Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Una pregunta que los cristianos se hacen con frecuencia es: “¿qué quiere Dios de mí?” Estoy seguro que la mayoría, sino todos, los que estamos aquí nos hemos hecho esta pregunta de vez en cuando.

La principal razón por la que llegamos a hacernos esta pregunta es porque al cristiano, en muchas ocasiones las cosas se nos hacen bastante difíciles.

Difíciles en el sentido que la mayoría de las personas que nos rodean, ya sean familiares, amistades o compañeros de trabajo, son ateos, agnósticos, idolatras o religiosos. Si pensamos en aquellos que nos rodean, creo que todos llegaremos a la misma conclusión; estamos rodeados por estos tipos de personas.

En otras palabras con frecuencia nosotros nos encontramos en medio de un campo de batalla, aparentemente solos, y completamente rodeados por el enemigo.

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Ahora bien, no me vayan a malinterpretar. Yo no estoy diciendo ni implicando que nuestros familiares y conocidos son nuestros enemigos, pero lo que todos debemos reconocer es que cuando estas personas no son cristianas, es decir, no conocen a Dios, entonces ellos pueden ser fácilmente manipulados por los poderes de las tinieblas, para atacarnos y robarnos la paz que Dios nos ha entregado.

El enemigo los utiliza para intimidarnos y para descorazonarnos. El enemigo los usa para que nos sirvan de piedra de tropiezo, y para tratar de hacernos caer nuevamente en la esclavitud del pecado. Es por eso que quiero enfocar el estudio bíblico de hoy en este tema. Hoy nos preguntaremos: ¿qué quiere Dios de nosotros ante estas situaciones?

Jueces 6:11-16Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

Antes de poder entender bien lo que esta aconteciendo aquí, y para mejor entender el mensaje de Dios para nosotros hoy, será necesario hacer un breve repaso de historia. El libro de Jueces describe un tiempo bien triste en la historia de Israel.

Ellos no tenían un rey y cada uno hacia como le parecía. Cuando leemos el capítulo seis desde el inicio, los estudios bíblicos nos demuestran que ellos habían estado sufriendo por un periodo de siete años en manos de Madián, debido a que ellos se habían apartado de los caminos de Jehová [1].

Aunque Dios había hecho grandes maravillas, aunque Dios les había liberado de la esclavitud de Egipto, ellos le dieron las espaldas a Dios y regresaron a la idolatría. Los estudios bíblicos nos revelan que el sufrimiento que su desobediencia a Dios produjo fue tan grande, que ellos tenían que vivir escondidos.

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Este pueblo vivía en cuevas y cavernas para poder sobrevivir, porque los madianitas les rodeaban y le robaban todo lo que tenían [2]. Estoy seguro que ellos trataron de defenderse, que ellos trataron de esquivar los ataques, pero no pudieron porque el enemigo les superaba en número [3].

¿Le suena conocido esto a alguien aquí? En la vida de todo cristiano fiel también existen numerosos enemigos; existen numerosas cosas que al igual que el pueblo de Israel en ese entonces, nos amedrentan y en la mayoría de los casos, sino en todos, nuestra primera reacción es huir.

En otras palabras, nos escondemos en nuestros pensamientos y opiniones, no le damos frente a la batalla. Todo esto tiene un nombre psicológico; se le llama: “reacción de lucha o huida” (fight or flight reaction). La reacción de lucha o huida es una respuesta fisiológica ante la percepción de daño, ataque o amenaza a la supervivencia. ¿A dónde me dirijo con todo esto?

En el caso de Gedeón, él estaba sacudiendo el trigo en el lagar, en una prensa donde ellos aplastaban las aceitunas para hacer el aceite, algo que no se hacia afuera sino siempre estaba dentro de un edificio. Gedeón estaba escondido porque temía que los madianitas le robasen la bendición que Dios le había entregado, es decir el trigo para nutrir a su familia. Desafortunadamente, esto es algo que muchos cristianos hacemos.

Dios nos bendice con Su palabra, Dios nos bendice con Su unción, Dios nos bendice con la paz, pero por miedo a que las personas nos critiquen, por miedo a que se nos llamen fanáticos o locos, nos escondemos en nuestras creencias, nos escondemos atemorizados de lo que puedan pensar, y no defendemos nuestra posición. Pero, ¿es esto lo que quiere Dios de nosotros? La respuesta es NO.

En ese entonces, lo que el pueblo de Israel necesitaba era un salvador quien los liberará de la opresión que ellos tenían; un líder que les liberará del sufrimiento y esclavitud por la que estaban atravesando, y Dios escogió a Gedeón.

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Ahora reflexionemos un poco en nuestra vida. ¿Qué es lo que más necesitaba la humanidad? Lo que la humanidad más necesitaba era alguien que también le liberara de la opresión, el temor, y la esclavitud al pecado, y Dios envió a Su Hijo Primogénito para que entregárnosla [3].

Pero a menudo fallamos, a menudo nos atemorizamos, y es por eso que en Gálatas 5:1 encontramos que se nos dice:

“…Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud…”

Lo que le sucedió a Gedeón, es algo que yo diría pinta una perfecta imagen de lo que sucede hoy en día con la iglesia cristiana. La mayoría de los cristianos están atemorizados de enfrentarse a la batalla, el pueblo de Dios no esta peleando por el Reino de Dios.

Al igual que en el tiempo de Gedeón, existen numerosos cristianos que se encuentran descorazonados, desilusionados, y/o cansados. Y esto, en la mayoría de las ocasiones causa, que culpemos a Dios por todo lo malo que sucede en nuestra vida, en vez de reconocer nuestras faltas.