Existen situaciones por las que tenemos que atravesar que en ocasiones nos dejan sorprendidos, y/o confundidos.

A diario se presentan dificultades o batallas a las cuales no les vemos salida, o podemos imaginarnos la solución, y en toda ocasión decimos, “bueno, ¿y ahora qué?”

¿Se ha hecho alguien esta pregunta alguna vez? Yo les puedo decir con toda honestidad, que yo me he hecho esta pregunta en numerosas ocasiones durante los quince años que llevo ministrando.

Durante el tiempo que llevo ministrando, yo he visto reacciones de personas que son completamente irrazonables. A través de los años, todos los que formamos parte del ministerio, hemos sentido el dolor de ver como muchos se han apartado de la iglesia, sin dar explicación alguna, o ni tan siquiera despedirse.

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También han habido algunos que han abandonado posiciones ministeriales de la misma manera. Y estas acciones en toda ocasión nos ha dejado con esa pregunta, ¿y ahora qué? La razón principal siendo porque los que han abandonado el ministerio han dejado un vacío, ya que han quebrantado el equipo.

Esto es algo que ha sucedido con frecuencia en cuanto al ministerio de alabanzas, pero desdichadamente también ha sucedido en el área ministerial.

No deseo, ni estaré presentándoles una historia de todos los que han abandonado el ministerio, pero solo me basta decir que han existido más de los que deseo contar. ¿Por qué han sucedido estas cosas?

La razón principal por la que estas cosas han sucedido, es porque muchos no estaban firmes en la palabra de Dios; es decir no habían hecho un compromiso genuino con Dios, sino más bien estaban tratando de cumplir un compromiso con el hombre, en este caso el ministerio.

También han existido algunos que teniendo buen conocimiento de la palabra de Dios, han elegido invalidar la ley de Dios, para seguir doctrinas de hombres. E ignorar la ley de Dios para seguir doctrinas de hombre, es algo que el Señor reprende fuertemente [1].

Así que vamos a enfocar la predicación de hoy, en lo que los cristianos tenemos que hacer al vernos confrontado con esa pregunta ¿y ahora qué? Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Josué 1:1-6Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. 4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. 5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 6 Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del estudio bíblico que estaremos desarrollando en el día de hoy, nos será necesario hacer un pequeño repaso de historia.

Los estudios bíblicos nos revelan, que en este punto de la historia el pueblo de Israel estaba a punto de entrar en la Tierra Prometida.

Pero Moisés, quien les había guiado por el desierto por 40 años, había muerto y no entraría a la Tierra Prometida. ¿Por qué no pudo Moisés entrar en la Tierra Prometida? Moisés no pudo pisar la Tierra Prometida porque su pecado lo detuvo [2].

Ahora bien, esto no quiere decir que Moisés no había sido un hombre recto y justo ante los ojos de Dios, él lo fue [3]. Pero al igual que todos nosotros, Moisés no era un hombre perfecto.

Estoy seguro que la muerte de Moisés dejó a muchos, si no a todos en el pueblo de Israel haciéndose esa pregunta, ¿y ahora qué? Después de todo, Moisés les había guiado por 40 años; él les había ministrado por 40 años; Moisés les había pastoreado a través de toda una generación, pero ahora él ya no estaba entre ellos.

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Esto es algo que fue duro para ellos, estoy seguro que causó que ellos sintieran un vacío, y que fue algo difícil de entender, pero Dios no los iba a desamparar, Dios levantaría a un nuevo líder quien les guiaría el resto del camino.

A la pregunta de ¿y ahora qué?, Dios le respondió diciendo: “...Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel…”

Este versículo aquí es de suma importancia para todos nosotros, les digo esto porque aquí encontramos un gran mensaje. Aquí encontramos que Dios le habla a Josué, y nos habla a nosotros en el día de hoy, diciéndonos que no nos detengamos en el pasado.

Dios nos dice que es hora de concentrarse en el futuro. Dios nos dice no mires hacia atrás, y procede al lugar que he elegido para ustedes.

Muchos cristianos no alcanzan ver las bendiciones, no alcanzan vivir de la manera que Dios quiere que vivamos, no alcanzan vivir vidas victoriosas porque no pueden dejar el pasado en su lugar.

Muchos cristianos permiten que el enemigo tome potestad en sus vidas con acusaciones de quien una vez fueron, y con mentiras maquinadas con el propósito de que no agrademos a Dios.