar el significado de “un estatero”. Según lo que he encontrado, el “estatero” era una moneda griega, (de plata o de oro), que tenía el valor de cuatro dracmas. Y es por eso que el Señor le dijo que con “un estatero” pagara por ellos dos.

Ahora deseo que nos imaginemos esto. Aquí tenemos al Rey de Reyes, y Señor de Señores. Aquí tenemos al dueño de todas las riquezas y de todo el oro, y que se le está pidiendo que pague el tributo. Jesucristo no tenía obligación alguna de pagar este tributo, ya que no solamente no era un extranjero, sino que Él es un Rey, y los estudios bíblicos nos enseñan claramente que según las leyes, los reyes y sus familiares no tenían que pagar estos tributos. Pero no obstante esto, Jesús suplió el tributo por Él y por Pedro en vez de ofenderles. ¿Qué hizo Jesús? Jesucristo se sometió a la voluntad del hombre. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué actuó Jesús de esta manera? La respuesta es fácil, Jesús se sometió y enseño a Pedro a someterse al hombre, porque estos hombres habían sido puestos en posición de autoridad por el Padre. ¿Se pueden imaginar esto? Jesús sometiéndose a la voluntad de hombre. Él Rey de Reyes y Señor de Señores sometido a las leyes del hombre. Aquí existen dos puntos importantes que debemos aprender.