Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

La semana pasada basamos nuestro estudio bíblico acerca de lo que Dios quiere de todo cristiano fiel, y la palabra de Dios nos revelo que Él está en busca de cristianos valientes. Dios esta buscando personas dispuestas a pararse firmes en Su palabra, y pelear la buena batalla. Pero para que podamos lograr lo que Dios desea de nosotros, los cristianos, es decir, la iglesia, tiene que tener mucho cuidado en cuanto a la doctrina que sigue.

La razón por la que todo cristiano tiene que examinar cuidadosamente la doctrina que sigue, es porque no todas nos conducen a la presencia de Dios. Y en muchas ocasiones, son casi indistinguibles de la sana doctrina, pero para todo cristiano que tiene buen conocimiento de la palabra de Dios, y que ha prestado atención a los estudios bíblicos, descubrir la mentira se le hace fácil.

Así que hoy deseo enfocar el tema de nuestro estudio bíblico en lo que es la iglesia, y las doctrinas que contaminan o pueden llegar a contaminar la fe de un cristiano.

Pero antes de comenzar a desarrollar nuestro estudio bíblico, deseo que primero sepamos la definición de la palabra “doctrina”, la cual ha causado y continuara causando gran controversia entre los cristianos.

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La palabra doctrina es definida como: “1. Enseñanza que se da para instrucción de alguno. 2. Ciencia o sabiduría. 3. Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo [1].”

Manteniendo esta definición en mente, pasemos ahora a la lectura de la palabra de Dios que emplearemos en esta predicación.

Mateo 16:5-12Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan. 6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos. 7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan. 8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? 9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? 10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? 11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? 12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

Para tener un mejor entendimiento de lo que esta sucediendo aquí, y del mensaje que Dios tiene para Su pueblo hoy, nos hará falta hacer un breve repaso de historia. Como todos sabemos, durante su ministerio Jesús fue retado por los fariseos y saduceos en más de una ocasión.

Los estudios bíblicos nos revelan que Jesucristo fue criticado grandemente porque se sentaba en la misma mesa que los pecadores [2].

Y quiero que notemos que la palabra “pecadores” empleada aquí viene de la palabra griega “hamartōlos” (pronunciada jamar-to-lás), y que su definición incluye no solamente personas completamente dedicadas a pecar, sino que también incluye recaudadores de impuestos y a los no creyentes (religión judía) [3].

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Esto aquí es de suma importancia, ya que Dios envío a su hijo unigénito para rescatar a no solo los judíos, sino a la humanidad [4]. Jesucristo mando a que: “…se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén…” (Lucas 24:47).

Los estudios bíblicos también nos enseñan que Jesucristo fue acusado de romper el día de reposo [5], y en ocasiones quisieron probarle pidiendo que les diera señales. Y son exactamente por estas razones, que en los versículos que estamos usando para la predicación de hoy, vemos que Jesús les advierte a los discípulos que se cuiden de las doctrinas. Hermanos, y la palabra de Dios nos habla hoy a nosotros de la misma manera.

En estos versículos Jesucristo les habla a los cristianos de hoy con la misma sabiduría y advertencia. Como cristianos fieles tenemos que ejercer mucho cuidado en lo que creemos y/o la doctrina que seguimos. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de mirar a nuestro alrededor, no es difícil discernir que vivimos en un mundo pagano.

Vivimos en un mundo que le ha dado las espaldas a Dios para seguir creencias, religiones, y filosofías anti-bíblicas. Y la palabra de Dios es lo único que separa a los cristianos del resto del mundo.

Ahora bien, estoy seguro que muchos ya se deben estar preguntando ¿cómo se aplica esta advertencia a nosotros en el día de hoy? Ya que entre nosotros no existen fariseos ni saduceos, ¿verdad? Pero les digo que todavía existen fariseos y saduceos.

A nuestro alrededor existen tantos fariseos y saduceos, que han causado que desarrollemos “foto queratitis”, o mejor conocida como “ceguera de la nieve”, (snow blindness), que es la inflamación de la córnea transparente, causada por la reflexión de rayos ultra violeta por la nieve, que causa una ceguera temporal.

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La razón por la que existen tantos que pueden ser fácilmente categorizados como fariseos o saduceos, es porque nuestro enemigo no descansa en tratar de separarnos de la presencia de Dios. Quizás algunos estén un poco confusos en cuanto a donde me estoy dirigiendo con todo esto, así que para que quede bien claro todo preguntémonos: ¿qué significa ser un fariseo o saduceo? Analicemos esto más de cerca, para ver si se nos quita la foto queratitis y les podemos ver a nuestro alrededor.

Primero examinemos a los fariseos. Los fariseos creían en un Dios personal, y en las escrituras como la palabra de Dios, pero ellos le añadían a la ley de Moisés, y Jesucristo les condenó por esto [6]. Ellos añadían ritos y regulaciones que imponían restricciones, de esta forma limitando o impidiendo que el pueblo se acercara a Dios.

Fíjense bien como les dijo Jesús: “…Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas…” (Mateo 23:4).

En otras palabras ellos querían que el pueblo hiciera lo que ellos querían, pero ellos no hacían lo que decían. Esto es igual a ese refrán: haz lo que yo te digo, y no lo que yo hago. Este tipo de actitud les condujo a cometer dos grandes errores.