Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Hace un tiempo atrás escuche un chiste que deseo compartir con ustedes. Resulta que un hombre llamado José, quien tenía muy mala memoria, se encontró con su amigo Juan, que hacía mucho tiempo que no veían. José le saludo y le dijo: “¿Juan te acuerdas que mala memoria yo tenía?” Juan le contesto, “si, me acuerdo muy bien.”

“Bueno, dijo José, pues ya no la tengo. Me inscribí en un seminario que me enseño a recordarme de las cosas. Te cuento que fue un seminario estupendo y ahora tengo una tremenda memoria.” Juan le contesto: “fantástico, ¿cómo se llama este seminario?” “Bueno, respondió José, espera un segundo mi esposa fue conmigo, se lo preguntare.”

José se viro y vio a su esposa quien estaba parada bastante cerca hablando con una amiga. Entonces se viro nuevamente a Juan y le pregunto, “¿oye, como se llama esa flor roja que tiene espinas en los tallos?” Juan le contesto, “¿me estas hablando de una rosa?” “Esa misma, gracias” dijo José, entonces se viro y dijo, “Rosa, ¿cómo se llama ese seminario que asistimos?”

Esto esta bien cómico, pero a la misma vez contiene un mensaje poderoso que tenemos que reconocer. Digo esto porque en muchas ocasiones a nosotros se nos olvidan las cosas.

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En muchas ocasiones se nos olvidan por no ocuparnos, pero también se nos olvidan porque no prestamos atención. Les advierto que el mensaje de hoy es bastante fuerte. Pasemos ahora a la lectura de la palabra del día de hoy, cual nos demostrará la importancia del recordar.

Apocalipsis 3:1-6Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. 2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. 3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. 4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. 5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Antes de poder entender el mensaje contenido aquí, será necesario que hagamos un breve repaso de historia. Sardis estaba a unos 80 km. al este de Esmirna y unos 50 km. sudeste de Tiatira. Los estudios bíblicos nos revelan que la antigua ciudad fue conocida por sus frutas y lana, y por su templo de la diosa Cibeles, cuyo culto se parecía a la de Diana de Éfeso [1].

Sardis fue la primera ciudad en esta parte del mundo, que se convirtió al cristianismo debido a las predicas de Juan; y algunos dicen, que fue la primera ciudad que se rebeló contra el cristianismo, y una de las primeras que fue puesta en ruinas [2].

Creo que la razón principal por esto es porque los ciudadanos practicaban la adoración pagana (diosa madre Cibeles), más tenían sus sectas misteriosas, y sociedades religiosas secretas. Y es por eso que vemos que el Señor les hace esta advertencia tan fuerte.

El Señor quería que ellos se recordarán de la palabra del evangelio que les había dado la salvación. Manteniendo este trasfondo histórico en mente, continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy, para descubrir como este mensaje se aplica a los cristianos hoy.

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Quiero que prestemos mucha atención aquí donde el Señor dice: “…Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto…” Estas son palabras que les hablan a los cristianos de hoy con el mismo metal que a los cristianos de antigüedad.

Digo esto porque cuando reflexionamos en lo que hemos leído, no es difícil discernir que al igual que los cristianos en Sardis, todos nosotros tenemos un nombre que nos identifica con la vida eterna. A pesar de que todos aquí tenemos un nombre diferente, todos aquí tenemos un apellido que significa vida. Nuestro apellido es CRISTIANO. Dile a la persona que tienes a tu lado: mi apellido no es González, es CRISTIANO.

Lo más importante a notar aquí es que el Señor les dice: “…Yo conozco tus obras…” Esto aquí es de suma importancia porque aparentemente, a muchos cristianos se les ha olvidado que Dios conoce todo lo que hacemos, y conoce nuestros pensamientos; Dios no puede ser burlado [3].

Tenemos que prestar mucha atención a la advertencia del Señor, porque en muchas ocasiones, nosotros fallamos hacer lo que Dios tiene en mente con nosotros. En muchas ocasiones nosotros dejamos de hacer la voluntad de Dios, y caemos nuevamente en las cosas del mundo; al igual que sucedió en Sardis.

Una de las razones más comunes por lo que esto sucede es porque existen muchos cristianos que son escasos de memoria. Así que hoy debemos reflexionar en nuestra vida, para descubrir si hemos caído, o estamos por caer en el estado que cayó la iglesia en Sardis.

Fijémonos bien en este detalle; el Señor les dijo: “…tienes nombre de que vives, y estás muerto…” ¿Qué significa esto? Lo que el Señor les esta diciendo aquí es que a pesar de que proclamaban ser cristianos, a pesar de que poseían el apellido que significa vida eterna, ellos estaban en muy mal camino. ¿Por qué estaban en muy mal camino?

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La razón principal es porque ellos eran oidores de la palabra, pero no hacedores de ella. Desdichadamente este es un grave problema que aún existe, y que se ve con frecuencia en la iglesia de hoy. Pensemos en esto por un momento y veremos que es verdad.

Los cristianos no estamos llamados a vivir en contiendas, no estamos llamados a criticar, no estamos llamados a causar sufrimiento [4], pero en muchas ocasiones esto mismo es lo que causamos. Los cristianos estamos llamados a perseverar en la santidad [5], pero en muchas ocasiones la santidad escasea en nuestra vida.

Sé que la predicación de hoy esta fuerte; sé que este es un mensaje que nos hará examinarnos a nosotros mismos, y también sé que puede ser que no nos guste lo que encontremos. Pero como personas que llevamos el apellido de salvación, nosotros tenemos que ser obedientes a la palabra de Dios, y quizás más importante que todo, ser hacedores de ella [6].

Continuando con nuestro estudio vemos que el Señor dice: “…Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios…” Aquí encontramos una tremenda advertencia para nosotros hoy.

Digo esto porque si no estamos velando nuestras actitudes, si no estamos velando de la forma que nos comportamos, esto es una señal de que estamos a punto de morir espiritualmente. Y en la gran mayoría de los casos, especialmente cuando somos cabeza de familia, nuestra caída espiritual puede causar que la vida espiritual de aquellos que nos rodean también muera.