No hay que ser un experto o gran teólogo para darse cuenta, que los ataques de Satanás contra la humanidad, se intensifican con cada día que pasa. Y fíjense bien que dije contra la humanidad, y no tan solo los cristianos. El dios de este mundo ha cegado a la humanidad para que no se den cuenta, o no puedan ver la majestad, poder, y misericordia de Dios [1].

A través de religiones, filosofías, y política, Satanás esta logrando que la humanidad en vez de estar en camino al cielo, este en un autopista directamente al infierno. Y la razón por la que digo esto es porque la mayoría de las personas en este mundo, o no conocen a Dios el padre, y a Cristo, o rehúsan creer en Él.

En otras palabras, la mayoría de la humanidad escoge transitar por el camino que Satanás ha construido, en vez de escoger el camino que Dios nos ha revelado [2].

Con cada día que pasa, la oposición a la palabra de Dios se convierte más densa. Como he venido predicando, podemos hablar de las cosas más asquerosas y pervertidas, pero como hablemos en oposición y mencionemos a Jesucristo, te comen vivo.

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Cuando hablamos de Dios, y del evangelio de Jesucristo aun nuestras mejores amistades, y en algunos casos, nuestra propia familia, dejan de vernos por quienes somos, y nos ven como fanáticos religiosos. Y este tipo de rechazo por la sociedad y por nuestra propia familia, en ocasiones puede hacernos dudar, que no es más que una tentación del diablo para tratar de hacernos huir del campo de batalla, y apartarnos de Dios.

Y es exactamente por esta razón que en más de una predicación o estudio bíblico, yo les he llamado a estar preparados en todo momento. Como cristianos fieles tenemos que no dejarnos sorprender por los tropiezos que el enemigo pone en nuestro camino, sino que tenemos que estar listos para vencerlos, y confiar que Dios nos ayudara [4].

Ahora debemos preguntarnos, ¿qué podemos hacer para siempre estar listos y vencer? Este será el tema de la predicación de hoy. Hoy vamos a ver qué bendición nos brinda Dios para que podamos no solamente vencer los ataques del enemigo en nuestra vida, sino que también podamos ayudar a otros a aliviar el sufrimiento humano, y predicarles el evangelio de Jesucristo para que ellos también se rindan a los pies de Dios.

Deuteronomio 4:24Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.

Ahora bien, como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, será necesario hacer un breve repaso de historia. Este pequeño, pero poderoso versículo, forma parte de cuando Moisés exhorto al pueblo de Dios a la obediencia, y les advirtió contra la idolatría.

La razón principal por la que Moisés tuvo que recordarle estas cosas, es porque como todos nosotros sabemos, a través de la jornada por el desierto, este pueblo desobedeció a Dios, y es por eso que una jornada que debió tomar solo unos días, le tomo cuarenta años [5].

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Algo importante también a notar, es que ninguno de los que salieron de la esclavitud de Egipto, logró entrar en la Tierra prometida debido a la desobediencia, incluyendo al mismo Moisés [6]. Mantenido estos breves detalles históricos en mente, ahora debemos preguntarnos. ¿Por qué sucedió esto?

Yo diría que la razón principal por la que esto sucedió fue porque en un momento determinado, tanto Moisés como el pueblo de ese entonces, permitió que las circunstancias y situaciones que le rodeaban le frustraran, o molestaran de tal manera, que llegaron a dudar de Dios. Y esto es algo que continúa sucediendo en la vida de muchos cristianos. En determinadas circunstancias o situaciones, se nos olvida que Jehová es fuego consumidor.

¿Cómo podemos obtener el fuego de la presencia de Dios en nuestra vida, para evitar que lo que le sucedió al pueblo de ese entonces no nos suceda a nosotros?

Bueno, obtener el fuego de Dios en nuestra vida no es algo que podemos lograr fácilmente; la razón por la que digo esto es porque el fuego de Dios en nuestra vida trae consigo juicio. En otras palabras, la convicción de error y pecado que el Espíritu Santo nos da.

Fíjense bien como esto es algo que queda bien ilustrado en las palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 3:13 cuando leemos: “…la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará…”

Pero desdichadamente, en determinadas ocasiones, muchos de nosotros no estamos dispuestos a aceptar la convicción que el fuego de Dios produce en nuestra vida. No creo que exista un cristiano que no desee sentir el fuego de Dios, pero lo que sucede es que muy pocos están dispuestos a pagar el precio. ¿De qué precio les hablo?

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El fuego de Dios no puede ser comprado [7], así que el precio no es una cifra de dinero, sino que es de la manera que vivimos y nos comportamos. El precio del fuego de Dios es vivir en santidad [8].

La palabra de Dios llama a todo cristiano a una renovación completa, nos llama a cambiar nuestra manera de ser, pensar, y actuar [9]; pero desdichadamente esto no es algo que se logra de repente y fácilmente, sino que toma tiempo y perseverancia.

Todos aquí somos tentados, todos aquí atravesamos por diferentes circunstancias que nos pueden debilitar, que pueden causar que dudemos, pero nunca nos olvidemos que cuando perseveramos en conducir una vida que agrada a Dios, Él siempre esta presente, y que su fuego consumidor es capaz de consumir todo aquello que te sirve de piedra de tropiezo. Dile a la persona que tienes a tu lado: el fuego de Dios te purifica.

Ahora preguntémonos, ¿qué causa que muchos no reciban el fuego de Dios? Una de las mayores cosas que evitan que muchos reciban el fuego de Dios es nuestra propia opinión, y/o sabiduría. Digo esto porque la realidad es que todo ser humano, tiene una opinión de cómo las cosas deben ser, o como las cosas tienen que suceder, pero la realidad de todo es que en cuanto a lo que Dios concierne, nuestra opinión no vale nada.

Si una cosa hemos aprendido a través de estudios bíblicos es que Dios no nos ha llamado a opinar, Dios nos ha llamado a obedecer [10].

Y la importancia de la obediencia a Dios es algo que se manifiesta a través de la palabra de Dios en todo momento [11]. Así que para recibir el fuego de Dios tenemos que deshacernos de nuestras opiniones, y ser obedientes.