Deseo dirigir la predicación de hoy a toda cabeza de familia. Deseo enfocarme en los lideres de familias porque la familia, lentamente y de manera segura, esta siendo destruida por el maligno.

Hoy no les estaré presentado estadísticas acerca de divorcios, madres solteras, embarazos premaritales o cosas semejantes; creo que con solo abrir nuestros ojos a lo que sucede a nuestro alrededor, todos aquí podemos fácilmente discernir que lo que brevemente mencione abunda en nuestra sociedad.

Estoy seguro que cada uno de nosotros conocemos por lo menos a una persona que cae en una de las descripciones que les menciones, o que esta atravesando por ella.

Como he repetido en otras predicaciones los impulsos de la carne son fuertes, y como todos nosotros bien sabemos, la carne es débil [1]. La realidad es que nuestra pelea no es solamente contra los poderes de las tinieblas, sino que también peleamos en contra de los deseos engañosos de la carne, y es por eso que la palabra de Dios nos enseña claramente que tenemos que despojarnos de ellos [2].

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La palabra de Dios nos llama a renovar nuestra mente, y esto es algo que solo podemos lograr cuando nos concentramos y fijamos nuestra mirada en Cristo Jesús. Y como todos sabemos, esto es algo que en ocasiones se nos dificulta, ya que como les dije y he recalcado en numerosas predicaciones y estudios bíblicos, la carne es débil.

Si se acuerdan, el tema principal de la última predicación del 2014 fue de acercarnos más a Dios. Fue acerca de tomar resoluciones de fin de año que podemos fácilmente cumplir; ¿cuántos tomaron por lo menos una de las resoluciones que les propuse? ¡Gloria a Dios!

Pero para poder cumplir las resoluciones que hemos tomado existe algo muy importante que debemos hacer, y que tenemos que poseer, especialmente los que sirven como cabeza de familia.

Continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy para descubrir lo que todo cristiano fiel tiene que hacer, y poseer, para no solamente poder cumplir con las resoluciones de fin de año que hemos tomado, sino también para recibir las ricas y abundantes bendiciones que Dios tiene para Su pueblo.

1 Reyes 3:7-9Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. 8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. 9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Los versículos que estamos examinando en el día de hoy narran la oración que Salomón levantó a Dios cuando ascendió al trono de Israel. Ahora detengámonos aquí por un breve momento para conocer a Salomón un poco mejor.

A pesar de que los estudios bíblicos no nos revelan con exactitud la edad de Salomón cuando asumió el trono, los rabinos han concluido que solamente tenía doce años de edad [3]. Y esto es algo que queda bien respaldado por la propia declaración que hizo Salomón al decir: “…yo soy joven…” ¿Por qué digo que esto respalda la conclusión tomada por los rabinos?

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La razón por la que digo esto es porque la palabra “joven” usada aquí, es una traducción de la palabra hebrea “נַעַר” (pronunciación: néh-ear), definida como “niño” [4]. Y esto es algo que también queda reafirmado en otras traducciones de la Biblia [5], las cuales no traducen la palabra hebrea como “joven”, la cual puede ser fácilmente intercambiada por la palabra “adolescente”, sino que usan la palabra “niño”. Como podemos apreciar, solo una palabra hace gran distinción en cuanto a la edad, inmadurez, e inexperiencia.

También tenemos el hecho de que Salomón dijo: “…y no sé cómo entrar ni salir…” En otras palabras, Salomón reconoció que él no sabía ni cómo comportarse como hombre. ¿Por qué les he dicho estas cosas?

La razón principal es porque deseo que todos estemos conscientes del hecho que Salomón recibió y acepto una gran responsabilidad cuando decidió seguir a Dios, a pesar de que aún era un niño inmaduro, sin experiencia de la vida, y que aún no había comenzado a comportarse como un hombre. La realidad es que existe un buen paralelo entre muchos cristianos, y la vida de Salomón en este punto en la historia. Manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy.

Continuando con la predicación vemos que Salomón dijo: “…Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud…”

Y quizás al leer estos versículos algunos se pregunten: ¿qué tiene que ver esto conmigo? O quizás, ¿cómo se aplica esto a mi vida, yo no gobierno a un pueblo grande? Pero la realidad es que a pesar de que no seamos reyes o gobernadores, como cristianos fieles, al igual que Salomón fuimos escogidos y adquiridos por Dios con un gran propósito [6].

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Salomón fue llamado a ser el rey de Israel, y los cristianos fieles, especialmente los cabeza de familia, somos llamados a ser los gobernadores, y el ejemplo a seguir en nuestra familia.

Pero lo que sucede con frecuencia es que al igual que cuando Salomón asumió el reinado, existe un buen número de cristianos inmaduros e inexpertos, y como he mencionado en otras predicaciones y estudios bíblicos, esto es algo que todo cristiano fiel tiene que superar [7].

Como verdaderos seguidores de Cristo, no podemos permitir que nada impida o detenga nuestro crecimiento y madurez espiritual, ya que la madurez espiritual produce fortaleza. Y en este caso no les estoy hablando acerca de la fortaleza física, sino les estoy hablado de la fortaleza espiritual. La realidad es que existe una gran diferencia entre la fortaleza física y la fortaleza espiritual.

Toda persona aquí, si se entrena debidamente, tiene el potencial de ser físicamente fuerte, pero esto no necesariamente implica que fortaleza sea espiritualmente. Para lograr ser espiritualmente fuerte, y madurar espiritualmente, tenemos que entrenarnos a través de la oración, y estudio de la palabra de Dios.

Y es exactamente por eso que la palabra de Dios nos dice claramente que no podemos dejar de congregarnos, ya que cuando nos congregamos no solamente recibimos palabra de Dios, sino que somos fortalecidos a través de ella. Y cuando alcanzamos, o perseveramos en alcanzar el crecimiento y madurez espiritual, entonces podemos fácilmente combatir los ataques del enemigo, y más importante de todo, vencerlos.

Cuando logramos o perseveramos en alcanzar el crecimiento y madurez espiritual, entonces no solamente podemos vencer los ataques del enemigo, sino que también podemos ayudar a las personas que nos rodean a vencer [8]. En otras palabras, no solamente seremos bendecidos por Dios, sino que podemos bendecir a otros.

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