Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

En las últimas dos semanas les he presentados estudios bíblicos bastante fuertes. Fuertes en el sentido que en ellos encontramos la verdad de Dios, y desenmascaramos a cuatro de los espíritus destructores que están tratando de destruir la obra de Dios.

Sé que estos estudios bíblicos no fueron muy bien aceptados por algunos de los que los escucharon o leyeron, pero la verdad de Dios tiene que ser predicada en todo momento. Algo de lo que muchas personas no se han dado cuenta es que la palabra de Dios es poder.

La palabra de Dios es un arma eficaz e indispensable para todo cristiano; es un instrumento no solo capaz de ser usado para defender y atacar, sino que también sirve como un bisturí que Dios usa para cuidadosamente remover lo maligno en nosotros, igual que un cirujano remueve un tumor maligno en una persona [1].

Pero para que la palabra de Dios pueda cumplir con su propósito, existe algo que todos tenemos que hacer.

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¿Qué exactamente tenemos que hacer para que la palabra de Dios cumpla su propósito en nuestra vida? Este será el tema de nuestro estudio bíblico de hoy. Como les dije, los dos últimos estudios bíblicos no fueron muy bien aceptados por muchos, y la razón principal por la que esto sucedió es porque no escucharon.

Todos tenemos la capacidad de oír, pero no todos escuchamos, y para que la palabra de Dios pueda cumplir su propósito no podemos ser simple oidores, sino tenemos que atentamente escuchar y aplicarla a nuestra vida [2]. Así que hoy vamos a preguntarnos: ¿qué bien escuchamos?

Marcos 4:23-25 – Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 24 Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. 25 Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Cuando Jesús estuvo en la tierra muchas veces concluía sus lecciones diciendo “el que tiene oídos para oír, oiga”. Para citar algunos ejemplos, lo dijo con respecto a Juan el bautista [3]; lo dijo al terminar la parábola del sembrador [4]; y lo dijo cuando Jesús explico la parábola de la cizaña [5].

Los estudios bíblicos también nos revelan que Jesús en sus cartas a las siete iglesias de Asia encontradas en el libro de Apocalipsis, también concluye diciendo: “…el que tiene oído oiga…” ¿Qué les quiero decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que en la palabra de Dios, con frecuencia podemos encontrar que el Señor nos llama a prestar atención. Es decir, el Señor nos deja ver que si queremos que la palabra de Dios cumpla su propósito, tenemos que escuchar con atención, porque lo que Dios nos revela a través de los estudios bíblicos y sermones cristianos, es para quirúrgicamente remover la malicia que pueda existir en nosotros.

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Pero que el Señor haya tenido que repetir esas palabras una y otra vez también nos revela, que Él también encaraba el mismo problema que encaramos muchos predicadores en la actualidad. En otras palabras, los predicadores de hoy encontramos que es necesario repetir y repetir los mensajes cristianos, porque muchos no están dispuestos, o simplemente se les olvidan o ignoran, lo que Dios nos revela a través de su palabra.

Existen muchos cristianos que no quieren escuchar, o no escuchan lo suficiente como para entender. Y es exactamente por eso que tenemos que hacernos la pregunta ¿qué tal escuchamos? El asunto es que existen diferentes tipos de oyentes. ¿Qué tipos de oyentes existen?

Número uno, existen los tardos (desanimados) para oír. Fíjense bien en lo que encontramos en Hebreos 5:11 para que entiendan bien lo que les estoy diciendo. La palabra de Dios nos dice: “…Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hechos tardos para oír…”

Este pequeño versículo forma parte de la advertencia contra la apostasía, es decir, apartarse de la verdadera doctrina. Lo que sucede es que cuando una persona sufre de este problema, es decir, la persona es tarda para oír, es muy difícil que alguien le pueda explicar algo. Así que el problema no está en lo que se enseña, ni en el que lo presenta, sino que esta en el oyente. Jesús lo explicó a muchos en su tiempo [6].

La razón por la que existe este tipo de oidor es porque existen muchas personas que están descorazonadas. Existen muchas personas que están faltos de fe, y la falta de fe siempre impide que podamos entender la verdad de Dios encontrada en su palabra. La falta de fe, o la escasez de fe impide que le demos la espalda al pecado para ser sanados por Dios.

Ahora pregunto, ¿Cómo está tu fe? ¿Te puedes identificar con esta descripción de oidor? Si encuentras que tu fe ha sido debilitada, o que no está al nivel que debería estar, entonces no esperes ni un segundo más; comienza a buscar de Dios y pídele que te fortalezca y te ayude a vencer el desánimo. Recordando siempre que el Señor nos dice: “…Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá…” (Mateo 7:8). Dile a la persona que tienes a tu lado: tócale en la puerta a Dios.

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Número dos, existen los que escuchan con oído anheloso. Este tipo de oyente queda bien descrito por el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:3-4 cuando leemos: “…Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas…”

Y si hacen memoria, recordaran que estos versículos fueron la base del estudio bíblico de la semana antes pasada. Ahora preguntémonos. ¿Quiénes son este tipo de oyentes? Estos son aquellos que escogen solamente oír lo que es agradable.

Cuando los estudios bíblicos o sermones cristianos contienen un mensaje fuerte, como los dos últimos que les predique, no entienden, se disgustan, o simplemente escogen no prestar atención alguna. ¿Qué sucede entonces? En la mayoría de los casos, este tipo de oyente abandona la iglesia donde se predica la verdad de Dios, y se va en busca de congregaciones y predicadores que predican solo para atraer público.

En otras palabras, no les importa lo que se predique siempre y cuando sea algo bonito, o como les llama Pablo aquí, fábulas. Desdichadamente existen muchas personas hoy en día que tienen este problema auditorio.