Yo diría que uno de los mayores defectos de un gran número de cristianos, es que no saben reconocer las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo. Y es exactamente debido a esto que existen muchos que piensan que Dios no les bendice, o que tiene bendición alguna para ellos.

Una de las razones, y me atrevo a decir que es la principal, por la que tantos piensan que Dios no les bendice es porque piensan que la bendición tiene que ser material o física.

Sin embargo, cuando investigamos un poco el tema y hacemos estudios bíblicos, pronto encontramos que las bendiciones espirituales son superiores a lo material o físico. ¿Por qué digo esto?

La razón por la que les digo que las bendiciones espirituales son superiores a lo material o físico, es porque las bendiciones espirituales son permanentes; las bendiciones espirituales no solamente las podemos recibir y experimentar aquí en la tierra, sino que también las podemos disfrutar en el cielo [1].

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Las bendiciones espirituales son para los que realmente aman y siguen a Cristo [2], y permiten ser guiados por el Espíritu Santo. Las bendiciones espirituales son superiores a lo material o físico porque, lo material o físico se puede perder en un abrir y cerrar de ojos; sin embargo, las bendiciones espirituales no se pueden perder o ser arrebatadas de nuestras manos.

Las bendiciones espirituales son las que nos traen paz en medio del caos, y fortalecen nuestra fe [3]. El Espíritu Santo que ahora mora en nosotros, es quien nos fortalece e insta a perseverar y a conquistar todo obstáculo.

No obstante todo esto, todavía existen muchos que piensan que no reciben bendiciones. Así que en la predicación de hoy les expondré una bendición que muchos no han reconocido, o que quizás han menospreciado.

En la predicación de hoy vamos a ver la bendición que todo cristiano fiel recibe, y mientras viva en este mundo, continuará recibiendo. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Mateo 5:11-12 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Estoy seguro que todos aquí reconocen esta porción de la palabra de Dios, como una de las bienaventuranzas, que el Señor predico en el Sermón del Monte [4]. Pero lo que sucede con frecuencia es que muchos no se han dado cuenta que aparte de la salvación, esta es una de las bendiciones más importantes que podemos recibir.

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Como les dije hace un momento, las bendiciones celestiales y espirituales son superiores a cualquier bendición física o material. Es exactamente por esto que he predicado acerca de este tema en más de una ocasión, y estoy seguro que numerosos predicadores y/o pastores, han presentado estudios bíblicos y predicas cristianas a su congregación referente a este mismo tema. Sin embargo, aún existen numerosos creyentes que no permanecen conscientes de esto, sino más bien que piensan que las bendiciones son manifiestas de forma material o física, dependiendo de la necesidad del individuo.

Ahora bien, me detengo aquí para hacer una aclaración. Con lo que les estoy diciendo yo no estoy declarando o implicando, que Dios no nos bendiga materialmente. Dios es soberano, y no existe nadie ni nada que pueda imponerle límites o regulaciones [5]. ¿Qué les estoy diciendo con todo esto?

Lo que les quiero decir es que no existe nada mal en orar al Señor, pidiéndole Su ayuda en cuanto a nuestra prosperidad económica o el bienestar de nuestra familia, etc. Pero al hacer esto, debemos tener mucho cuidado de no acercarnos a Dios con un corazón avaricioso [6], exigiendo cosas que pensamos que tenemos el derecho a recibir.

En otras palabras, tenemos que asegurarnos que lo que pidamos sea según la voluntad de Dios y no la nuestra [7]. Esto es esencial en toda oración que hacemos, y el Señor lo declara claramente cuando estaba enseñándole a los discípulos como orar, cuando dijo: “…Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…” [8].

Y me detengo aquí por un breve momento, porque quiero que noten que dije que el Señor les estaba dando un ejemplo de cómo orar, y no una oración especifica que tenían que repetir una y otra vez, ya que si hubiese dicho esto se estaría contradiciendo [9].

Así que si seguimos el patrón que Jesucristo nos dejó acerca de la oración, pedir la voluntad de Dios en nuestra vida es esencial para ser escuchados, y nos asegura que no estamos exigiendo de Dios lo que pensamos que tenemos el derecho a recibir, sino que le pedimos que sea su voluntad, la cual es agradable y perfecta [10]. Dile a la persona que tienes a tu lado: busquemos la voluntad de Dios.

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En muchas ocasiones, como seres humanos al fin, todos llegamos a desanimarnos o desalentarnos, debido a circunstancias o condiciones que se presentan en nuestra vida. En muchas ocasiones llegamos a pensar que estamos solos, que Dios nos ha abandonado, que a Dios no le importa en lo mínimo lo que nos sucede, pero nada de esto es verdad.

Dios no se aleja del cristiano fiel, y nos protege en todo momento; sin embargo, esto no quiere decir que no permitirá que a nosotros lleguen tentaciones y ataques del enemigo. Para que entiendan bien lo que les estoy diciendo pasemos ahora a la palabra de Dios en Lucas 22:31 donde leemos: “…Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo…”

Este versículo aquí forma parte de cuando Jesús anuncia que Pedro le negaría, y deseo que noten algo aquí de suma importancia. Deseo que noten que Jesús les dijo “…Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo…” En otras palabras, Satanás le pidió permiso a Dios para tentarles, sacudirlos, desanimarles y desalentarles, debido a lo que estaba por pronto acontecer, el aprisionamiento de Cristo y su eventual crucifixión.

Todos tendremos que atravesar por tribulaciones; todos tendremos que atravesar por pruebas de nuestra fe, pero las tribulaciones cumplen un propósito; las tribulaciones fortalecen y refinan nuestra fe [11]. Pero como les dije, Dios no abandona a un cristiano fiel.

Fíjense bien lo que dice Lucas 22:32 para que entiendan bien lo que les digo, aquí leemos: “…pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte…” ¿No es esto una gran bendición? Jesús rogo para que la fe de Pedro no fallara, pero como todos sabemos, el miedo causo que a él le fallara la fe en un momento determinado, y negó conocer al Señor [12].

Pero esto no quiere decir que el apóstol se había apartado del Señor para siempre, sino que es un ejemplo de cuán fácil podemos deslizar, y/o caer en un momento determinado, ya que una vez que Pedro recapacito de su error continúo con la obra que Jesús les había encomendado [13]. Y hermanos cumplir con la misión que Dios nos ha encomendado no es solo un gran privilegio, sino que es una tremenda bendición. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque en la palabra de Dios encontramos que nos dice que: “…hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente…” (Lucas 15:10). Así que cuando cumplimos con lo que Dios nos ha encomendado, y un pecador se arrepiente logramos que nuestro Padre celestial se deleite.