La diferencia más grande la encontramos en Juan 3:16-17 cuando leemos:

“…Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él…”

Hermanos, esta es la diferencia más grande que existe entre los ángeles que habitan en el cielo, y nosotros los mensajeros de Dios. Y deseo detenerme aquí por un breve instante, para que entiendan bien lo que les estoy diciendo. Quiero que nos fijemos muy bien en que Dios no envió a Su hijo unigénito para que salvase a Lucifer, el ángel preferido de Dios [5].

Él no mando a su hijo unigénito para que salvase a todos los otros ángeles que fueron destituidos de la presencia de Dios. Dios mando a su hijo unigénito para que muriese por nuestros pecados y pudiéramos recibir la salvación. ¿Qué más podemos pedir?

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Pero lo que sucede con frecuencia es que muchos cristianos no alcanzan ver la gloria de Dios; muchos cristianos no sienten Su poder, majestad, y gloria, porque como les dije al inicio, existen muchos cristianos deshabilitados espiritualmente. La razón o las razones por la que este estado de debilidad o incapacidad espiritual ha ocurrido pueden ser muchas.

Cuando no nos mantenemos fuertes en la palabra de Dios, y perseveramos en conducir una vida en santidad, entonces el diablo se va infiltrando en nuestra vida lentamente, hasta que llega el momento que le cedemos la autoridad a él y a su legiones de demonios. Llega el momento cuando le permitimos que tome potestad en nuestra vida, y nos convenza que no podemos vencer, que no podemos avanzar, que Dios se ha olvidado de nosotros. En otras palabras, llega el momento cuando le permitimos que a través de sus mentiras mate nuestro espíritu, y nos separe de la presencia de Dios.

Estoy seguro que en estos mismos momentos el enemigo está tratando de evitar que escuches este mensaje. Estoy seguro de que muchos aquí están siendo atacados a pensar de que lo que les digo no tiene sentido, y que la fortaleza de un ángel del cielo es mucho superior que la fortaleza de todos nosotros puesta junta.

Claro está en que existe una gran diferencia entre los seres celestiales y nosotros. Claro está en que los seres celestiales poseen una fortaleza como jamás alguno de nosotros hemos visto. Y esto es lo que nuestro enemigo desea que pensemos; nuestro enemigo desea que pensemos que no existe nada que podamos hacer, nuestro enemigo desea convencernos de que no podemos vencerle, pero esto es algo que lo reprendemos en el nombre poderoso de Jesús.

Todos estamos conscientes de que existe una gran diferencia entre los seres celestiales, y nosotros.

Pero todo cristiano fiel, todo cristiano que confía y vive la palabra de Dios, también esta muy consciente de que el Señor nos ha dado la potestad de echarle fuera de nuestra vida. Fíjense bien lo que encontramos en Lucas 10:19 cuando leemos: “…He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará…”

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El Señor nos ha dado la potestad de tener la victoria sobre todas las cosas, nos ha entregado la victoria sobre toda situación, nos ha entregado la victoria sobre toda batalla o ataque que el enemigo pueda montar en contra nuestra.

El enemigo quiere que pensemos que no podemos hacer nada, que no tenemos poder alguno, pero los estudio bíblicos nos enseñan que el Señor nos dice algo muy diferente. Los estudios bíblicos y predicas cristianas basadas en la sana doctrina nos enseñan que en Juan 14:12-13 el Señor nos dice: “…De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…” Dile a la persona que tienes a tu lado: podemos vencer.

Cuando nuestra fe no flaquea, cuando nos paramos firmes en las promesas de nuestro Dios, no existe nada que no podamos hacer en el nombre de nuestro Rey y Salvador. Hermanos, la única diferencia que existe entre los ángeles que habitan el cielo y nosotros los mensajeros de Dios, es que ellos están en el cielo y nosotros todavía no.

Nosotros somos los mensajeros de Dios aquí en la tierra [6], nosotros tenemos el poder que Cristo nos dejo [7]. Es hora de dejar de temblar ante Satanás, y hacer a Satanás temblar ante nosotros. No permitamos que el diablo nos detenga, sino que seamos como el ángel que Dios envió a Betesda. Dile a la persona que tienes a tu lado: es hora de agitar las aguas.

Es hora de dejarle saber al mundo que Cristo y solo Cristo les puede salvar y sanar. En Juan 4:38 encontramos que la palabra de Dios nos dice: “…El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva….” Es hora de permitir que el agua viva fluya de nosotros, y alcance a todos los perdidos, deshabilitados, y muertos en el espíritu.

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Para concluir. Los estudios bíblicos y predicas cristianas basadas en la sana doctrina, claramente nos revelan que Jesucristo nos dejo una misión a nosotros, sus mensajeros. Y es una misión que siempre tenemos que tener muy en mente.

A pesar de lo que el enemigo te trate de convencer, Dios nunca nos ha abandonado o desamparado, todo lo contrario es verdad. Esto es algo que el Señor nos dice bien claro en Juan 14:15-17 cuando leemos: “…Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros…” Dios nos ha dejado al Espíritu Santo para que siempre este con nosotros.

El mundo no alcanza ver las bendiciones de Dios; y desdichadamente existen muchos cristianos que no alcanzan ver las bendiciones de Dios. Existen muchos, incluyendo cristianos, que permiten que las circunstancias de la vida, que permiten que las tribulaciones y las pruebas los derroten; pero como mensajeros de Dios nosotros no podemos desmayar, sino tenemos que perseverar y siempre predicar la palabra de Dios.

Como mensajeros de Dios aquí en la tierra, tenemos que rescatar a toda esa persona que se encuentre débil, a toda esa persona que se encuentre deshabilitada.

Agitemos las aguas, prediquemos la palabra de Dios, y ayudemos a todos esos que en estos momentos no se pueden ayudar. Prediquemos la palabra de Dios, y ayudémosle a llegar a los ríos de agua viva quien es Cristo Jesús.

Les pregunto nuevamente ¿ha visto un ángel aquí hoy? Les digo que solo tenemos que mirar a nuestro alrededor y veremos que en este lugar no hay solo uno, sino numerosos mensajeros de Dios.

[1] Juan 4:14
[2] Blue Letter Bible Lexicon
[3] Mateo 28:19-20
[4] Apocalipsis 2:1-29; 3:1-22
[5] Ezequiel 28:1-19
[6] Mateo 5:14-16
[7] Santiago 4:7

© 2014, Jose R. Hernandez. Todos los derechos reservados. 

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